El mal (bailando con el diablo)

De curiosidad en curiosidad, recordando pensamientos mientras me como solo un inspirador postre en un restaurante princetoniano, me topo con una frase de una película (no sé qué tan buena), titulada 8 MM: “In the dance with the devil, the devil never changes; the one who changes is you.”

Esta frase, un poco facilona, me trae a la mente algo que reflexioné hace algún tiempo, y que había olvidado ya: “el mal no permanece junto a lo que lo ejecuta, sino que se mueve, cambia de huésped”.

En este punto, no recuerdo bien cuál era el sentido que había encontrado en aquella reflexión. Creo que me refería entonces a algún caso terrorista (huésped preferido del mal en estos días) en el que el terrorista se convirtiera, luego del acto terrorista, en un héroe, ejemplo del bien. Tal vez pensaba en la canonización de Timothy McVeigh por parte de algunos sectores excéntricos, o en la de algún terrorista islámico por algún grupo fundamentalista. El asunto es que una vez que el mal se ejecuta y logra su objetivo, deja de ser el mal para convertirse en la carnalización del nuevo bien. Esto se logra básicamente por un dispositivo histórico en el que lo malo, al adquirir popularidad, se va convirtiendo en el parangón de lo bueno. Lo malo organiza la nueva moral y el Mal, cambia de huésped.

Esta idea me da la impresión de que está relacionada a la lectura que hice de La genealogía de la moral de Nietzsche, pero no logro precisarlo bien y no quiero indagar mucho en este pequeño momento de descanso, en este restaurante estudiantil. Tan sólo quiero airear un poco la mente, sin concentrarme mucho.

Por lo tanto, me muevo de Nietzsche y caigo, ¿cómo no?, a La transparence du Mal de Baudrillard, en la que el Mal no es el contrario del bien, sino que es un Principio de Incertidumbre, un desestabilizador de todo orden, bueno y malo, y como buen desestabilizador, no tiene motivo alguno. Un mal sin motivo. Un terrorista contra la causalidad.

Por aquí voy cuando me sucede algo terrible que interrumpe mi desorganizado pensamiento. Algo sumamente perverso, una esencia pura del Mal. Inocente víctima de los bailes diabólicos, tan sólo me queda preguntarme ¿qué posible motivo, qué clase de pasión terrorista, qué proclividad terrible a la desestabilización de mi orden mental habrá llevado al camarero a retirar el último bocado de mi Triple chocolate brownie with ice cream mientras descuidaba el plato entre pensamientos bailarines y diabólicos?

2 pensamientos sobre “El mal (bailando con el diablo)”

  1. Que cojones…ni la maldad se zafa de la institucionalización. El mal canonizado deja de ser mal. He pensado que el mal se a alojado en mi cuerpo por algún tiempo…pero no estoy segura. Es como si nadie se fijara en mi maldad. Tengo cara de buena. Eso sí, lo del camarero está cabrón. Eso no se perdona. Nadie tiene derecho de retirarte el postre, y más si es de chocolate. He ahí el ejemplo de la maldad.

  2. brownies, brownies, brownies a la mode, pecado capital, así que el mesero -a fin de cuentas- es asceta y es verdugo.

    Margarita de los Dukes, cómo va esa estancia?

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