<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	>

<channel>
	<title>Derivas</title>
	<atom:link href="http://www.derivas.net/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.derivas.net</link>
	<description></description>
	<pubDate>Thu, 28 Aug 2008 03:06:30 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.5.1</generator>
	<language>en</language>
			<item>
		<title>25 de noviembre de 2007</title>
		<link>http://www.derivas.net/25-de-noviembre-de-2007/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/25-de-noviembre-de-2007/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Aug 2008 00:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mayra Rivera</dc:creator>
		
		<category><![CDATA["Tortugo" por Elidio La Torre Lagares]]></category>

		<category><![CDATA[Por dos rands, un samoosa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=713</guid>
		<description><![CDATA[Por primera vez en semanas dejó de llover y hacer frío. Como si se decidiera a ser verano, al fin. Y yo que sólo quería ver los tiburones blancos y voraces que rondaban la costa en la que ya yo venía viviendo. Porque lo tenía entre ceja y ceja. Pero llamé en la mañana y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Por primera vez en semanas dejó de llover y hacer frío. Como si se decidiera a ser verano, al fin. Y yo que sólo quería ver los tiburones blancos y voraces que rondaban la costa en la que ya yo venía viviendo. Porque lo tenía entre ceja y ceja. Pero llamé en la mañana y me convencí de cambiar un tedioso viaje en un barco repleto de gente con una caja claustrofóbica a la cual muchos se querrán meter, por tres minutos, a ver los tiburones, por un buen día de buceadas. Que me los encontrara sin caja.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Debo decir que llevo varios años viviendo en el agua. Lo digo hoy, un día de lluvia tropical maravilloso, pero creo que hablo en especial del agua de mar. El agua de río me hace sentir de forma distinta. No soy Julia de Burgos. Además de que creo que nací en el mar, porque nada me hace sentir tan bienvenida y tan abismalmente extraña a la misma vez. Me gusta mirar al fondo cuando estoy en el mar; y perseguirlo cuando no me queda aire. Mi mente, en sueños despiertos y dormidos se escapa a faros y a cuevas submarinas. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Pues me fui a bucear ese día, en la costa de Cape Town, en Hout Bay y su isla de focas. Eso fue un año después de la última vez que saboreé el mar desde dentro. Aquí no es como Puerto Rico, es mucho más al sur y frío, así que me puse mi piel de pez (alquilada, esta vez), la más gorda que jamás me he puesto. Me tomó un poco de manoseo descifrar mi nuevo pulmón (alquilado) y dejar el equipo con sus mangas y vejigas montado como un reluciente ensamblaje bronquial, gomoso y todo, esperando allí como para un transplante. Sonrío feliz, para mí misma, mientras empiezo a rebotar en el borde de la balsa de goma que nos lleva a todos y veo la primera foca gordísima, macho, sin duda, asoleándose en uno de los muelles de la marina. La cabeza, como la sonrisa, se me deshizo en agua.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Llegamos al lugar de la primera inmersión, el lugar de un viejo naufragio. Me apertrecho con todo y, anfibia, me tiro al agua…para descubrir que no puedo respirar en agua de nueve grados centígrados de temperatura. No con el sol caliente de afuera que me engañó, no sin guantes. Que si trajeron guantes para los que alquilamos equipo, pregunto. Que no. Por qué me lo esperaba; no puedo mover las manos y por el borde de las mangas entra el agua que circula bajo mi traje como suero helado. Un alma noble se quita los suyos y me los presta; que está acostumbrado a surfear sin ellos, un muchacho casi niño. No sé cómo se supone que le dé las gracias. Descendemos al frío azul y denso. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Que qué se ve allá abajo. Pues negro y azul, porque se acaban los colores. Un barco hundido, negro entonces, inclinado sobre un banco de arena, medio blanca y medio gris, que un grupo de buzos revolcó hasta empañetar casi por completo el mar de azul que nos apretaba. Y mientras ascendíamos por los costados del barco y llegábamos a cubierta, algas gigantes que empezaban a aparecer, buscando la luz con sus manos enormes. Y nosotros con las manos pegadas al cuerpo temblando hasta el sol, todavía lejos y minúsculo. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="center;" align="center"><span>*<span> </span>*<span> </span>*</span></p>
<p class="MsoNormal" style="center;" align="center"><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/pb250155.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-714" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/pb250155.jpg" alt="" width="500" height="375" /></a></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Fueron varias las veces que entramos y salimos, y en un momento dejé de saber si ascendía o descendía. Pudo haber sido un momento cualquiera, pero no, porque lo sentí con su piel áspera acurrucado entre mis manos y mirarme con ojos de recién nacido. Una cría de tiburón que alguien sacó de su nido, desenrollándolo desde la cola, dormida.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Dejé de escuchar burbujas, se me olvidó la gravedad y todas las fuerzas físicas que me aguantaban allí. El Big Bang fueron las palpitaciones de esa piel tierna haciéndose nido entre mis manos, que se olvidaron que eran mías para hacerse cuna cóncava de piedra; como si hubieran esperado este momento para desprenderse de mí y hacerse parte del mundo. El tiempo se descontaba con los latidos de ese cuerpo minúsculo adormilado; y cuando creí toda la materia comprimida en ese instante, se abrieron los ojos redondos y vidriosos de recién parido que me miraron, tranquilos, y se cerraron nuevamente con la soñolencia de la marea… Y comenzó el tiempo de nuevo en otra dirección. En dirección de las corrientes y de las focas peludas para dejarme sembrada en los bosques de kelp que apuntan siempre al cristal azul del sol en el agua que les hace de techo. Como mis manos, sin guantes esta vez, y con mis propios bronquios.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Hace varios meses que no visito la superficie. Encontré mi tiburón.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="center;"><a href="http://www.youtube.com/watch?v=hGbV6G1S0zQ"><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/25-de-noviembre-de-2007/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Vuyiseka y los números</title>
		<link>http://www.derivas.net/vuyiseka-y-los-numeros/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/vuyiseka-y-los-numeros/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 25 Aug 2008 04:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mayra Rivera</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blogs]]></category>

		<category><![CDATA[Por dos rands, un samoosa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=712</guid>
		<description><![CDATA[En Sudáfrica reaprendí el método científico. Porque el método científico es sobre la relación entre la experiencia y el conocimiento, ¿o no?
