El performance del adiós, la fantasía del artista y la supuesta condena

He estado condenado a repetir
los rostros
de los reyes que pierden
una guerra,
o las avergonzantes muertes en la Isla,
el buque de petróleo derramado,
los pájaros marinos
aleteando a la orilla de tu pubis secreto.
Miguel Ángel Náter, Esta carne proscrita (Isla Negra Editores, 2005).

Aprovecho el vigésimo aniversario de la muerte de Italo Calvino (septiembre de 1985), y la escritura de sus “Seis propuestas para el próximo milenio”, que en este blog deberíamos leer todos al unísono, como si fuéramos Oprah Book Club, para despedir al queridísimo compañero David Caleb –si es que no se arrepiente de lo dicho–, y me permito una cita extensa para ello:

La fantasía del artista es un mundo de posibilidades que ninguna obra logrará llevar al acto; aquello que experimentamos al vivir constituye otro mundo, que responde a otras formas de orden y de desorden; los estratos de palabras que se acumulan en las páginas como estratos de colores en la tela son a su vez otro mundo, también infinito, pero más gobernable, menos refractario de una forma. La relación entre los tres mundos es ese indefinible del que hablaba Balzac; o mejor, diremos que es indecidible, como la paradoja de un conjunto infinito que contiene otros conjuntos infinitos.

Indefinible será para nosotros tu insistencia en querer postear dos veces tus escritos, David de nuestros desvelos. Indecidible en estos momentos será la posición que asumas en un futuro sobre la posibilidad de regresar a este espacio para postear escritos originales, esfuerzo que hacemos todos los demás para no cansarnos del bis y respetarnos como lectores. Detrás de la cortina es Detrás de la cortina y Derivas es Derivas. Son dos conjuntos infinitos dentro de otro que no tienen por qué juntarse. Dentro de la deseable gobernabilidad de tus fantásticas rabietas con nuestro editor, me encantaría que fuese posible la separación de los tantos mundos, algo imperativo para los que queremos leerte no repetido. Renovado. Los estratos de los tantos colores que sabemos que te alumbran no permiten que sea menos.

Regresando al poema de Náter, y mezclándolo con la teoría de Calvino, queridísimo David, sólo recalco que la arrogancia que supone la urgencia de escribir antes de que nos toque la muerte hay que matizarla con la humildad que supone también repetir un matra como el tuyo: ése que se jacta de poder liberarnos de la tentación de volvernos polvo por culpa de otro (editor o raso), por supuesto, no del yo, que nada tiene que ver con la imposición de la supuesta condena.

Un pensamiento sobre “El performance del adiós, la fantasía del artista y la supuesta condena”

  1. Gracias manuel. Eso fue consolador. Y gracias tambi’en, por tus llamadas telefonicas a las 10:00pm confirmando que no haya hecho un “michael act”. Te quiero mucho. Nos vemos detras de la cortina de “Management”.

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