Finiquitando octubre

Una nube besa un cerro y se va acabando octubre. Octubre de brujas, de otoños, de huracanes, de auroras y yolandas. El tiempo sigue marcando su espacio, trayendo onomásticas, festejos de convivencia y aniversarios de apartamentos estrenados. Durante un octubre me fui a vivir con el príncipe a solas, sin la mirada cómplice de los roomates. El castillo se rodeaba de una fosa de cocodrilos allá en Villa Fontana, y poseía una torre altísima desde donde se hacía el amor o se peleaba uno por la más inverosímil excusa. Íbamos en carruaje hasta Plaza Carolina cuando Walgreens estrenaba sus primeras 24 horas all-around-the-clock. Nos levantábamos a las 3 de la mañana para ir a comprar cualquier cosa, just for the heck of it! De eso ya han pasado doce años. Desde que pasara, el príncipe ha mutado la piel y se ha vuelto en ocasiones sapo, en otras ogro, de nuevo a príncipe y ultimadamente es una melcocha que camina amorfo y al que llamo con cariño Shrek. Octubre siempre me pone melancólica. Sé que voy a morirme un octubre.

Un pensamiento sobre “Finiquitando octubre”

  1. Qué bueno es hacer cosas solamente por el simple hecho de hacerlas. Hacer cosas sin sentido, o que no tienen ningún propósito. Qué bueno es hacerlas, y es muchísimo mejor cuando las haces acompañado.

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