Lo aprendí escribiendo un informe. Trescientos cuestionarios contestados a mano, enviados desde varias provincias; escritos en inglés, respondidos en inglés y xhosa y zulu. Enteros o a mitad, o saltando preguntas. Algunas provincias devolvieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>En Sudáfrica reaprendí el método científico. Porque el método científico es sobre la relación entre la experiencia y el conocimiento, ¿o no?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Lo aprendí escribiendo un informe. Trescientos cuestionarios contestados a mano, enviados desde varias provincias; escritos en inglés, respondidos en inglés y xhosa y zulu. Enteros o a mitad, o saltando preguntas. Algunas provincias devolvieron ocho o nueve cuestionarios, otras ciento setenta y cinco. Y con eso había que producir el informe, central para el desarrollo de un importante programa de apoyo para personas VIH positivo. </span>“This is what people gave us, this is what we’re going to work with,” dijo Vuyiseka.</p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>El cuestionario estaba dirigido a la población VIH positivo servida por la organización; la información provista habría de dar base sólida a los proyectos a desarrollarse. Lo entregamos musitando ciencia y nos lo devolvieron con el timbre diáfano del lenguaje de todos los días. Con la exactitud metodológica de sus quejas y ambigüedades, sus rodeos y sutilezas, y sus honestas inconsistencias. Entonces, ésta fue la matemática: una mayor parte contaban con 39 años de edad o menos y la gran mayoría son mujeres. De un 35 a un 59 porciento - variando por distrito - vivía en hogares donde nadie estaba empleado y compartían la misma casa con un promedio de otras cuatro personas (en algunos casos, hasta catorce personas en una misma casa). Casa: shacks de cartón y madera variando en tamaño de cerca de diez a doce metros cuadrados, algunos más cómodos de dos o tres cuartos – todos, no obstante con servicio de agua y baño comunal - o casas RDP de cemento provistas por el gobierno. Uno o dos participantes con otro tipo de casa. Muchos señalaban que el tipo de apoyo que más necesitaban para mantenerse ‘adherentes’ a su tratamiento antirretroviral es comida y casa.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Con todo rigor, mi ciencia occidental no encontraba cómo arroparse a los datos. Como si estuviera hecha para otro molde, o como si caducara. Expiraba entre las resmas de papeles que no me explicaban cómo anteponer lo justo a lo preciso. ¿Cómo se hace ciencia cuando la información disponible no es exacta, pero necesaria? ¿O cuando la exigencia de metodología impecable parece más excusa para no actuar, que requisito indispensable para el conocimiento? ¿Cuando la urgencia de investigación no es de papel, sino de carne y hueso? …¿Cuando es esa misma carne y hueso que necesita los resultados con urgencia, la misma que hace ciencia?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;"><span>Fue Vuyiseka la que dijo: redondea los números; ellos hablan, pero hablan de lo que nosotros ya sabemos. De lo que se conoce de vivir en los townships, en los shacks, de trabajar y vivir todos los días. Nada de esto es nuevo, ni hay revelación. Estos datos son confirmación, que no descubrimiento, y eso es lo que necesitamos. Así se acabó de desvestir mi pobre desnudez científica. Para metodólogos confundidos: aquí es la experiencia vivida la que autoriza a la ciencia, que no de la otra forma. Que si la ciencia en ciertas latitudes vale por sí, aquí se compra si se deja manosear para sacarle supervivencia - o justicia, cuando mejor.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/vuyiseka-y-los-numeros/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>George</title>
		<link>http://www.derivas.net/george/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/george/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 00:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mayra Rivera</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blogs]]></category>

		<category><![CDATA[Por dos rands, un samoosa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=707</guid>
		<description><![CDATA[
10:07 a.m., 29-11-07
Myrah.how.are.you
.its.me.george.thi
ngs.are.not.right.
everything.it.was.
pospone.if.you.re
member.the.job.fr
om.the.mine.it.did
.not.happen.ijust.
wanted.you.to.kno
w.that.im.not.oka
y.about.the.things
.that.iwas.telling.l
ike.buying.cloths.f
or.my.kids.imsorr
y.to.tell.you.about
.my.problems.iwas
.going.to.call.you.i
dont.have.money.i
m.telling.you.this.
because.you.re.nic
e.person.im.sorry.
if.this.is.not.good
time.?.thanks.for.
all.you.re.anderst
anding.enjoy.s.a.
