Dos comidas

I

Miraba hacia el frente todo el tiempo. Debe haber sentido mi mirada calentándole la mejilla, porque un par de veces movió el cuello y me miró. Era curioso. A veces, uno no mira nada en específico, sino que más bien ausculta su entorno para matar el aburrimiento, pero ella me miró directamente.

Vestía de blanco. Ropa de mujer de su edad, pero como si se dispusiera a salir. En un momento se quitó la chaqueta y reveló un “halter” dorado que cubría a las desbrasieradas sometidas a la gravedad. Se tocó varias veces el pelo negro que era como los ojos de un caballo, gracias a L’Oréal. Seguía siendo una doña, comoquiera.

Tardaron en tomarle la orden. Pensé en voz alta. “Ir a comer solo a un sitio como éste es como triste. O sea, no es lo mismo irse a un ‘fast food’ que sentarse a comer una cena en Pizzería Uno.” Mi compañía tiene el rostro compungido. “No hagas eso, que me da más pena. Vas a ver que está esperando a alguien.” Su sándwich club llegó antes que cualquier persona.

Se acomodó la servilleta en la falda. Tomó el salero, roció su comida con sal. Se echó sal sobre los dedos de la mano izquierda y los lanzó por sobre su hombro, en un acto casi automático del que ella no parecía estar conciente. Pasó su sándwich con agua de la pluma.

Pidió su cuenta y todavía nadie llegaba. Mientras nos íbamos, ella aún esperaba al mesero con la carpetita negra en la mano.

II

No escogimos la mesa. No es que hubiera otra mejor. Era alta y coja. Después de sentarme por unos segundos, fui al baño. Al regresar, vi lo que había estado a mis espaldas. Detrás de nuestra mesa había un compartimiento con una cortina medio abierta que dejaba atisbar a Aterciopelados. Discutimos la probabilidad de decirles algo. Decidimos que, sin una cámara, cualquier otro contacto no valía la pena, sería una molestia. Hicimos una lista de artistas que molestaríamos de todos modos. Cuento de un amigo que se encontró a Fito Páez en un avión; suspiro.

Remediamos la cojera de nuestra mesa mudándonos a la de al lado, más cerca aún del compartimiento. Estábamos a un metro de distancia. Hubiera podido tirarle una piedra a Andrea Echeverri y atinarle en la frente. Dudamos por un momento. ¿Parecerá que nos movimos para estar más cerca y oír su conversación? No seamos ridículos. No somos unos pendejos.

Mientras tragamos, ya olvidados del asunto, la comida de Aterciopelados desfila frente a nosotros en manos de los meseros. Platos gigantes. Con “garnish” y hierbitas regadas. Excelente presentación. Nuestros platos no tenían “garnish” ni hierbitas regadas.

Me pregunto quién habrá pedido qué. Me siento ridícula preguntándomelo, pero es inevitable. Hay misterios, todo depende de quién se lo pregunte. Hay gente que le interesa qué fue del cuerpo de Hitler, de qué murió Tutankamon. No tengo ningún interés en perseguir a artistas, pero el desfile me dio curiosidad. ¿Qué les pudo interesar del menú pseudomexicano a estos colombianos?

Media hora después, los mismos platos salen vacíos, a no ser por los huesos y las servilletas emburujadas sobre la vajilla de plástico blanco. Mi plato no estaba tan bueno; yo dejé comida. Ellos no. Era todo una conspiración.

7 pensamientos sobre “Dos comidas”

  1. me encanta el contraste entre las dos comidas, que se refleja además en el estilo narrativo de ambos. en una, narra un sujeto más melancólico, pues siente pena (más que curiosidad) por la extravagante mujer solitaria, el otro, todo curiosidad, lo narra alguien a quien su cena le deja de interesar(y la comida pasa a un segundo plano) en la medida de que ya no es lo que se come, sino cómo y quién.

  2. Lo sé. Quise escribirlo porque fue un contraste marcado en dos días corridos. Eso es para que vean que las cosas raras pueden pasar en momentos en los que uno menos necesita estímulos.

  3. A veces me toca a mí comer sola, pero me gusta pensar que es un mimo que me doy, que me saco yo misma a pasear. Me voy a Macaroni’s y allí me leo un libro o un cuento. Supongo que en las mesas de al lado, también habrá quienes apuestan a ver si llega o no mi compañía.

    Gracias, Isa.

  4. Ay Yolanda. No solo los clientes estan esperando a ver si llega tu compañía, los meseros también esperan (despues que terminas tu comida) que te vayas.
    jaja

    (pero ellos esperan lo mismo de todo el mundo, asi que… pues…)

  5. bueno isabel, debo confesarte que me encanta tu trabajo. cada vez más. no digamos tu trabajo, sino tu ojo.

    lo chévere es que si hubiese estado allí, me habría puesto a buscar las semejanzas y diferencias entre echeverrí y tú, como una mujer que se mira a un espejo raro. su último disco no me encantó, pero te cuento que en un momento de mi vida tuve en mi poder la colección completa de sus discos. pasaron los años, los amigos, la algarabía, y, hoy por hoy, solo me queda grandes exitos (que by the way, ignoro su paradero)y el último.

    en los veranos, inarú saquea mi colección y si no es a bjork, es tik tok o los aterciopelados que lleva a los campamentos. me gusta pensar que los niños se mueven ante las estridencias bjorkianas, el rock poppy aterciopelado, y el reggeton de los seudomenudos.

    debo contarte luego del primer concierto que asistió mi hija con su madre: bellas artes en tik tok, cual de las dos primero.

    antes de esa tarde, había amarrado de un palo de pepitas que tengo para atar mis olvidos (o será mis recuerdos para olvidarlos?) el chillido niña que se produce ante alguien de quien se es fan.

    eran cientos, isabel, cientos de niñas gritando, gritándole hasta al cambio de luces antes de que salieran los chicos, antes de que subieran, incluso, las cortinas.

  6. Yolanda: Es distinto. Hay un aire distinto en una mujer joven sola leyendo un libro mientras espera su comida, a una mujer mayor que combate la edad en su casa y en la calle anda sola, y mira hacia el frente mientras espera su comida.

    Yara: Gracias por tu comentario. Debo decirte, yo recuerdo aún la vez que fui una de esas nenas chillonas. Pero Tik Tok… diantre.

  7. sí, isabel, lo sé, es fuerte. pero fue una experiencia interesante, que me daba hasta ganas de llorar. eso porque asumir que un hijo ya empieza sus caminos pre pre pre pre pre pre pre pre adolescentes es, que alguien me ayude a apalabrarlo, indescriptible. ella es una chica super cool, tranquilita, estudiosa, y niña. yo la veo niña, pero ella no le da la gana de parar de crecer. es fuerte cuando la escucho escoger cuál de todos es su favorito.

    otro día nos juntamos, y te pongo el disco, para que entiendas los matices terribles de la anécdota.

    eso es de familia, yo llegué a ir al pedrín zorrilla a ver a Concepto Juvenil. pregúntame.

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