Dr. Jim Haskins

Nuevamente, el cáncer es sólo la metáfora. La foto en el recibidor lo muestra con dos dedos contra el ceño—pose que de primera vista inspira ternura pero de salida, esos dos dedos apuntalan la borradura. Lo cierto es que la memoria misma requiere el soporte de un trípode. La imagen del profe se desploma en mi cabeza y repito, el cáncer es sólo la metáfora para la desaparición de un hombre cuyos restos no sirven para rastros. La imagen del profe es ahora el salón repleto esperando de pie a que la viuda tome asiento; sus dedos en la foto tolerando el peso de una bola de humo. El cáncer es sólo la metáfora que falta para decir que la memoria, si no se pierde, se tacha.

3 pensamientos sobre “Dr. Jim Haskins”

  1. el salón de pie y la viuda entrando me recuerdan dos entierros en la rotonda de la torre de la upr: Esteban Tollinchi llorando al maestro José Luis González, traído de México, y José Luis González ausente en lo que será el entierro de Tollinchi, paciente de cáncer. (Tollinchi aún está con nosotros) Entre la tachadura, los borrones y la desintegración de la memoria queda el último libro del filósofo boricua en algunas bibliotecas: “Los papeles de la belleza modernista: 1848-1945”. Le puso el lema “Quo pulchritudo?”
    Traductores del latín, otro duelo: ¿Qué pulcritud? o Cuánta belleza? El libro tiene 805 páginas. Mañana, a pesar de tantos velorios, alguien en Manatí lo va a jugar en la Loto. !Que en paz descansen y que sus enseñanzas se desborden en la inconformidad de sus estudiantes!

  2. “Quo pulchritudo” se puede traducir a “¿Dónde está la belleza?” o “¿A dónde se ha ido la belleza?”. Por alguna razón este texto me recomienda a Tollinchi a mí también.

  3. Ay Tollinchi,qué eminencia esa, aunque a veces me perdía con tanta información era un placer tomar clases con él. Se la pasaba haciendo asociaciones históricas con su voz bajita, en la clase mucha gente se dormía o a mitad de semestre dejaban de ir. Yo no saqué las mejores notas pero por primera vez en mi vida disfrutaba no saber nada, porque así aún podía sentir asombro.

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