recibo una mañana, poco más de un mes después de haberlo conocido y visto por única ocasión. George fue sombra ese fin de semana de la reunión en Johannesburgo. Alto, largo y oscuro, con pelo largo y pesado que le hacía sombra como una palma. Había llegado tarde una vez, y se había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/mpumalanga.jpg"><img class="size-full wp-image-708 aligncenter" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/mpumalanga.jpg" alt="" width="500" height="375" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span>10:07 a.m., 29-11-07</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Myrah.how.are.you<br />
.its.me.george.thi<br />
</span>ngs.are.not.right.<br />
everything.it.was.<br />
pospone.if.you.re<br />
member.the.job.fr<br />
om.the.mine.it.did<br />
.not.happen.ijust.<br />
wanted.you.to.kno<br />
w.that.im.not.oka<br />
y.about.the.things<br />
.that.iwas.telling.l<br />
ike.buying.cloths.f<br />
or.my.kids.imsorr<br />
y.to.tell.you.about<br />
.my.problems.iwas<br />
.going.to.call.you.i<br />
dont.have.money.i<br />
m.telling.you.this.<br />
because.you.re.nic<br />
e.person.im.sorry.<br />
<span>if.this.is.not.good<br />
time.?.thanks.for.</span><br />
all.you.re.anderst<br />
anding.enjoy.s.a.</p>
<p class="MsoNormal"><span>recibo una mañana, poco más de un mes después de haberlo conocido y visto por única ocasión. George fue sombra ese fin de semana de la reunión en Johannesburgo. Alto, largo y oscuro, con pelo largo y pesado que le hacía sombra como una palma. Había llegado tarde una vez, y se había parado en otra, comentó algo en la discusión. Eso y que generalmente andaba solo fue todo lo que supe hasta que el último día empezó a hablar. En el grupo discutíamos la necesidad de respaldo (&#8221;debriefing&#8221;) psicológico y emocional para líderes y consejeros de VIH y sida en comunidades: en ellos se descargan las historias y problemas de tantos, pero siendo represa, no tienen dónde verterse. Desde la cola del semicírculo George me empieza a susurrar, con su voz de cueva: “That’s exactly what happens to me…” Es desempleado y no deja de trabajar. No tiene dinero y consigue para los demás. Tiene dos hijas que es lo que más ama en este mundo y no les tiene ropa para Navidad. Tenía una ayuda gubernamental por enfermedad, pero se la quitaron porque ahora tiene las medicinas. No lo reclutan para trabajar en las minas. (&#8221;Para su bien,&#8221; pienso inmediatamente.) Lo llaman de compañías para dar charlas a sus empleados, y le pagan con una camisa. Cuida de los viejos y enfermos que nadie quiere cuidar, aunque camine quince millas al día y su teléfono no deje de sonar. Vive en un lugar que se ahorra todo título: ni pueblo ni aldea, una “localidad” en la ruralía extensa de Mpumalanga; pero lo llaman de Pretoria y Johannesburgo a pedirle consejos porque lo han escuchado hablando en la radio. Lo procuran en las clínicas cuando no saben qué hacer con un paciente. Tiene treinta y dos años y ha vivido trece con VIH. Fue niño deambulante de las calles de Johannesburgo y sabe comer cada cinco días. Sabe también leer el hambre en la voz de los que le piden cinco rands sin decir para qué. Alberga en su casa ahora a otros dos que los expulsaron de sus casas por ser VIH positivo y decirlo. Nadie lo deja dormir y responde por todos. Tiene miedo de prender su teléfono ahora que le toca regresar a casa. Y no tiene con quién hablar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Lo regaño por posponerse a sí mismo hasta la hartura. Que quién puede ayudar a nadie, si no se deja sobrevivir. Y lo hago reír, con su risa que carga toda la resonancia de su cuerpo largo como una caña. Una risa más sincera que el hambre, fina y cremosa para recomponerle los intestinos. Dice que sabe que Dios está con él, que nunca le ha faltado; que se deja sentir más en los momentos más desesperados. Que sabe que está ahí todas las veces que llora.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Lo llamé aquél día. Quería escuchar su risa. Ese día tenía hambre yo también y quería reírme con él, a ver si la aprendía a desmembrar. </span></p>
<p class="MsoNormal">“I haven’t forgotten a single word you told me. All you said I have it here.” <span>Me empiezo a asustar y le pregunto que cómo así. </span></p>
<p class="MsoNormal">“The other day I sat down to write in my notebook and people were asking me ‘what are you doing?’ I told them ‘I’m writing something a friend told me, she’s a great woman.’ Then they asked me ‘and where is she from?’ and I told them ‘she’s from overseas’, they told me ‘liar’. But you see, I live in a rural village where everybody stays there and never goes out. For them Jo’burg is dangerous, but I tell them that depends. It’s dangerous for <em>some</em> people… So you tell them you have a friend from overseas and it’s ‘ohhhh!’ Now they all want to meet you. And I tell them that one day, one day…But just one day, eh?”</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/george/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Cicatrices, para Jesús</title>
		<link>http://www.derivas.net/cicatrices-para-jesus/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/cicatrices-para-jesus/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 00:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mayra Rivera</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blogs]]></category>

		<category><![CDATA[Por dos rands, un samoosa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=704</guid>
