If I Could Turn Back Time

Hay momentos en los que quisiera darle backspace a las experiencias vividas, pero no es posible. Tantas cosas que ya no vuelven. Qué bueno, por algunas de ellas. Sin embargo, hay muchas otras que quisiera rescatar y darle repeat una y otra y otra vez. El caso es que no hay un regreso, aunque, por micro momentos, algún mínimo suceso, como el sabor de un chicle o tu canción ochentosa favorita, te devuelvan ese recuerdo que en algún momento dejaste olvidado en el Recycle Bin de tu cerebro.

Hace unos cuantos días estaba con una amiga en Hard Rock Café. Sí, lo sé… pero a mi edad, ese sitio está in. Nada, el caso es que fuimos a ver un tributo a The Doors, que, por cierto, estuvo bien bueno. Antes de que la banda comenzara con su repertorio, en los monitores cercanos a la barra del segundo piso mostraban vídeos de las canciones ochentosas que se oían por todo el local. Yo estaba emocionada, como cuando te llevan a conocer a Mickey a los cinco años. Ahí estaba yo, ignorando completamente a mi amiga, lela en la pantalla que presentó a Joan Jett, Poison, Guns n’ Roses… You name it. Mas no fueron esos vídeos tan importantes para mí como el último que presentaron antes de que la banda hiciera lo suyo. De repente, una melodía familiar. No lo podía creer, ahí estaba Alice Cooper cantando “Poison”, con sus pantalones tubeados, el pelo con un teasing extravagante, y ni hablar del acostumbrado liner negro. Me llevó a la sala de mi casa. Mi hermano de unos quince años y melena, tirado sin camisa en el sofá, mientras yo, diez años menor e igual de ensimismada que en la barra, estaba frente al televisor, en panties y con el usual algarete-look en el pelo, bailando como las locas, imitando a aquel tipo del vídeo. Cuando se acabó, regresé a la barra; ni el bartender podía entender lo emocionada que estaba. Aquellos eran tiempos, al menos para mí. Veíamos vídeos y escuchábamos música casi todo el día. No existía para mí ningún problema; dormía tranquila, y, sobre todo, era feliz. Ese día en Hard Rock fui feliz por unos minutos. Si estuviera en mis manos ir atrás y conservarlo, créanme, lo haría. Por otro lado, la vida continúa, el tiempo pasa y seguramente me esperan momentos felices por descubrir, para que en algún otro momento de mi vida algún mínimo suceso como el sabor de un chicle o mi canción ochentosa favorita me los traigan de vuelta.

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