El séptimo arte, mi papá y una nostalgia

Acabo de descubrir una video tienda en Río Hondo donde hay un montón de películas extranjeras que quiero ver. Soy una cinéfila sin interés en la rehabilitación. El apremio es claro, tengo que ver al menos dos buenas películas al mes. Esta adicción se ve afectada en la época veraniega, cuando Hollywood se empeña en traer películas de grandes presupuestos, guiones inexistentes de tan absurdos que son, y actores de renombre que prostituyen el arte por unos milloncitos. Por suerte, Fine Arts sigue existiendo (aún no me recupero del cierre de Ballajá), y ya con la película china The Beautiful Country, el panorama tiene signos de mejoría. Debo confesar que Crash me sostuvo por buen rato. Si no la han visto, es una película que juega con los prejuicios raciales y sociales, pero desde una perspectiva de muchas vidas hilvanadas a lo Pulp Fiction o Run Lola Run, y aprovecha los prejuicios que uno tiene como expectador. Expresa de forma muy acertada esa naturaleza tan humana de ser capaz de los actos más nobles y, unas horas después, de los actos más abominables en la faz de la tierra. Da al traste con la idea del maniqueísmo y nos propone la dualidad creadora/destructora del ser humano. En fin, que resultó una película muy orgásmica para mi cerebro. Pero no es por eso que estoy frente al monitor y Frida paseándose por mis piernas. Estoy para contarles cómo descubrí el cine.

Si busco en mi memoria, saltan muchas películas buenas, malas y excelentes, pero entre las más viejitas está Jaws. Aún después de la película podía escuchar el latido del corazón acelerado, fueron muchas noches en las que escuchaba la tubería detrás de mi clóset y temblaba porque pensaba que Jaws vendría por la tubería del baño, rompería la pared y trataría de comerse a mi familia. Y claro, yo tenía un plan, empujaría a mi mamá a la boca del tiburón y como ella era gordita, Jaws se despistaría un poco, dando tiempo a que mi papá y yo nos salváramos. Mi psicoanalista se dará gusto con esta imagen freudiana. No es que quisiera más a mi papá (bueno, tal vez sí). Es que mi papá era el vínculo que tenía con el cine y con el mundo exterior. Aunque las películas eran clasificadas R, mi papá convencía al de la taquilla que me dejara pasar, porque aunque era una enana escuálida, tenía mucha fuerza para no dejarme impresionar. Vi tantas secuelas… todas las de Freddy Krueger, Die Hard, todas las películas de Sylvester Stallone y Arnold “Chuazeneguer”. Era mi salida con quien pensaba el hombre más fabuloso del mundo. Todavía puedo sentir el piso pegajosísimo del cine Isabela, el abrazo de mi papá cuando olvidaba el abrigo, la complicidad deliciosa de colar dulces en los bolsillos para no tener que gastar mucho. Gracias a Papi (Toño Castro, como le dicen en el barrio), no le tengo grima a ninguna imagen cruda, tengo un estómago de piedra y nada me asusta. Luego vino la universidad y de la mano de mi gran amiga Dey, empecé a descubrir el otro cine, el cine con idea y contenido. Descubrí un hoyo gigantesco, cuando ella, estudiante de cine, me preguntó si había visto Cinema Paradiso, Life is Beautiful, Delicatessen. Por supuesto, ahí descubrí que el criterio de mi papá en cuanto a películas era un poquitín malo. Junto a Dey vi montón de películas, descubrí el Cinema Fest y Cine Video y me acostumbré tanto a los sábados de Fine Arts: levantarse a las doce, desayunar, ponerse los mahones, el abrigo y los tennis, parar en Quiznos a comprar una galleta de chocolate chips y en la farmacia para la leche y luego nos íbamos con la leche escondida en los bultos al cine. A veces salíamos frustradas y un poco confundidas de una Mullholand Drive cualquiera, pero en las nubes con películas como Amelié, El hijo de la novia y otras tantas. Hoy sábado me muero de ganas por volver a esas tardes en que siempre anochecía al salir del cine, nos montábamos en la guagua 1 y, mientras tomábamos algo en la Plaza de Armas, hablábamos tantas cosas, ella de cine, yo de novelas, de nuestras ansias de ver mundo y recorrer carretera. Ella ahora mismo está en algún sitio de Bogotá, Colombia terminando su segunda maestría. El cine siempre ha sido complicidad, me ayuda a ver el mundo, me ayuda a acercarme a la gente que amo. Me muestra que siempre se puede contar una buena historia con las imágenes acertadas. Ya no voy al cine con Dey, sigo llorando y pensando en las películas semanas después, ya no me gustan las películas de acción y las de misterio me dan mucha gracia por lo malas y predecibles (exceptuemos The Sixth Sense) que son. Sin embargo, hace poco guardé en mi diario de cine las contraseñas de Stealth. La película era mala, pero mi papá, retirado y en proceso de divorcio, la disfrutó mucho y me echó el brazo cuando empecé a temblar de frío. Ahí se desvaneció la idea de su mal criterio respecto al cine, y espero con ansias su próxima visita. Esta vez no voy a necesitar que me cuele, y el popcorn lo pago yo.