		<description><![CDATA[Tantaswa tiene una estrella al lado de su ojo derecho. Un destellito brillante, unas puntadas de seda. Puntaditas que me reguindaban la mirada en tela negra de seda de su cara siempre que la miraba. Seda sobre seda y negro sobre negro, más relampagueantes que todos los colores juntos. Suspiros hilados de piel cotidiana que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tantaswa tiene una estrella al lado de su ojo derecho. Un destellito brillante, unas puntadas de seda. Puntaditas que me reguindaban la mirada en tela negra de seda de su cara siempre que la miraba. Seda sobre seda y negro sobre negro, más relampagueantes que todos los colores juntos. Suspiros hilados de piel cotidiana que se busca para amarrarse. Ni a ella ni a nadie le pedí referencias. No quería patrones de papel de cera, ni marcadores, ni medidas, ni modelos. Nada que me enseñara a coser, ni me remendara la memoria.</p>
<p>Nunca quise reconstruir las pieles rajadas. Sus bocas abiertas me callaban. Me incrustaban en silencio con la carne fibrosa que les crecía a brazadas para coserles la voz, un buen día. Aquí las heridas dicen demasiado, por eso las cicatrices crecen para tragarse su memoria. Y tienen que crecer gordas y brillosas para tragárselo todo, como peces. Así cosen el silencio, como si lo compraran. Y como se convierten sólo en memoria de sí mismas, compran todas las preguntas de una vez.</p>
<p>Tantaswa tiene hilitos, pero también hay sogas y volutas que retuercen la carne con tensión umbilical. Costuras monumentales de patrones desbordados. Todas ellas, puntadas para cogerme el ruedo en las esquinas del metro y al borde de la acera; para recortarme el camino sobre hermosas pieles de seda. Me cortaban la voz y el camino para enseñarme el lustre del negro sobre el negro cuando se trata de mantener la carne junta. Y me zurcían a mí también, porque se traspasaban de tela.</p>
<p style="center;"><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/tantaswa-y-yozi-132_01.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-706 aligncenter" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/tantaswa-y-yozi-132_01.jpg" alt="" width="519" height="421" /></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/cicatrices-para-jesus/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>XV. un país feliz</title>
		<link>http://www.derivas.net/un-pais-feliz/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/un-pais-feliz/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 15 Aug 2008 00:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Maquetas de sol: escenas de verano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=694</guid>
		<description><![CDATA[hoy lo vi. le apreté la barbilla,
le quité los lentes y le dije que lo
nuestro, lo de nosotros, lo de aquellos
días, cuando éramos sólo nosotros,
tomaba la forma de un país feliz.
y lo dije porque me gustaba la frase,
pero la palabra, las palabras son caminos,
son puentes que se rompen y que se vuelven
a unir, son presagios, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>hoy lo vi. le apreté la barbilla,<br />
le quité los lentes y le dije que lo<br />
nuestro, lo de nosotros, lo de aquellos<br />
días, cuando éramos sólo nosotros,<br />
tomaba la forma de un país feliz.<br />
y lo dije porque me gustaba la frase,<br />
pero la palabra, las palabras son caminos,<br />
son puentes que se rompen y que se vuelven<br />
a unir, son presagios, historias de mentira<br />
que aprenden a destilar su verdad, puñados<br />
de saliba convertidos en universos.</p>
<p>así fue que lo dije y mientras salían las<br />
palabras aquel país me invadía, y me hacía feliz.<br />
y vi tu calle y era todo como una película en tonos<br />
naranja, porque allí siempre era por la tarde, y<br />
el sol siempre se ponía detrás de tu casa cuando tus<br />
roomates se hacían los locos mientras nos espiaban.<br />
y era todo de verdad: mis ganas de llorar, el deseo<br />
de atrapar tu boca con la mía, y de decirte que te quise<br />
mucho, y que hoy, ahora, te quiero como se quiere a<br />
ese pasado acuoso de la niñez. así, como se debe querer a</p>
<p>un país feliz.</p>
<p>mi memoria se merienda aquellos besos<br />
que me daba cada tarde, después de aquella clase.<br />
antes de que se fuera, antes de que se nos acabara el mapa<br />
y se nos perdieran los caminos de vuelta. no olvidamos,<br />
no, pero se nos llenó la cabeza de nubarrones, y de sueños<br />
prestados, y de partidas tan frecuentes, y cada vez más cojas.<br />
y así fue como llegaron palabras nuevas, acentos nuevos,<br />
lenguas nuevas. amores nuevos. tanto qué decirnos, tanto que<br />
reirnos, pero la risa es una cascada húmeda, mojada por un<br />
llanto que no viene, pero que se nos cuela un poquito por<br />
cada carcajada, como una tímida lágrima que nos mira y<br />
nos recrimina estos tres años que no hemos sido,<br />
que no hemos estado.</p>
<p>hoy lo vi. en otra calle, con otro carro, con otro trabajo.<br />
otros amigos. otras ex novias. hoy lo vi y mientras lo veía<br />
era como si me mirara por dentro. a la de antes. el pelo largo<br />
y despeinado, las camisitas cortas, mis sandalias de cuero.<br />
me vi y me mordía la tarde, sus ojos eran dos navajas azules<br />
y mi piel, un papel rayado.</p>
<p>hoy lo vi, y fue el día más veraniego de todo mi verano,<br />
una alegría juvenil, medio inocente, medio perversa<br />
iba abriendo mi piel, y yo, dejándome llenar por ese<br />
venenito caliente, espeso, que me sabe a brisa y a salitre.<br />
hoy lo besé como besaba antes, cuando no había nada más<br />
que sus besos, y éramos todos un país feliz en donde siempre<br />
era verano.</p>
