Ídem

Después de una búsqueda larga, casi infructuosa, de ir por donde yo decía y no decía, de meternos por la calle que era, regresar, pensando que no era, meternos por la que no era, regresar al darnos cuenta del error, jurar mil veces que era por aquí, recorrer un laberinto de esculturas elaboradas y mansiones familiares póstumas, la vimos. Entonces la encontramos como quien encuentra el pasaporte perdido una hora antes del vuelo; no podría volver si tuviera que hacerlo.

Había una botella de vino vacía dentro de un hueco destinado para sembrar flores, unas colillas de cigarro, cartas tardías, chapas de cerveza. Ostentaba su propia escultura. Era un duplex, dos apartamentos de paredes compartidas, un exilio matrimonial al cuarto de al lado. El mejor alivio al cáncer.

–¿Quieres sacarte una foto?

–Hello, no.

Saqué mi cámara de todos modos; él también. Tomé una, cuatro fotos. Él sacó una y se apartó. Yo quería sentarme, charlar, hacer una visita sin café.

–¿No quieres quedarte?

–¿Para qué? Ya la vimos. Va a llover.

Él se mantenía algo apartado, miraba al cielo, a las nubes incipientes. Vacilé, fingí el silencio del respeto. Estaba lloviznando lluvia fría. Él anunció que quería irse. Tomadas las fotos, no pude justificar más mi asiento de primera fila. Decir “me quedaría”, decir “quiero quedarme” hubiera sido morboso, lo reconozco. Arrastramos nuestros estómagos vacíos por el frío. No hablamos mucho en el camino.

Manzana

Después de repasar los recuerdos infructuosamente, entramos a la oficina y preguntamos la localización. No sabíamos el número, pero lo encontraron por el nombre y el año. Fuimos en carro; no hubiéramos podido recorrer la distancia de otra manera. Era una planicie que se extendía más allá de la vista; podría jurar que el horizonte se encorvaba como el mar cuando cede a la redondez de la Tierra. No había ninguna estructura que se destacara verticalmente. Era de las últimas en una sección reciente que se veía desolada a la intemperie.

Era una loseta prudente sobre la hierba. Había un florerillo con flores semifrescas. Un nombre y unas fechas, no más. El logo de los Yankees de Nueva York en una esquina. Un espacio tan pequeño que la única forma de caber es de pie. Un lugar y entorno algo patéticos. Al menos, un alivio al cáncer.

–Do you mind if I take a picture?

Sus ojos recorrieron la trayectoria de una mariposa invisible, como diciendo “qué caso”.

–That’s what Grandma does.

–But do you think it’s that gross? You know, I can’t come everytime…

–Do whatever you have to do.

Tomé una foto rápida. Guardé la cámara. Él se mantenía apartado, mirando a los alrededores. Supe que se sentía algo inadecuado, compartiendo el momento conmigo, compartiendo la impaciencia con una casi desconocida, improvisando el hermanazgo. Fingí el silencio del respeto. A falta de algo más que hacer, le anuncié que podíamos irnos después de unos minutos grávidos. Le agradecí el viaje. No hablamos mucho en el camino de vuelta.

6 pensamientos sobre “Ídem”

  1. batteria hace de nuevo gala de su coco con los espacios habitables e inhabitados y el juego de los dobles contradictorios. sus personajes siempre solos, retraídos, incapaces de comunicar lo que piensan sin parecer ridículos. la calle, suprema inspiración de batteria, aquí entra a los interiores vacíos y los encuentros humanos anuncian pero no logran los rellenos supuestamente necesarios. tanta soledad y tantas ganas de guardar recuerdos en imágenes fotográficas que no tienen motivo aparente pero que ahí están, como hobbys nerdos para matar el tedio y el absurdo paso del tiempo. de repente entra la frase repetida del alivio al cáncer, uno de los jueguitos de misterio de batteria, un reto al sentido fácil de coger, inmediatamente resuelto por un objeto narrativo que explica el contenido. los títulos, jódase la cabeza descifrándolos, una manzana y unas luces, hello, como dice ella, whatever, que también es de ella…

  2. estoy perdía.

    están buscando apartamento? acaso son las dos parejas que van a mudarse a ambos lados del duplex?

  3. Manuel: Gracias por tu crítica *concienzuda*; la verdad es que me halaga, porque es una crítica de crítico, a pesar de que no se entiende.

    Nicole: Ya sé, no se entiende. Es medio turbio; es a propósito, porque es medio negro, pero bueno… (turbio=negro=ausencia de color=falta de luz=oscuridad=falta de visibilidad=no se entiende)

    Axel: Gracias. No seas tan calladito; puedes nombrar más de una.

    Todos: Levanten la mano los que quieren que lo explique.

  4. ¿Pero querías que el texto fuera hermético o no? Escribirlo oscuramente y también querer explicarlo me parece trampa. O te peinas o te haces rolos.

  5. Rolos; tienes razón.

    P.D. Aunque siempre he pensado, desde que era chiquita y mi abuela me decía ese refrán, que (1) para hacerse rolos hay que peinarse, y (2) que hacerse rolos es una forma de peinarse…

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