El pecho que mana leche

A mi hija Aurora, a Mayra Santos-Febres, a Bárbara Forestier

Semana Internacional de la Lactancia, agosto 1 al 7 de 2005

Anoche mi hija lloraba y tosía. Los mocos, en clara rebeldía, reclamaban su espacio hacia todas las partes de su rostro menos en donde deberían quedarse: dentro de su nariz. Las primicias de un catarro hacían su agosto con ella. La flema no le dejaba conciliar el sueño y el ronquillo le hacía competencia al ronroneo del aire acondicionado, que dicho sea de paso, tuve que apagar para que el ataque de tos no fuera tan mayúsculo. Rodaba intranquila, de un lado a otro de la cama, junto a mí. Había abandonado su cuarto porque bien es sabido que las mongas, los golpes y las caídas de infancia se pasan mejor en la cama de los padres.

En mitad del lloriqueo se apretó a mí y me levantó la blusa. Se puso a mamar de mi seno izquierdo. Mi hija va a cumplir próximamente siete años.

Me sorprendieron dos cosas. Número uno: que quisiera lactar después de tanto tiempo. Yo la alimenté al pecho por un espacio ininterrumpido de cuatro años. Su primera mamada la tuvo justo a los segundos de habérseme salido del cuerpo, en la sala de parto. Me la pusieron encima para que la viera, y todavía ensangrentada y con la piel multicolor, abrió grande la boca y se metió el pezón entre los labios. Para mí fue un episodio mágico que nunca olvidaré. Mi hija, que acababa de nacer, me estaba dando la primera lección sobre lactancia justo en aquel momento.

Para destetarla yo había inventado una celebración con bombas, bizcocho, helado, juguetitos y hasta piñata. La llamé la fiesta del destete. Invité a todos sus amiguitos del prekinder, y su padre y yo le explicamos que después de aquel día, ella ya era grande, y por ende los niños grandes ya no tomaban teta. Funcionó por cuatro días, luego de los cuales regresó a mamar, pero con menos frecuencia, como si ella misma se diera cuenta de que ya se le había pasado el tiempo y que debía dejar aquella costumbre. Poco a poco las amamantadas se circunscribieron solamente a la alimentación nocturna, antes de acostarse, hasta que finalmente, al cabo de unos seis meses quizás, dejaron de ocurrir.

Sin embargo, cuando pasaba un mal rato en la escuela, o se sentía ansiosa por alguna pesadilla o cualquier otro evento, mis pechos se convertían en el refugio de su consolación. Con todo, esta actividad también cesó por completo al cabo del tiempo. Por eso me sorprendió tanto el suceso de anoche.

Lo segundo que me sorprendió fue que en efecto me saliera aún leche para consolarla. Cuando la vi colocarse en posición para lactar, le dije medio en broma que mis pechos se habían secado. Ella rió y me dijo que no. Cuando la vi chupando, dudé. Le pregunté si salía algo y contestó que si. Incrédula, me tomé el pecho izquierdo, siempre su favorito desde que era chiquitita, y lo apreté. Y allí estaba. El liquido blanquecino. ¿Cómo era posible aquello? Por espacio de dos años mi hija no se había arrimado a mis tetas, y yo no había tenido “accidentes” que incluyeran desbordamientos. Todo parecía demostrar que yo no tenía leche en mis adentros. No me había preparado para aquella equivocación.

En occidente las mujeres reciben exhortaciones contradictorias respecto a cuándo deben dejar de lactar a sus hijos. La Academia Americana de Pediatría recomienda suspender la lactancia al año, y la unicef recomienda al menos dos años. Por otro lado, hay muchos pediatras que consideran que seis meses es más que suficiente y otros profesionales de la salud cuestionan los motivos de las mujeres que amamantan a sus hijos más de ese tiempo.

Cuando yo lactaba a mi hija, y la veían tan grande, las personas ponían todo tipo de caras y emitían toda suerte de comentarios respecto a que mi proceder era una pocavergüenza. Sin embargo, su desempeño social, académico, emocional y el hecho de que no se pasa la vida en el hospital como otros muchos niños, es un beneficio de esa época de “pocavergüenzas” durante la cual fui discriminada y prejuiciada por extraños inescrupulosos y hasta por familiares ignorantes. Hay muchas mujeres hoy día que ocultan que amamantan a niños mayores para evitar la desaprobación de la sociedad, la censura de hombres de ciencia e incluso el reproche de miembros de la familia. Te hacen sentir que estás criando mangansones sin propósito y que exageras un proceso que debe limitarse al tiempo acordado por un libro de medicina. Desconocen que existen estudios antropológicos de culturas no occidentales, en donde se prueba cómo las mujeres amamantan rutinariamente a sus hijos hasta inclusive los siete años.

En la página cibernética de La Liga de La Leche aparece un extracto de la Dra. Katherine Dettwyler, que orienta sobre las diferentes concepciones del destete, basado en diferentes aspectos y una minuciosa observancia a otros mamíferos. Ella asegura que se puede uno fijar en otros animales para determinar cuál debe ser la edad apropiada de destete de los humanos modernos si no estuviera modificada por motivos culturales. Aclara algunas concepciones erróneas sobre el tema e ilustra de manera objetiva y amplia, para que se tome una decisión informada.