<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/paisfeliz.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-695" title="paisfeliz" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/paisfeliz.jpg" alt="" width="385" height="289" /></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/un-pais-feliz/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>XIV. Ventanas</title>
		<link>http://www.derivas.net/xiv-ventanas/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/xiv-ventanas/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 00:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Maquetas de sol: escenas de verano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=692</guid>
		<description><![CDATA[Mi cuerpo creyó haberse acostumbrado a la insistencia de la luz. Allá oscurece más tarde, mucho más. La hora de las preguntas, de las fotos desgastadas, de las voces imaginadas, tarda más en llegar. Su anuncio toma la forma de un grito cansado y retardado que quiebra mi deseo a paso de tortuga. Imperceptible, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/ventanas.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-693" title="ventanas" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/ventanas.jpg" alt="" /></a>Mi cuerpo creyó haberse acostumbrado a la insistencia de la luz. Allá oscurece más tarde, mucho más. La hora de las preguntas, de las fotos desgastadas, de las voces imaginadas, tarda más en llegar. Su anuncio toma la forma de un grito cansado y retardado que quiebra mi deseo a paso de tortuga. Imperceptible, pero tenaz. Llego y la llegada se me muestra contundente. Y no es el calor, ni la humedad que estalla en mi cabeza y que va devorando cada hebra de mi pelo, sino el cielo. Una marca en el tiempo. Una grieta necesaria que orientará mis días aquí. Parece que anochece, parece que el día cerrara sus puertas, pero no. Es sólo el cielo agotado por sus muchos alumbramientos.</p>
<p>Mi madre toma la carretera número dos a Bayamón: la odiada por todos, bayamoneses y no bayamoneses. Ayer conocí a un tipo que me dijo que para él Bayamón era ese corillo de gente que no tuvo los cojones de llegar a San Juan. Me reí, pero sin ganas. Ya mi mamá comenzó a señalar cada flamboyán que, según ella, debe ser señalado. “Deja que llegues a casa… hay una sorpresa”, me dice. Creo saber de qué se trata, pero soy buena hija. No me adelanto. Señala la casa grande con la que siempre fantaseamos y que ahora está en venta. Siempre que veo esa casa me veo viviendo en ella con mi madre. De chica me veía correteando por el patio, trepada en ese árbol grande, punto culminante de su belleza. Ya de grande, me veía sentada en sus orillas, leyendo un libro, escribiendo en mi computadora. Memorias prestadas. Es curiosa esta nostalgia por una casa a la que nunca he entrado, una casa que nunca vamos a comprar, y en la que nunca viviremos. ¿Sabrá mi madre que ya nunca más viviré con ella? ¿Se percatará de que nuestro universo se ha quebrado, y de que esto es sólo una llegada a medias, una ilusión óptica del alma?</p>
<p>Me cuenta, me pone al día de los eventos de la familia, de mi futura sobrina que cargará con el nombre de Mar, de las locuras de mi hermano, de las hazañas de la perra. Me cuenta y lo hace con ese tono, con esa música que se inventan las mamás cuando quieren detener el tiempo, como si el tiempo fuera la sala de la casa, y te invitaran a pasar. Como si fuera un vestido al que se le abre el cierre y aparezco yo, la hija más chiquita que se fue, la que vuelve siempre, un poco casi sin volver.  Atravieso la número dos, al lado de mi madre, debajo de un cielo violeta, naranja, azul. Enlilado, surcado por los cables, las ramas de los árboles, y los rayos de sol.</p>
<p>Estoy llegando a mi barrio y mi madre dice lo que siempre dice cada vez que nos acercamos a este punto. Es una frase muy mamística, muy Irigaray, algo así como que si ya siento el calor materno, porque me acerco al útero, al país feliz de la niñez, al ruido del colmado Pintado que está al lado de mi casa, al rumor del viento que en esta calle, ella insiste, suena diferente, particular. La imaginación familiar, diría Lezama. Apenas sonrío. Qusiera decir que no, que no siento el susodicho vientre, que mi memoria es mala, y no por sus equívocos, sino porque se ha llenado de maldades chiquitas. Pero de ti me acuerdo mami, a ti te quiero, a ti te reconozco detrás de los meses y de los días, y de la distancia que se estira como un gato entre las dos.</p>
<p>Llego y encuentro la sorpresa. Una alfombra roja forra el caminito que lleva a mi casa. El flamboyán, que por más de 15 años se había negado a cumplir su rol paridor, ha escupido miles de flores, allá, en el tope de su cresta. “Y si lo vieras hace un mes”, dice mi madre con una emoción que yo creo que es más para mí que para el flamboyán, pero que le sirve de catalizador. Me quito los zapatos en el carro, antes de bajarme. Me encanta caminar descalza aquí, en el territorio materno, como dice mi mamá. Es ése el vínculo más sagrado entre mi casa y yo. Mis pies desnudos acariciando la grama, la calle, las raíces del húcar que sigue creciendo, que sigue metiéndose por las ventanas: comienzo del mundo. Me paro delante de mi casa que se me abre como una ventana mal cerrada que no habla, que no grita, que no empuja. Pero que canta. Son otros sus fantasmas, son otras sus voces: formas elásticas: miradas que me miran desde un pasado tan cercano como distinto. No hay sombras aquí. Sólo árboles y ventanas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/xiv-ventanas/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>XIII. Aplausos</title>
