Espectáculo humano

Unas de las cosas que más disfruto es observar a la gente. Cada persona vive una novela diferente y, si uno no tiene más nada que hacer, puede entretenerse por horas meramente observando.

Claro, uno debe escoger un sitio adecuado (una isla desierta sería una decisión desafortunada). Aeropuertos, playas, centros comerciales… lugares donde haya gente. (Por cierto, el aeropuerto es uno de los mejores sitios… trabajé allí por unos meses y vi cosas insólitas.)

Sin saberlo, tú has formado parte del elenco alguna vez. La vez que te caíste en la acera, te encojonaste con el mesero en el restaurante, discutiste con el guardia de seguridad (mi acto más repetido) o gritaste en público… fuiste parte del espectáculo. Gracias.

Hoy fui parte de la audiencia, más tarde parte del elenco. Me explico.

Durante la tarde, decidí leer la novela asignada para el día de hoy en unos de los jardines de la universidad. Estaba sentado en un banquito frente a un salón, disfrutando el aire fresco. De alguna manera, mi lectura se interrumpió cuando noté a una muchacha rubia entrar al salón. Andaba contenta… parecía estar en un comercial de desodorante o algo así. Dejó sus pertenencias en un asiento y salió para hablar por el teléfono celular. Apenas podía oír su voz y en verdad no sé qué decía (dirás “¡Qué impertinente!”… yo prefiero “curioso”). Caminaba de un lado a otro, disfrutando de la conversación. Entró un momento al salón, todavía con el celu pegado a la oreja. Salió. Pude oírla disculparse, dar una explicación. De pronto, terminó la conversación. Se sentó en la acera y comenzó a llorar. Me asombró el cambió radical de emociones… diez minutos antes, parecía bailar mientras conversaba, y ahora era un cuadro triste. Traté de disimular, pero me consta que notó mi curiosidad (es mi escrito y puedo llamarlo como quiera… al menos que seas la muchacha… en ese caso la palabra es “consternación”). Más curioso aún: entró al salón, salió a la cafetería, regresó con comida y después estaba como si nada hubiera pasado. Una montaña rusa de emociones. Bueno, ésa fue mi experiencia en la audiencia.

Ahora, mi parte en el elenco. Irónicamente, sucedió minutos después. Sentado en el mismo banco, al lado de un árbol, me sumergí en la lectura. De momento, sentí algo rozarme al lado de la oreja. Era un pájaro que voló cerca (diría un ruiseñor, pero no estoy seguro… no tengo mucho conocimiento de aves). Lo miré molesto, pero después me dio risa y continué leyendo. Uno o dos minutos después hizo lo mismo. Pasó otro rato, y otra vez. Volaba de un árbol a otro, siempre pasándome cerca de la cabeza. No se callaba y no me dejaba leer. Buscaba algo con qué tirarle, a ver si lo ahuyentaba, cuando se me ocurrió algo. A lo mejor tenía el nido en el árbol al lado del banquito y me quería fuera de allí (eso, o la muchacha tenía poderes mágicos y lo mandó a molestarme). Era obvio que me quería sacar, pero yo no me quería ir… estaba cómodo y quería ver si pasaba algo más con la rubia. Pero el pájaro insistía… vuela que vuela. Tuve que aceptar la derrota y huir a otro banquito, lejos del árbol (y del salón con la rubia). Al caminar hacia el asiento nuevo, miré alrededor y noté varias caras observando mi dilema con el pajarraco, todos muy entretenidos. Fui el espectáculo de la tarde. No se apuren por darme las gracias…

Así que recuerda: alguien siempre ve lo que uno hace. Desquítate… observa lo que les pasa a los demás.

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