Hormigas de azúcar

Un día de lluvia, una barata serigrafía de Dalí, sillas ocupadas por personajes enajenados con todo tipo de parafernalia de vicios: los inhalados, los inyectados, los tragados. Una madre que disfruta su viaje en caleidoscopio. En la habitación maloliente, en un rincón, se delata una cuna con tres usos anteriores al actual.

A veces se distingue un lloriqueo, un movimiento en la cuna. En ocasiones silencios. La primera llegó a la boca comandada por la interacción química de la leche y el azúcar en el biberón. La segunda siguió el rastro de feromonas en fila india. La tercera y la cuarta le hicieron cosquillas e se echó a reír. Subió y bajó manos y piecitos, giró la cabecita y allí se encontró con la decimoquinta, con la vigésimo segunda, con la centésimo primera…

Mientras los relojes blandos de Dalí siguen marcando la hora en la desgastada y fétida copia cuarta categoría de un crepúsculo, las fosas nasales se van llenando. Lo mismo ocurre con las orejitas a medida que la estampa en estarcido de la seda, se habita por una solitaria mosca y, dicho sea de paso, unas hormigas que suben hacia el reloj de bolsillo. Un resbaloso óleo derretido se observa desde el catre que se menea defendiéndose de los insectos. Completando una tríada de relojes aparece otro a punto de deslizarse, y este acapara miradas… atrae unos ojitos asustados. La cosquillosa sensación poco a poco se convierte en asfixia cuando el resto, que ya lo arropa casi por completo, se dirige motivado por el rastro de dulce hacia lo que queda sin cubrir de la boca.

3 pensamientos sobre “Hormigas de azúcar”

  1. bien logrado. misterioso y , según el pie forzado de la pintura de Dalí, muy surrealista a la vez…de lo que he leído tuyo, yolanda, esto es lo que más me ha gustado.

  2. cuando gema y pavel fueron a puertorro,en el mapr, yo estaba allí, con la baba salía, escuchándolos desde lo más adentro de mi estómago y cuando gema cantó el solo de opera en ” yo quisiera parar de fumar” se deslizó una lagrimita por mi chachetito.

  3. Yolanda:
    Me gusta mucho tu escrito. Me recuerda a una canción del dúo cubano Gema y Pável, “Sacacorcho y cartucho”. En ella hay una frase que me para los pelos: “Mi estómago está vacío y tengo síntomas de fé”.
    A veces pienso que ésta canción habla de una actitud muy nuestra, muy caribeña, ante la decadencia de nuestro entorno. La actitud es tanto de dejadez, como de festejo, como se puede advertir en el pedazo de la canción que he copiado a continuación:

    Los días son como un dolor de muela
    las horas queman.
    Si te metes pa’ dentro, ay, no puedes salir.
    El día menos pensado lo mandas todo al carajo.
    Cada vez la vida nos da menos razones para reír.

    Pero que tráeme el sacarcho pa’ abrir la botella, mi amor
    quédate conmigo mi negra,
    que yo traigo un cartucho pa’ hacer un cigarro,
    vamo’ a encaramarnos en la estrella.

    Madrid es una sensación de sombra y luz en el alma.
    La Habana es un cuento de Kafka, un sueño de Dalí.
    El mundo entero viaja en un vagón del metro de París.
    Quisiera comprender qué coño es saber vivir.

    La canción a la que me refiero puede ser escuchada en http://www.lajiribilla.cu/musica/gemapavel/gemapavel.htm.

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