		<link>http://www.derivas.net/aplausos/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/aplausos/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 08 Aug 2008 00:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Maquetas de sol: escenas de verano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=690</guid>
		<description><![CDATA[El cielo está gris. Son las once de la mañana en Atlanta, y mi avión está a punto de salir. Muchos puertorriqueños: señal inequívoca del aplauso final. Voy a tratar de ser la primera en aplaudir. Hace poco leía el libro de ensayos de Eduardo Lalo &#8220;Los países invisibles”  (bello libro) y allí encontré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/aplausos.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-691 alignleft" style="float: left;" title="aplausos" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/aplausos.jpg" alt="" width="300" height="191" /></a>El cielo está gris. Son las once de la mañana en Atlanta, y mi avión está a punto de salir. Muchos puertorriqueños: señal inequívoca del aplauso final. Voy a tratar de ser la primera en aplaudir. Hace poco leía el libro de ensayos de Eduardo Lalo &#8220;Los países invisibles”  (bello libro) y allí encontré una explicación muy justa sobre ese gesto del aplauso. Parafraseándolo (y haciéndole grandes injusticias… esta pobre memoria mía) el aplauso está íntimamente ligado a la certeza de lejanía, y de invisibilidad. Vivimos en una isla, nuestras paredes son de agua que nos ahoga en una poética soledad. Salir del radio materno, es, en efecto, una hazaña titánica que debe ser aplaudida. El viaje que hacemos no es sólo espacial. Hay un profundo disloque, el suelo se agrieta debajo de nuestros pies, levantamos vuelo, atravesamos el mar. A ese sacudimiento total se le suma una efímera duda sobre el retorno. (Son tantos los que se han ido para no regresar más.) Salir de la isla es un acto de fe, regresar a ella es un triunfo inexplicable. El aplauso articula todo ese pequeño discurso, y algo más. Algo arcano que aún no puedo explicar. Es el triunfo del tránsito dentro de una geografía que no permite el movimiento, el fin temporal de lo estacionario, la bienvenida de los cuerpos elásticos. El flujo.</p>
<p>Luego de tres horas y media, aparece el azul. Distintos tonos: turquesas, marinos, terracotas. La costa se acerca y las palmas saludan, agitan sus pencas y me acuerdo del aplauso. No deja de asombrarme el pasiaje desde acá. La violencia de los colores. Creo que veo el primer flamboyán. Las ruedas tocan el suelo. Aplaudo. Aplaudimos. Un par de gringos se miran, atontados sin saber qué hacer. Una mujer grita de alegría, los niños saltan en sus sillas. Me encanta la alegría del viaje boricua. Es otra cosa, coño, otra cosa.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/aplausos/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>XII. Adiós</title>
		<link>http://www.derivas.net/xii-adios/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/xii-adios/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 00:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Maquetas de sol: escenas de verano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=636</guid>
		<description><![CDATA[Es mi último día en Atlanta. Se cierra la mitad del verano, un junio preñado de luz y de calor, y de pájaros que seguirán cantando en mi ventana, que ya no será más mía, sino de él. Este junio será uno de esos afiches que se pegan a la piel. Otro verano calcomanía que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/adios.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-637" title="adios" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/adios.jpg" alt="" width="238" height="153" /></a>Es mi último día en Atlanta. Se cierra la mitad del verano, un junio preñado de luz y de calor, y de pájaros que seguirán cantando en mi ventana, que ya no será más mía, sino de él. Este junio será uno de esos afiches que se pegan a la piel. Otro verano calcomanía que narraré y que desfiguraré en virtud de esta memoria coja. Escribir es pactar con lo venidero, es como una memoria futura, un cordón umbilical.</p>
<p>No tengo ganas de escribir, sólo quiero sentarme en mi asiento (con ventana) allá, encaramada en las nubes. Y ver el mar. Me sigue emocionando la llegada, aunque sé que todo será más o menos igual.</p>
<p>Lo dejo con todos sus libros, con toda la ansiedad de ese examen que está por llegar, con sus cinco tazas de café al día. Dejo los paseos por downtown, el guante y la bola, ese sol que tanto tarda en apagarse. Dejo el humo y la piscina.</p>
<p>Ayer pensaba en los flamboyanes. Siempre me acuerdo cuando estoy a punto de llegar. No soporto los cuadros con flamboyanes, pero me encanta pararme debajo de sus ramas, ver sus flores al revés. Sigue siendo raro regresar porque sé que me iré otra vez, y hay algo en mí que tiende a lo turístico. Además me compré una cámara (color flamboyán). Sé que tomaré fotos del cielo y del tapón, sé que retrataré por lo menos un flamboyán, el gigantesco húcar de mi casa, cuyas raíces han levantado parte de la tubería, y cuyas ramas han comenzado a meterse por las ventanas y que mi madre se niega a podar.</p>
<p>Tengo ganas también de abrazar a mi perra, Habana, y de quedarme muda frente al mar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/xii-adios/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>XI. Precipicios</title>
		<link>http://www.derivas.net/precipicios/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/precipicios/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 02 Aug 2008 00:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Maquetas de sol: escenas de verano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=634</guid>
