El intruso

Bien podría haber salido volando por el windshield de un automóvil a los cuatro años de edad como haber amanecido encima de la estufa con las marcas circulares de la hornilla cementadas en el cachete como puede haber sido aruñado tenazmente como parte del ritual de iniciación de un grupo selecto de chicas con miras de militar entre las filas de una pandilla escolar, no importa, el caso es que las cicatrices le pican. Utiliza un pañuelo bordado que humedece con el chorrito de la fuente en el pasillo y lo frota en círculos concéntricos mientras boquea canciones de radio en lo que la picazón remite. La piel cicatrizada conserva un olor a yodo y vendajes. Rascarse implica liberar ese hedor y dejarlo que ronde por los pasillos de las oficinas. Por eso el pañuelo. La piel cicatrizada implica una ruptura con lo que la mayoría de la gente entiende por cara o rostro. La cicatriz es un desasosiego estático; una desesperación suspendida y pendiente. Por eso las canciones de radio. Preferiblemente boleros raunchy que le acuerden al segundo y tercer botón del uniforme de la enfermera que lo atendió a raíz del accidente. Él se frota el cachete en círculos concéntricos como trazando botones de uniforme médico a punto de estallar por la presión del tetaje de la enfermera y ya la picazón y la humedad son otras. Vuelve a sí y se sorprende tarareando canciones de radio entre la gente caminando el pasillo, esperando impacientes para usar la fuente.

La voz en el contestador acrecentó su sospecha. Está conviviendo con un varón y son tan felices que se ausentan en plural: “No Estamos.” El individuo es un freak, no hay duda. Un hombre normal no tiene por qué grabar el greeting en la máquina de mensajes ya concluida su vida de soltero. ¿Pretenderá espantarme? Seguro le frustra que Inés reniegue todas las prendas íntimas de boutique que él le obsequia, y en vez entra al lecho con un pulóver de los Metros puesto. Será que el tipo puede hacer de todo en la cama siempre y cuando ella lo ayude a mantener su balance e Inés burlándose le comenta que si ella se acostara conmigo lo más probable tendría que usar equipo de rock climbing. ¿Pretenderá espantarme el muy cabrón? Presiona send de nuevo y efectivamente al quinto timbrazo el individuo está ahí cucándolo: “No Estamos.”

Quiere llorar. Tiene el móvil cogido por el pescuezo. Vuelve a oír en su cabeza el pito del contestador y no puede más: El aparato se parte de tres golpes contra el dashboard del carro y acto seguido abraza el guía desconsolado. De momento la cabina se ilumina. El color de la alfombra de su automóvil es casi indistinguible. Latas de pepsi, bolsitas de papas, servilletas, microcassettes, rollos de película, correspondencia y vasos de café inundan los interiores del carro. La luz merma y se oye el ruido de puertas. Él se seca las lágrimas de los ojos con el rabo malabotonado de su camisa y recompuesto se permite una sonrisa leve, complacida. Llegaron.

Si le preguntan, lo mismo dice que fue en el Golfo que en el parking de una disco defendiendo el honor de su pareja o de chamaquito el día en que logró botar a su viejo borrachón de la casa. Si le preguntan dice cualquier cosa con tal de salir del paso. Hace tiempo aprendió que las cicatrices y sus historias no son sexy en la vida real a menos que aparezcan en forma de lágrimas solitarias que sutilmente caen del ojo izquierdo o derecho de un hombre sensible y hacen plip en el mar sereno de sus mejillas.

Bien podía haber sido desfigurado en combate y debidamente galardonado con medallas y papeles firmados para probarlo, no haría diferencia. La cicatriz es una ruptura con la belleza promedio de un oficinista. Por eso nadie le cree que la mujer en la foto podría ser su esposa. Nadie le cree que una mujer así lo encontraría atractivo y digno de amor. Piensan que la cortó de un magazín; de la misma página del shopper con los cupones para pasta de diente. Lo miran con asombro mientras abre su gaveta superior izquierda y vuelve a sacar el windex y el papel toalla para nuevamente limpiar el vidrio del marco. Lo observan incrédulos durante el minuto y medio que le toma colocar la foto en el ángulo perfecto sobre el escritorio. Todos en la oficina le pegan los ojos, asqueados, al verlo entrar y salir del baño con la foto de la enfermera debajo del brazo.

Inés lo trataba como a un rey. Era su proyecto especial. El día que le dieron de alta, la enfermera le obsequió una caja de pañuelos bordados y se despidió de él con un medio abrazo que vacilaba entre la cortesía profesional y la ternura implícita en una enfermera de carrera. Él abandonó el hospital a regañadientes. Se pasaba la mano por el cachete tratando de precisar exactamente dónde la enfermera había dejado su huella. Salió de allí seguro de que había perdido el anzuelo. Tenía que ingeniarse otra manera de atraparla.

Los vio entrar a la casa agarrados de mano. Ella, nuevamente, hizo caso omiso de su presencia allí. Nada le hacía sentido. La voz del intruso retumbaba en su cabeza: “No Estamos.” Conque tratando de espantarme, y se bajó del carro.

3 pensamientos sobre “El intruso”

  1. Estimado Señor Gil:

    Debe escribir lo que le de la gana.

    Una cosa es decirle a alguien que no le gustó un cuento, otra es decirle que no intente de hacerlo. Es una actitud absurda.

    Leí el cuento y me interesó el personaje. Mi interpretación sería que el protagonista se causa una herida para poder interactuar con la enfermera. Un cuento de amor no correspondido. Creo que el punto de vista es excelente tema para un cuento y me gustó poder ver el proceso de pensamiento del personaje.

    Algunas cosas me molestaron. El narrador usa palabras en inglés que se ven fuera de lugar. Es una narración con buen vocabulario y creo que el uso de las palabras en inglés le quita. El personaje las utiliza y eso está muy bien , ya que ayuda a caracterizarlo. El cuento me confunde un poco, ya que el personaje parece tener la cicatriz desde un tiempo atrás. No sé si lo usas como una técnica para demostrar que la obsesión del personaje no es nueva. La última oración no me dice nada. Creo que cabe alguna clave para el lector para saber qué pasa después que se baje del auto.

    En fin, creo que el tema es excelente, pero el cuento necesita refinamiento.

    Sólo mi opinión. Usted decidirá si le es válida o no. De todas maneras, no deje de escribir lo que quiera.

    Saludos

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