El Final

Todo tiene su final
nada dura para siempre
tenemos que recordar
que no existe eternidad.
Héctor Lavoe

Es el final del mundo cibernético. The End. El momento cuando quien navega juzgará todo lo que ha visto, todo lo que ha encontrado, todo sus downloads. La Trinidización pixelada del mp3, el Blog y el txt. La Trojan Horse es una fémina minotauro en celo asediando a Asterión. Troyanos, gusanos, macrovirus, hoaxes. Una Deidad final que preside por sobre todos los seres sobrenaturales que abundan las páginas html y que recalcula el tráfico de visitantes y enlaces sobre enlaces en idioma sql. La última página de Internet ya ha sido creada, se esconde aquí. Y devela un mensaje secreto que pocos conocen. La puerta final de la red. Es el lugar a donde llegas cuando se te acaban los links, cuando has recorrido todos y cada uno de los enlaces de este universo hecho telaraña. Eres Teseo. Caminas en Tlön. Amas en Uqbar. Descansas finalmente en Orbis Tertius.

4 pensamientos sobre “El Final”

  1. Yolanda, si eso pasara, siempre existiran las hojas para escribir y las estrellas para leerlas. (ah! y el boton del “mouse”.. un suspiro.

  2. jum. De pronto me imaginé un mundo bien sci fi, algo como “the thirhtteen floor” mezclado con “tron”, líneas verdes en un plano que no necesariamente tiene que ser horizontal, ni vertical, que se despliega y se expande en cada ángulo posible, maleable, y todo al rededor es negro, entonces al final del tunel encuentras una pared blanca con un letrero que dice: “Ya no hay más na, coge pa trás”, pero resulta que la pared es plana pero no es horizontal, está como a un ángulo de 80 grados, como si se estuviese cayendo encima de tí, y cuando miras a la derecha el mismo letrero se repite y se repite en colinas eternas, que giran ese ángulo a diferentes grados. Y miras a la izquierda y la misma pared blanca con el mismo letrero, como si fuese el banner ese que le puedes poner a tu computadora de screensaver que sigue y sigue pero paralelo al vértice/vórtice entre el plando donde estás parado y el plano de la pared, paralelo y en olas. Y decides entonces seguir la pared. Tres días después, o lo que parecerían tres días, porque realmente no sabes cuánto has caminado, pero has dormido tres veces, y crees de pronto que han pasado tres días, mientras en verdad a lo mejor solo ha pasado uno, o quizás pasaron tres… y la pared blanca obtusa y aguda, recta y perpendicular, y a veces creiste que caminabas de cabeza, porque sentías que el cerebro te flotaba y la cabeza de dolía, como si aquellos dos planos se fueran moldeando en espirales, como los remolinos brillantes adentro de las canicas. Y el letrero: “ya no hay más na, coge pa trás”, y ahí te das cuenta que el letrero nunca se ha ido de tu lado, que siempre a estado en total simetría con tu cuerpo, treinta caracteres, los primeros quince a la izquierda y los otros a la derecha, o sea que el letrero es como las cintas de anuncios en Times Square, la única diferencia es que si te detienes pues el letrero se detiene. Al cuarto día o quinto llegas al final de la pared. El cual no es en realidad el final porque la pared no termina si no que se hunde con el plano del piso, como las placas tectónicas y forman como una raja entre los dos planos hasta que, más allá, los dos planos se vuelven uno y se convierten en una cinta gris. Cruzas la cinta, y sientes la electricidad y los pelos levantarse, y caminas y escuchas como pequeñas electrocutaciones. No quieres caminar muy rápido. Vuelves a la direccion de la pared para encontrar que al otro lado dice: “En construcción, propiedad privada, regrese mañana”. Y entonces llega la policía del internet y todo se vuelve una melcocha a la cual no queremos entrar…

    El punto es que eso es lo que me imaginé.

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