7 pensamientos sobre “El séptimo arte, mi papá y una nostalgia”

  1. Para mí, “Pulp Fiction” y “Run, Lola, Run” no tienen que ver con el estilo de “Crash”. Si vamos a hablar de películas de vidas que se hilvanan, hablemos de “Amores perros” y “21 Grams”, que, de todos modos, pecan de ser el mismo concepto por el mismo director. Una estaba bien, dos… bueno. Pero una tercera con el mismo concepto ya es falta de originalidad, considerando que el concepto se supone que es algo sorpresivo y original. Como dicen en inglés, “two’s company, three’s a crowd”.

  2. Y creo que son más de tres, de todos modos.

    Awilda, lo que me divirtió de este texto, es la nostalgia que muestra por una época que en realidad fue en los últimos cinco años. Hablas de películas del 2002 y 2003 como si le contaras a generaciones futuras que no las recuerdan. No sé si es que añorar una época la hace ver más lejos, o algo así.

  3. Me las cuento realmente a mi misma para que no se me olviden, las películas fueron un pretexto para mover mis nostalgias, es todo. Lo primordial en este escrito no son las películas…anyway. :)

  4. Yo pienso, sin embargo, que nunca se trata de tema ni de técnica. Después de todo, si nos persiguen los posmodernistas gritándonos a latigazos que todo está hecho, que como dice la Biblia: ¨no hay nada nuevo bajo el sol¨, entonces el arte de estos tiempos nada tiene que ver con eso. Tiene que ver, creo yo, con cómo mezclamos o purificamos todos los elementos de un medio artístico, y con cuál es nuestro discurso. Para mí, las películas que hilvanan las vidas de personajes (como ¨Pulp Fiction¨, ¨Run Lola Run¨, ¨Amores perros¨, ¨21 Grams¨, ¨Crash¨ y otras más), pueden ser parte de lo que en artes´plásticas se conoce como una ¨propuesta de vida¨, o un ¨vocabulario artíticos fijo¨.

  5. “Para mí, las películas que hilvanan las vidas de personajes (como ¨Pulp Fiction¨, ¨Run Lola Run¨, ¨Amores perros¨, ¨21 Grams¨, ¨Crash¨ y otras más), pueden ser parte de lo que en artes´plásticas se conoce como una ¨propuesta de vida¨, o un ¨vocabulario artístico fijo¨.”

    David Caleb:

    Este comentario tuyo me ha parecido de lo más valioso. Deberías escribir algo al respecto. No sé, tal vez de los puntos de convergencia entre las artes plásticas y la producción literaria o, tal vez, cuál es la “propuesta de vida” en tu literatura. Como que me quedé con ganas de leer un ensayito al respecto.

    Abrazos,
    Raquel

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