		<description><![CDATA[Hace más o menos un mes una amiga me confesó que se le había declarado a un profesor. Sólo necesitaba decírselo a alguien, y pensó que ese alguien debía ser él. Fue un momento de ésos en los que parece que nos agarra la locura, o la valentía, pero no es más que un momento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace más o menos un mes una amiga me confesó que se le había declarado a un profesor. Sólo necesitaba decírselo a alguien, y pensó que ese alguien debía ser él. Fue un momento de ésos en los que parece que nos agarra la locura, o la valentía, pero no es más que un momento de extrema lucidez. Yo estaba medio atontada por las cervezas, las mismas que a ella le habían aflojado la lengua, pero me encantó verla así, tan risueña y parlanchina, contándome su pequeña historia como una niña que confiesa una maldad. Sentía, aunque no me lo dijera así, que se le había adelantado el verano. Fue a principios de mayo, las clases recién habían terminado y de pronto la agarró como un viento de ésos que nos despeinan los días, la certeza de que un risco se avecina. Y estamos listos para caer. No lo planificó. Un buen día, cuando iba de camino al elevador, se encontró de repente parada delante de la puerta de la oficina de aquel profesor: respiró hondo, tocó la puerta, se sentó y mirándolo fíjamente, hizo su pequeña confesión. Él rió, y confesó también, aunque no me dijo cuál exactamente había sido su confesión. Me dice que no recuerda del todo aquella plática. Los nervios la agotaron, la adrenalina que sintió en aquel momento nubla su recuerdo. Era una conversación fragmentada y llena de agujeros. Las palabras salían accidentadas, acalambradas detrás del miedo y del deseo. Ella intuyó ese miedo y le dijo que se trataba de una confesión pasiva, aunque eso sea antinómico. Toda confesión, por nimia que parezca, implica un acto de violencia. La confesión compromete, y obliga al otro a formar parte de cierta dinámica. Pero sobretodo, la confesión genera más confesiones, prolifera en la imaginación… y ya nada puede volver a ser como antes.</p>
<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/precipicios.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-638" title="precipicios" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/precipicios.jpg" alt="" width="309" height="234" /></a>Le dijo que quería aprovechar la coyuntura que presentaba el verano, ya que ambos se iban de viaje, y por lo tanto, no coincidirían por algunos meses. “No sé si el verano nos ayude…”, dijo él, apagando la voz, como si se arrepintiera de haber dicho eso. Pero aquél no era un arrepentimiento cabal, sino más bien una muda felicitación. Era una declaración honesta que, poco a poco, trataba de construir una pequeña fortaleza para los dos. Nada pasó. Ahora él está lejos, y ella lo piensa con una devoción impropia (él está felizmente casado), pero hermosa. Al escucharla hablar me dieron ganas de confesar algo. Busqué y busqué, pero no encontré nada que ameritara una confesión. Sentí que debía hacer algo, meterme en algún lío, enamorarme de alguien indebido, desordenarme. Estoy en ésas.</p>
<p>Me dijo hace unos días que quería escribirle. Le dije que lo hiciera, y me contestó que no podía, “¿qué le voy a decir?, ¿cómo me justifico?”. No era que no supiera qué decirle, simplemente se sentía despojada de razones. Ahora él estaba lejos, no sólo en otro hemisferio, sino lejos en el tiempo, en la coincidencia, en el azar. Él ya no era él, y seguramente, ella ya no era ella. Las relaciones así, tan desproporcionadas (en la medida en que el deseo no se acomoda, no se puede acomodar a las circunstancias), tan desprotegidas, tan sin techo, se sostienen sólo de la rutina, de ciertas pulsiones, y de un amor frágil que tiende a lo adolescente.</p>
<p>Lo buscaba sin buscarlo, rondando los pasillos del edificio hasta tarde. No siempre se sabe lo que nos pasa y andamos medios ciegos, palpando, olfateando, tratando de dar con eso que nos viene alterando hace algún tiempo. Y cuando estás a punto de rendirte o de resignarte, su puerta se abre, lo ves y hay algo, un destello, un momento de estremecimiento seguido por la calma. Y así descubres, finalmente, qué era lo que te pasaba. Y ya no puedes hacer nada, no puedes porque él abrió la puerta en el momento exacto en que tenía que abrirla, y te vio y sonrió, pero la sonrisa no era la misma, era él, pero ese modo de sonreir es medio nuevo, y lo saludas y hablas y todo está bien, todo es como antes, exactamente igual, hablan como si nada estuviera pasando, como si el universo siguiera su ritmo, pero en el fondo, los dos saben que algo se ha quebrado, o que algo se ha sellado. Y lo confirman cuando están a punto de alejarse. Te quieres ir con él, piensas que estás loca, mejor te vas a tu casa, y de repente su voz rompe todo el alboroto de tu cabeza, &#8220;¿tienes prisa, no te quieres tomar un café?&#8221;. Y dices que sí. Sí, acepto.</p>
<p>No sé qué va a pasar con ellos, posiblemente nada. Posiblemente ya pasó lo que tenía que pasar. Hubo un reconocimiento, el tiempo se detuvo por unos momentos, él la vio como ella quería que él la viera, y se llevó grabada su imagen, sosteniéndole la mirada mientras él desviaba la suya, un poco, sólo un poco, por su escote. Allí, en aquella oficina, se formaba un precipicio. Un desbarrancadero. Como toda confesión. Como toda escritura.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/precipicios/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Sun Maid Raisins</title>
