En busca de un nuevo monstruo

El castillo del Conde Drácula está ubicado en los confines de Occidente, en las tierras de Transilvania, al extremo este de Rumania. Su coraje en la guerra contra los turcos le valió su título de caballero de la orden del dragón, y su intenso amor por Elisabeth le valió la condena eterna. Su muerte en vida es la esencia misma de Occidente. Drácula viste telas extremadamente finas, si bien pasadas de moda. En su castillo conviven siglos de alta costura y estilo. Drácula no es un burgués decimonónico, no conoce de las ciencias modernas y revoluciones industriales que llevaron a Víctor Frankenstein a dar vida al monstruo moderno. Lo de Drácula es la sangre, y sólo la sangre le concierne. Pero todos sabemos la historia. Drácula muere y junto a él el espíritu aristócrata y cristiano de Occidente.

Otra es la historia, sin embargo, del doctor Víctor Frankenstein, derrotado constantemente por su “Creature”, monstruoso hijo de la modernidad, nacido del conocimiento científico hijo, a su vez, de la ilustración. El monstruo no viste ropas suntuosas, su vida es la encarnación misma de la muerte de dios. El Hombre, su padre, ha sustituido a la divinidad. Y entre monstruos, todo esto me lleva a pensar en que nosotros no tenemos un verdadero monstruo a quien hacerle frente.

No es posible un demonio vampiresco porque nos importa un carajo la religión, ni un monstruo de la ciencia porque, francamente, cuando miramos a nuestras abuelitas con marcapasos, dientes postizos, respiradores artificiales y todo un coctel de pastillas, desarrolladas en laboratorios hipersofisticados, que las mantienen vivas, vemos al mismo monstruo de Frankenstein en ellas, sin temor ninguno.

¿Cuál será nuestro propio monstruo posmoderno? ¿Alguno de ustedes me podrá contestar? A veces pienso, como Calabrese, que se nos abre una nueva era barroca en que tan sólo el horror al vacío nos horroriza, y miro al tiempo como un eterno retorno. Otras veces, pienso que no, que de alguna forma cínica, nos sentimos sumamente complacidos con nuestro vacío de monstruos. No importa cuántos Bush o Bin Laden se sigan reproduciendo, a veces pienso que cada día nos convencemos más de la poca importancia que tienen los monstruos, es decir, de la poca importancia que tiene la importancia misma.

5 pensamientos sobre “En busca de un nuevo monstruo”

  1. ¿El nuevo monstruo? creo que siempre ha existido: el hombre mismo. Pero tal vez esa indiferencia de la cual hablas, se ha convertido en habitual -hasta aceptada, si se puede- en nuestro diario vivir…basta ver la televisión o abrir el periódico para entenderlo. Quizás tu cuestionamiento sobre cuál es o no es el nuevo monstruo tiene que ver con el hecho de que necesitamos al Otro, una otredad necesaria para conocer el yo, como lo has planteado: el hombre vs Dios, el hombre vs la máquina, el hombre vs el hombre… Y si nada de esto hace sentido, no te culpo, son las 2 am y varias copitas de vino me acompañan. Saludos. :)

  2. Quizás ya no le temamos a la ciencia, pero la ciencia todavía nos está destruyendo. La ciencia ha impedido la supervivencia exclusiva de los más aptos, que fue lo que nos llevó hasta aquí. Alguien como yo –débil, hiperalérgico, sin una sola destreza de supervivencia fuera de las cuatro paredes de una casa– no hubiera durado 15 años hace unos cuantos siglos. Pero la ciencia, a través de la medicina, se asegura de que los más débiles sobrevivan para reproducirse y seguir transmitiendo sus genes defectuosos. Mientras tanto, nuestra obsesión antiséptica nos vuelve cada vez más vulnerables a las bacterias, que siguen evolucionando a pesar de que nosotros no, y la mediocridad crece desproporcionadamente sobre su opuesto, porque la gente educada cada vez se reproduce menos, mientras los demás lo hacen exponencialmente.

  3. gueno gueno, algunos dirán que todos somos nietos de Freud e hijos de Lacan. no tenemos que esforzarnos mucho para señalar que desde “La sombra” de Pérez Galdós a Dr Jekill y Mr Hyde, pasando por Kafka, hasta “El extranjero” de Camus, los monstruos son desdoblamientos del Yo, fieras sicológicas. Sin embargo, opino que hay una vertiente CiFi muy ligada al cine, con unos componentes teo-sicológicos interesantes, comenzada quizá con Metrópoli (el intermediario entre el cerebro y la mano debe ser el corazón? what the fuck? dios=cerebro + hombre=mano = corazón= máquina??) de Fritz Lang , yendo hasta Blade Runner, y pisoteando el existencialismo sartreano, y llegando hasta Alf, sí , dije Alf, y Robocop, sí, dije Robocop, en la que el sujeto es el sujeto con sus prótesis, y en la cual el hombre se convierte en monstruo porque quiere y convierte a los monstruos en sus ídolos porque quiere también. No les resulta familiar la imagen de una actriz que perdió sus piernas a causa de diabetes y que es la imagen símbolo de no se cuántas campañas de financiadoras boricuas, fiestas patronales, telemaratones, direcciones de cine locales? Si ella, que nunca fue buena actriz antes de su trágica amputación, que no era figura de culto ni de superación antes de la extracción de sus extremidades, hoy es la protagonista de un sinnúmero de campañas y tiene más trabajo y dinero que nunca antes en su vida. No digo que esa persona no merezca tener una vida después de su intervención quirúrgica, pero para mí superación implica no hacer mella en el elemento que te incapacita, o sea, en su caso implicaría representar un papel histriónico que dejara a todos lelos sin que nadie se percate de que le faltan dos piernas, o que nadie incurra en ese dato a la hora de hacerle una reseña. Ese no es el caso. Leyendo los periódicos de la Isla me quedo morbosamente impresionada al ver cómo le celebran haber sacado la licencia de conducir que nunca sacó antes de tener sus dos prótesis, llego a la conclusión de que a todas luces es una figura morboso convertida en heroína. Cuando escribí aquella cosa de las contraseñas, me sentía algo mosntruosa, algo ligada a un montón de cifras abstractas, algo así como inservible o inútil sin todos esos códigos, algo así como llena de prótesis qe no perteneces a mi cuerpo, algo así como monstruosa.

  4. Sí, necesitamos a un Otro, monstruoso, que nos refleje a nosotros mismos. Lo que pasa es que ninguno de esos monstruos nos da miedo. Miren a Mara, todo un monstruo con prótesis cibernéticas y aún así nos sigue pareciendo de lo más bonita.
    Ah, y comparto todo el pesimismo de Axel. La solución según Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios, es envenenar las aguas con cianuro para que todos los miserables del mundo mueran y así no se reproduzca la pobreza. Pero, la verdad, ni eso me alarma

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