Introducción

Se me quebranta el español y me da cierto miedo. Quizás miedo a que mi lenguaje sea tan interrumpido como mis lugares, que me pueblan con tanta intensidad. No sé lo que es dolor de la ausencia, ni de un desamor: primero porque nunca sé si estoy presente, segundo porque siempre pienso que estoy prestada. Pero siempre me arropa el tejido de los lugares que habito (por días, semanas, años) y a mi partida, su nervura resiste la distancia. Ésa es, tantas veces, la piel que me duele. Un dolorcito tierno, murmurante, de polvorín de todos los días; de bolsas y esquinas que nadie te puede recordar. Cada nuevo lugar, una nueva lección de anatomía: una nueva acrobacia de despegue y, seguro, el descubrimiento agudo de nuevas fisiologías de partida. No sé si en tanto tiempo ellos me habitan a mí o yo he aprendido a habitar en ellos. Pero de algún modo sobrevivimos la partida y engatusamos la distancia. Sin plan ni estrategia ellos aprenden a contenerse unos en otros. Aprenden a mirarse unos a otros como los he mirado yo. Sin confundirse, sin desvalijarse mutuamente. Así se me aparecen todos los días, si los espero y si no. Y hablan en muchos idiomas y se comentan y me comentan; y me agotan la lengua y me la renuevan. Para obligarme a aprender a hablar cada vez. Pero también desde que viajo pienso mucho más que con palabras. O quizás es que he aprendido a negociar mejor –venta, canje o gratuidad– con lo que me sobra. Todavía le tengo miedo a esta colección de lugares, recuperados y reaparecidos, tan vívidos como siempre. Su orden: como vienen; el que puedo en este archivo personal atravesado. El orden en que me visitan, ahora que tengo nuevamente que pensar en partir. Se los traigo comoquiera. Quizás porque yo, otra vez tan cerca del despegue, lo necesito para la composición de una nueva acrobacia. Para desenredarme nuevamente sin quebrarme. Por amor a mis amores; y por lo que todavía puedo canjear.

2 pensamientos sobre “Introducción”

  1. Es terrible sentirse desterritorializado, delinguistizado, presente y ausente…la vida toma dimensiones Nietszcheanas…te pierdes…aunque en tu cabeza, en el fondo sientas que hay una suerte de lazo extraño que lo une todo…no sé pero comparto tus desvarios… Hasta el 21 de junio en Amterdam Centraal. Kus mijn vrienden!

  2. Mayra, los que dicen que no se puede escribir un buena novela hasta pasados los 50, no han tenido el privilegio mágico que he tenido yo de conocerte. qué gusto leerte después de tanto tiempo, te admiro y te tengo envidia (de la inofensiva; de la que es sólo admiración con rabia) un abrazo!

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