		<link>http://www.derivas.net/sun-maid-raisins/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/sun-maid-raisins/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 31 Jul 2008 19:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nydia Antonia Russe</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros relatos]]></category>

		<category><![CDATA[Pulp]]></category>

		<category><![CDATA[Nydia Russe]]></category>

		<category><![CDATA[Puerto Rico]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.derivas.net/?p=628</guid>
		<description><![CDATA[
Después de una larga investigación, mi amante, el sexólogo Orlandi Valuta y yo habíamos descubierto que todo este tiempo lo que comíamos no eran pasas, si no más bien clítoris. Ningún otro ejecutivo de la Organización Mundial de Sexología había logrado semejante descubrimiento. Cuando entramos a aquella fábrica se quedó perplejo y sin decir una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/sun-maid.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-630" title="sun-maid" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/sun-maid-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Después de una larga investigación, mi amante, el sexólogo Orlandi Valuta y yo habíamos descubierto que todo este tiempo lo que comíamos no eran pasas, si no más bien clítoris. Ningún otro ejecutivo de la Organización Mundial de Sexología había logrado semejante descubrimiento. Cuando entramos a aquella fábrica se quedó perplejo y sin decir una sola palabra. Lo único que hacía era respirar el aroma entorpecedor y embriagante de aquellos clítoris. Allí estaban miles de ellos amontonados, arrugados, indefensos, sin identidad, denominados en conjunto por el genérico nombre de pasas. Se preguntaba, cómo es posible y ahora que estoy frente a ellos, qué hago, cómo encuentro el tuyo, Naomi. La tarea era díficil, pero él llegó hasta allí decidido a encontrarlo y si en ese millón de pasas estaba mi clítoris, él lo buscaría hasta recuperarlo, porque estaba obsesionado conmigo. Y aunque en su cuerpo todavía se podía respirar infinidad de aromas de mujeres, como olores de incienso, yo fui el último aroma de Zimbabue que se impregnó en su piel.</p>
<p>Sabía que me amaba sólo a mí, pero me fastidiaba que él coleccionara miradas, gestos, recuerdos de vino tinto mezclado con crema batida de otras mujeres. Era innevitable ver su espalda llena de cicatrices trazadas por uñas de pasiones diferentes. Además, en sus ojos de lienzo llevaba dibujadas miles de siluetas esbeltas, redondas y cuadradas. Y cuánto había bailado con sus zapatos de Fred Astaire, en pistas de cinturas y caderas hasta la saciedad. Cuántas melodías clásicas había inventado en su espalda de cuerdas. Coreografías que nunca repitió, porque él era un experto en el Kamasutra, un sexólogo a domicilio que compartía todo ese tipo de conocimiento con las mujeres solteras y casadas que lo llamaban a su número, buscando satisfacción garantizada. Todas esas maravillas en el arte del amor, él las intentó conmigo. Pero nada me satisfacía. Intentó la pornografía, pues poseía una amplia colección de películas, que guardaba en un húmedo estuche, construido especialmente para que no perdieran la viscocidad. Incluso fabricó todo tipo de fantasias, como el día que se vistió de homosexual, para que yo lo recogiera en la calle. Compró falsas pinturas de Van Gogh, Picasso, Dalí, y las pegó por todo el piso, y en todas ellas me revolcó como pinceladas neuróticas y lo único que disfrutó del momento fue el sabor a madera del whiskey de mi piel. Nada me satisfacía. Y es que Orlandi Valuta no sospechaba la horrible mutilación que yo había sufrido cuando niña, porque me había hecho un implante falso, para despistar a mis amantes. Pero ya no aguantaba más la obsesión de Orlandi Valuta por complacerme y en una de esas noches de esmero, en las que él planificaba una orgía sadomasoquista, le conté la verdad. Maldita realidad para un sexólogo tan codiciado y eficiente. Con rabia metió los dedos en mi vagina, la rebuscó y tocó el implante. Y cuando sacó su mano, se tragó mi olor como un sabueso y desde ese momento no la lavó y juró no hacerlo hasta encontrar de nuevo mi clítoris. Por eso viajamos juntos hasta Africa buscando el último aroma de Zimbabue. Buscamos en hospitales, tribus y aldeas, y entre averiguaciones clandestinas dimos con las pistas que nos llevaron a aquella fábrica de pasas. Allí era donde iban a parar las horribles mutilaciones que le hacían a millones de niñas africanas.</p>
<p>Cada clítoris extirpado, lo depositaban con delicadeza en frascos de cristal, que trasladaban en cajas hasta un camión que tenía impreso la firma de Sun-Maid Raisins. Podíamos ver,por los cristales, aquellos clítoris frescos, listos para convertirse en pasas. Pero ya Orlandi Valuta había cerrado los ojos y con mucho terciopelo iba abriendo las cajitas de pasas, en un viaje oscuro, ¿dónde estará el tuyo Naomi? ¿dónde está? ¿lo encontraré? Mientras, sus manos temblaban ante el preludio de lo que sería un extásis interminable. Estaba embriagado, seducido, por tantos órganos, tantas pasas.</p>
<p>Oralandi, con la punta de sus dedos, tomó una y la colocó en la lengua. Cerró la boca y la apretó contra el paladar. Intoxicado de placer comenzó a coger las pasas por puñados, mientras en el piso se iban amontonando las diminutas cajas rojas. Las que se detuvo a saborear tuvieron suerte. Las que se comió, jamás pudieron vibrar, temblar y explotar en la lengua de Orlandi Valuta.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.derivas.net/sun-maid-raisins/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