No estoy abogando para que lactemos a nuestros hijos hasta su quinceañero, espero que no se malinterprete lo que trato de comunicar. Lo único que exijo es respeto por aquellas madres que eligen voluntariamente estirar el tiempo de lactancia según sus propios criterios y necesidades. Todavía no se ha sabido de suicidas por culpa de haber lactado hasta los nueve años, o por muerte provocada en exceso de lactancia materna. So pena de que le llamen a esto una completa barrabasada, yo volveré a brindarle las tetas a mi hija cuando ella así las necesite para consolarse por sentirse enfermita, para relajar su estresada vida que corre a la par con el mundo tan alterado en que vivimos, o sea que únicamente necesite ese calorcito de su mamá.

7 pensamientos sobre “El pecho que mana leche”

  1. Muchas veces yo misma he hablado de lactar a mis hijos más de un año (mucho más) y no lo han recibido con agrado. Incluso gente inteligente. Piensan que los niños grandes que lactan se convierten en “freaks” o se vuelven gay. No estoy exagerando; mi mejor amigo en la escuela lactó a los 5 años porque su hermanita no podía (y la leche se salía irremediablemente, alguien tenía que tomársela). Muchas personas han atribuido su homosexualidad al contacto “inusitado” que tuvo a su madre y sus senos cuando era un niño bastante mayorcito ya.

    Hay quien alega que todos los médicos tienen una opinión distinta y que ninguna termina siendo la correcta, y que, por lo tanto, no nos podemos dejar llevar por los que dicen que lactar más de un año es bueno. Supongo que no es muy bueno tener niños de escuela elemental dependiendo de la teta, tomando en cuenta que se trata de un hábito que hay que superar eventualmente para adaptarse al vaso.

    Me alegra que hayas escrito sobre esto, tú, una madre, una lactante consumada, una persona inteligente de opinión respetada. Porque tengo “issues” serios que me ayudas a defender. Primero, creo que sólo la madre puede decidir el tiempo de lactancia. La teta que será mamada es la de ella, y no la de su mamá, hermanos, esposo, doctores, vecinos, etc. Segundo, que nadie tiene derecho a interferir en la relación entre madre e hijo, de la cual dar la teta es una parte fundamental. De hecho, creo que las madres que se niegan a lactar por comemierderías o porque no tienen tiempo (excluyendo a las que no lo pueden hacer por razones de salud, claro) no desarrollan lazos tan fuertes con sus hijos. Tercero, y el más importante… es más, necesito un párrafo aparte.

    Si el ser humano necesita dizque cuatro vasos de leche diarios a través de su vida, ¿por qué diablos deja de mamar? Si hay que seguir tomando leche, ¿no es lo más lógico tomar la que sale de la misma especie, como los demás animales? ¿Qué mejor leche que la diseñada por la naturaleza para cada animal específico? No se puede tener fábricas de leche humana para venderlas como se vende la de vaca, ¿pero qué necesidad hay de venderla si la madre se la puede sacar? No hay ni que estar mamando, hay máquinas, eso todo el mundo lo sabe. Y no sólo las máquinas esas gigantes eléctricas, las hay manuales y pequeñas. ¿Qué nadie vio “The Hand That Rocks The Cradle”?

    Gracias por escribir esto, Yolanda. Pruebas que no estoy loca.

  2. Me pregunto con cuanta frencuencia ocurrirán estos eventos (el cuerpo hasta cierto punto, detectar que alguien necesita de el?).

  3. Isabel, agradezco tu nota y soy solidaria con lo que sientes. No cielo, no estás loca. Estuve en tus zapatos alguna vez, decidiendo cuánto o cómo debería lactar, aún antes de pensarme embarazada. Como dije en mi escrito, mi hija me dio las lecciones más valiosas sobre lactancia. No el pediatra, ni el ginecólogo, ni siquiera mi coordinadora de lactancia.

    Tuve el inconveniente de que mi madre a mí nunca me lactó, y por ende se convirtió en mi peor contendiente cuando tuve a mi hija. Los mayores obstáculos provenían de ella, diciéndome que la nena no se estaba alimentando como era debido, que estaba desnutrida (a pesar de que duplicaba y triplicaba su peso cada semana y ostentaba unos rollitos preciosos), que se le caería el pelo o que su masa ósea sufriría por mi irresponsabilidad, todos ellos mitos sin fundamento inventados por una generación de progenitoras que alimentaron con fórmula, apoyadas en la conveniencia y la comodidad predicada por los pediatras que así se lo informaban, repitiendo como papagayos lo que le decían las farmacéuticas por aquello de hacer cuota para pasearlos en crucero dos veces al año.

    Joel, es increíble cómo lo expones. Tienes razón. Es increíble como el cuerpo reacciona ante la necesidad que de él pueda tener un ser amado, en este caso, un hijo.

