Dos estampas veraniegas, la presión de grupo y las Chivas Regal

Tengo pesadillas con los trechos malditos del Parque Central, con sus piedras mal colocadas y la caliza que se enfanga cuando a la palangana abierta que tenemos arriba le da con llover. Puede ser que las noches veraniegas vengan con ese miedo incrustado. Es el calor. Mis amigos me dicen que me tranquilice, que correr dos millas diarias me va a mejorar. Puedo decir que la vocación disciplinaria es lo que me ha llevado a hacerles caso. También a comer ensaladas Lo-Carb. Pero sigo fumando. La falta de aire es inmediata en la primera vuelta. Ya la segunda no la corro, ésa la jadeo. Mi sueño menos pesadillezco es recurrente también: añoro lavar mis sudores en la piscina azulita que los empleados municipales van a decorar cuando terminen de construir el Gran Natatorio de San Juan.

Llego al Bamboo Bay desorientado, con unos cuantos Bacardi Apple pisados con Seven Up metidos en el cerebro, todo lo contrario a lo que se mete mi padre, que es un hombre muy celoso de sus Chivas Regal. Los baños se han inundado y los mosquitos de Piñones han abandonado el terreno: los chamacos y las chamacas pudieron más. El sitio está repleto de gente de bien. Un pana me hace señas para que lo acompañe a la barra: Un Cubalibre y dos Pessoa con China, por favor. De repente pienso que mi vida se está edulcorando, por fin. La música tecno me alegra el alma, sobre todo porque ha producido un fenómeno espectacular: en la pista bailan treinta chamacas y tres loquitas que evidentemente las están chaperoneando y que, por supuesto, están bien fugás. Exploro el tugurio tropical en silencio, converso con los integrantes del Grupo Inestable, una secta de teatreros jóvenes que hasta allí han ido a descargar. Qué cosa, aún no se sabe, eso ocurre con frecuencia incierta a cierta edad. La playa no se ve. Hay una cortina de bambú que la oculta. Coño, por eso es que le dicen el Bamboo Bay y no Soleil. Los guardias nos sacaron del sitio con puntualidad antes de las tres. Los lunes –aunque sea verano– la mayoría tiene que trabajar.

2 pensamientos sobre “Dos estampas veraniegas, la presión de grupo y las Chivas Regal”

  1. Y todos allí gracias a quién: la madama con bustier. Una sola llamada y convoqué a los Inestables, un crítico literario travesti,según cierta novela inédita, un pianista que se dice que en otra vida fue Oscar Wilde, y un economista de ciencia ficción, con una oficina en un piso medio de la Milla de oro a lo Being John Malcovich. Qué más se puede pedir? A la verdad que cuando esta burguesita rococó se vaya para la tierra de los Hillbillies ustedes no van a saber dónde janguear. jiji.

  2. Qué importan todos ellos, srita pastor, si la más importante estaba esposada, digo, esa noche con esposo cansado y negativo, y no pudo arribar.

    sr. clavell, la música electrónica funciona también en los apartamentos. Usté me dice, y le hago el verano con la música, a domicilio.

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