El país amarillo

Es un país singular y bastante curioso. Un país en donde se conmueve la población por las inundaciones de New Orleans después del huracán Katrina. Un país en donde se indignan pocos ante las declaraciones de que no se ha enviado ayuda suficiente porque lo que hay allí son un montón de negros apestosos. Un país que se apena por la inminente bancarrota de Ivette Cintrón luego de toda su liposucción, y un país que simpatiza cuando Peter Hance expresa —luego de haber librado la muerte— que el hijo que tuvo su “amiga con privilegios” no es de él, porque él borracho no eyacula y ellos estaban ambos borrachos, y cuando despertaron y lo volvieron a hacer, él no se vino adentro. La cara de Carmen Jovet ante tantas sutilezas parecía un poema, e igual el país seguía con aquella tonalidad.

Un país que tiene una yegua extraterrestre y que cobra $25 para dejarla ver a los incautos. Un país con un proyecto para construir un aeropuerto intergaláctico y una montaña llamada El Yunque que guarda en su interior una ciudad de cristal, según las declaraciones de gente que ha sido secuestrada por ovnis y a las que les han dado trillitas más allá de las pléyades. En fin, un país amarillo pollito. Bien amarillito. Amarillento. ¿Amarillista?

3 pensamientos sobre “El país amarillo”

  1. ¿Innovadora la propuesta de las vanguardias históricas y artísticas? No creo. Debemos hacer un Manifiesto Surrealista Criollo…”El país amarillo” o el epítome de lo absurdo… de lo fantástico…ETC…¡Esto es Puerto Rico!Mola mucho ¿no?…E

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