  4. “el cuerpo hasta cierto punto, detectar que alguien necesita de él?”

    O detectar que el cuerpo necesita algo. Hay veces que el cuerpo necesita cosas que creemos no necesitar. La verdad es que no sé si a los hombres les pase tanto. Pero el cuerpo femenino tiene muchas exigencias. ¿Recuerdas lo de que si las conejas no se preñan, cuando lo necesitan su cuerpo finge un embarazo? Bueno, es algo así. Las humanas no lo fingimos, pero lo soñamos. The clock ticks. Así que tu pregunta es interesante.

    La lactancia es como el mejor ejemplo de lo que dice Joel, porque cuando no se mama, deja de producirse la leche y ya. Quizás pase en situaciones extremas, un intercambio solidario entre dos cuerpos que no se da en cualquier momento.

  5. Me encanta el punto que trae Joel. No sólo en lo que respecta a la lactancia sino con respecto al cuerpo porque, sin lugar a dudas, el issue de la lactancia – el que se ha hecho, el que se nos ha grabado – tiene irremediablemente su raíz allí. Los hombres que otros hombres han llamado “grandes,” una vez dijeron que había que ser como niños. Un niño sabe lo que quiere y actúa sobre sus necesidades. Aurora necesitaba su lugar seguro y sabía que podía contar con Yolanda para eso, no big issue, algo normal. No le tenía miedo a ese otro cuerpo que estaba a su lado, ni a aceptar lo que el suyo quería. En este caso el miedo no estaba en Yolanda, pero en muchos otros habría sido la madre la que hubiera reaccionado contra una acción tan “depravada” y “contra natura.” No me lo invento, como madre lactante he escuchado cuanto “consejo” pueda haber. Desgraciadamente hace 17 años cuando mi hijo mayor nació, en este respecto nuestra isla era otro mundo – aún así lo lacté y supe lo que era llevarlo por todos sitios envuelto en una sabanita para que nadie viera mis “áreas vergonzosas.” Les juro que así les llamaba (y les llama aún) mi suegra.

    Estoy totalmente de acuerdo con Isabel en que el cuerpo femenino es otra cosa – por eso me gusta tanto ser mujer, pero también tengo que decir que tiene mucho que ver la forma en la que se nos enseña a hombres y mujeres a vivir el cuerpo. Me da con pensar que aún fisiológicamente el hombre se cree que es el llamado a dar y la mujer se cree que es la llamada a recibir. A eso le sumamos las mil reglas que nos dicen cómo se debe sentir “x” o “y” cosa y que respuesta debe tener en nosotros. Por eso terminamos con gente, como las he escuchado yo, que a mitad de su vida deciden darse “permiso para sentir,” por primera vez… es triste. A mi, les confieso, me da coraje. ¿En qué cabeza cabe que alguien tenga que darme permiso para que mi propio cuerpo sienta o definir qué es lo que deba sentir?

    A veces no podemos darnos cuenta o aceptar que alguien necesita de nosotros, aún más de nuestro cuerpo, porque nos hemos desligado de él, no lo escuchamos, no queremos que entender los mensajes que nos da. Hay cosas que vienen grabadas en el sistema operativo, por decirlo de algún modo, que nos corre como humanos. Si el programa no las recibe, corre un programa alterno, pero lo perfecto era que se recibiera. Por eso hay tantas mujeres que anhelan ser mamás – aunque eso es otro punto, hay muchas mujeres que por el condicionamiento social no se sienten completas si no lo son, mujer se es siempre, no hay que ser madre para serlo. Por eso es natural que las mamás quieran acercarse a sus hijitos, tan cerca que no haya nada entre ellos y nosotras, piel con piel. Pero también es cierto que se nos enseña a ser mujeres y se nos enseña a ser mamá y que caminar en contra de la corriente para muchos es el camino más difícil. A mi, como me encanta el cuerpo, no me molesta chocar con los demás. La decisión de lactar o no lactar siempre tiene que ver con el cuerpo y la concepción que tenemos de éste. Siempre me gufea escuchar a una mujer que me diga que no lacta para que no se le caigan, o sea, que no lacta para que otro la considere joven, linda y quiera usar su cuerpo. Así mismo, una muy buena decisión propia. De verdad que la lactancia parecerá no ser un issue tan grande, pero entiendo que es una de esas pequeñas batallitas que tenemos que ganar.

  6. pues yo no podria decir los mismo mi mama me dia de mamar hasta los 2 años ya que esperaba a mi tercer hermanito, y aunque yo no tengo hijos, tube un aborto probocado a los 16 años y hoy en dia tengo 20 y debido a eso no he podido tender bebes, aun que todavia no es el tiempo pero mi esposo dice lo contrario, pero aun estoy un poco confundida por que mis senos estan lactando sin tener hijos y menos que no estoy embarazada, no se que podria hecr en ese caso ya que no tengo con quien hablar de eso por que me daria pena que otra persona lo lleggue a saber e incluso mi esposo

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