El botón de "no admisión"

He notado que pocos se percatan del delicado y poderoso significado que esconde el botón “no admitir” que tiene el MSN. Se trata de un pequeño botoncito redondo. Al señalarlo con el puntero del Mouse dice: “Impedir que esta persona le vea o se ponga en contacto con usted”.

Ojalá pudiera existir en la vida diaria.

Cada vez que se entra en contacto con alguien: en MSN, por teléfono, en persona o como sea, se establece un ritmo, un tono, un estilo, y se visitan diferentes lugares de la realidad.

Aprender a manejar el botón de no admisión implica la comprensión de interesantes mecanismos afectivos. Degustar lo grato de querer a otra persona, de amar (para quienes gustan de la palabra).

Lo común es no aceptar el rechazo de nadie, ofenderse y pretender que todos estén “ahí” siempre, cuando se les necesita. Para mí, esa es una de las cosas más desagradables de las relaciones sociales: querer usar a los demás, esperar que funcionen como una licuadora o un PC.

Debe aceptarse que uno no siempre está en disposición de hablar con las personas. No importa el tipo de relación. Alguien que quiere a otra persona debe aceptar su rechazo, permitirle su ausencia y poder disfrutar de eso. Saber que a veces toca estar sólo y aprender a fumarse un cigarrillo o tomarse una gaseosa sin nadie para charlar.

Qué desagradable es incomodar a alguien, interrumpir el curso de su pensamiento para decir un simplón: ¿ qué más? Convertirse en una carga; aparecer cuando no se debe. ¡Qué asco!

La interacción social puede verse como una sinfonía: los instrumentos deben aportar a ella; no se trata de ser “el más escuchado”, porque eso acaba con la belleza y lo vuelve todo chillón y ruidoso. (Como en las oficinas, los colegios, las universidades. . .)

Por eso les pido a todos: por favor, si no se sienten dispuestos, de ánimo, para hablar conmigo, les ruego: pónganme en no admitir, no me saluden por la calle, no me hablen, les doy mi palabra de que jamás juzgo a nadie por no saludarme o por evitarme.

Si aún no se convencen de lo que sugiero, comparen las emociones y sentimientos que se ponen en marcha cuando se está anhelando ver a una persona y ésta aparece, ¡pum!, es un momento exquisito, delicioso. Mantener ese tipo de relaciones hace la vida mucho más placentera y respetuosa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *