El sueño del regreso balanceado retorno*

Hace doce años, el público seguidor del cine puertorriqueño se montó en un avión con destino a Nueva York. Lo peligroso de emprender el viaje de vuelta al terruño natal es enfrentarse ese gran miedo a que el ansiado retorno se convierta en retroceso, y el terruño en un terreno difícil de pisar.Lo mismo le sucede al espectador de El sueño del regreso, filme cuyos elementos luchan constantemente contra el temor a defraudarlo, en ese periplo que suelen ejecutar las segundas partes que le huyen a sus antecesores fílmicos. En este caso, se trata de La guagua aérea.

La premiere de la película se exhibió en la noche del martes en el Museo de Arte de Puerto Rico, en San Juan, donde se reunió un público de invitados lo suficientemente sensibles como para escapárseles lágrimas en las clichosas escenas dramáticas y risotadas en las cómicas.

No es de extrañar que la producción del publicista Leslie Hufstetler haya sido atribuida en numerosas ocasiones a Luis Molina Casanova, su director: los trazos de una dirección pensada se destacan en el ritmo fluido que logra la efectiva combinación de narrativa y diálogo. Se explicita así una conexión evidente con la primera parte.

Las actuaciones son, también, signos más de regreso que de retroceso. Con la carta ganadora de la comedia a lo boricua, los desaciertos de la historia se compensan gracias a la indulgencia provista por las caracterizaciones de Gladys Rodríguez (“Carlota Stonebridge”), Awilda Carbia (“Matilde”), José Félix Gómez (“Rodolfo” ), Teófilo Torres (“Baldorioty”), Jonathan Dwayne (“Chris”), Luisa de los Ríos (“Leonela Matamoros”) y la agradable dosis de sentimentalismo provisto por Sara Jarque (“Sara Cristina”).

Reconocido el riesgo de realizar una continuación con los mismos personajes, la trama opta por lo que podría denominarse una “secuela temática”. La historia, original de Luis González Argüeso, gira en torno a un grupo de boricuas diasporados a Nueva York, quienes ganan un viaje gratis a Puerto Rico, resultante en una mixtura de miedo y contentura.

La presentación de esos sentimientos al principio de la cinta, sumado a la sombra de “La guagua aérea” —y de Luis Rafael Sánchez, autor de la historia original—, promete al especatador una trama centrada en el contacto con el “puertorro de acá”, lo que permitiría dejar claro lo tortuoso de una experiencia que a la vez trae felicidad: el regreso a la patria.

En efecto, éste se da, pero, a mitad de la película, la insistencia en el dramatismo parece disolverlo.

Aunque quizás sea uno de sus pocos fallos, este accidente en la trama es demasiado evidente. Y la jocosidad de los chistes y refranes boricuas en boca de niuyoricans, aún sin tener que envidiar a la de Luis Rafael Sánchez, se ve afectada por la insistencia en el drama melódico.

De ese modo, el conflicto se centra demasiado en la sicología de los personajes. Expresión definitiva de este error fue el trillado recurso de ponerlos a hablar sobre sus problemas, reunidos en círculo, al final. Consecuentemente, terminan hablando solos, demasiado desviados hacia lo interno, y se imposibilita la identificación con el espectador, quien se los imaginaba en enfrentamientos “violentos”, en cuanto a las emociones, por el rechazo o mirada compasiva y extrañada de familiares, vecinos e incluso nuevas políticas y políticos puertorriqueños.

Ya de entrada, se observa la fibra didáctica en la simbología de los nombres, que en la película se tradujo en una tendencia a explicar en lugar de sugerir: Hostos, Baldorioty, Cristóbal Colón. Así, las reflexiones ensayísticas sobre la “cultura” son recurrentes, aunque aceptables si se toma en cuenta que la sicología de personajes como “Carlota” exige ese grado de plasticidad aun en la cotidianidad.

La moraleja, característica del cine hecho aquí, tampoco pudo faltar; en la elegancia de la actuación de esta actriz, no obstante, se aguanta.

Como suele ocurrir, los grandes aciertos se escondieron en las tramas secundarias, uno de ellos el retrato que de la imprudencia boricua perfeccionaron Awilda Carbia y Gladys Aguayo. Inevitable olvidar a las dos hermanas viudas y ancianas, una puta y la otra casta, la casta regañando a la puta y la puta incitando a la casta.

También es de elogiar la ausencia de titubeo al mostrar lo negativo de la indiosincracia puertorra, de lo cual destacó la facilidad para prejuiciarse y enjuiciar a los demás, presente en “Leonela” y “Chris”. La falta de respeto por la libertad del otro para ser quien es está muy explícita también: ese obligar disfrazado de persuasión preocupada, presente en trivialidades tan simples como ver a un grupo de desconocidos (las cinco familias) convencer a “Chris” de quedarse cuando quería irse; y en el entrometimiento de éstos en la vida pasada de Rodolfo.

Al cliché que se asume como tal se le perdona como tal, como fue el caso del relato de “Carlota”, la ex madama transformada en “hada madrina” de la alcohólica “Sara Cristina”. Fue esta última una de las más interesantes, quizás por su condición de intelectual acuciada (y asuciada) por la falta de empleo, conducente a la casi vagabundez. ¿El remedio para la destrozada vida de ambas? La satisfacción de la caridad seudo cristiana.

Cabe señalar que, para darse cuenta de estos detalles, no obstante, hay que luchar contra ese bien logrado efecto sensibilizador que hace a esta película digna de ser vista y revista. Los chistes no están tan mongos después de todo, aunque den ganas de extrangular a Raymond Arrieta en su futilidad para hacer reír.

El filme, para el cual se invirtieron aproximadamente $2 millones, se estrena hoy, jueves, 22 de diciembre, en las salas de Caribbean Cinemas de Puerto Rico.

*Otra versión de esta reseña fue publicada originalmente en el periódico Primera Hora, San Juan, Puerto Rico.

2 pensamientos sobre “El sueño del regreso balanceado retorno*”

  1. esto se merece una danza:

    tibio sol
    de borinquen
    suave briiiiiisa tropical
    ERES MI CANTAR
    cielo azul
    dea
    ma
    ne
    cer
    CANTO POR NO LLORAR!!!!!!!
    sufro
    por tu dolor
    borinQUEN MIA TIErra de mi corazon
    (para leer pensando en las manos de Carmen Acevedo Lucio, las mayusculas leanse como un crescendo)

  2. jejeje Gracias por la musicalización, Racamarie.
    Parece hábito de este site el que algunos comentarios sean mejores que los textos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *