impaciente

recuerdo en la espera…
las arrugas en la frente duelen
cuando se convierten en superlativos huecos.

me retuerzo en el desliz de la lengua,
no queda más remedio que ver como
maduran las piezas en su lugar indicado
mientras consume la piel una dejadez glauca.
me deshojo a son de cebolla
en una función masoquista del tiempo.
me sumerjo hondo en una sopa de nigromancia,
y la presión dobla,
aprieta,
implota,
revierte tripas…

esta vez,
encuentro demasiado tiempo
en el intersticio de indolencias de jade
y floto ahogado,
henchido del vaho esmeralda
de un pantano de recuerdos.

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