Díptico

Ahora digo ayer
aunque lastime
José María Lima

Hoy los astronautas
Despierto atravesada de pétalos. Rocío incrustado en la carne. La mácula eran tus garras derretidas.

Hoy, me despiertas como antaño, salvándome de una pesadilla de insertadas espinas por las venas.

Viajaba con la incomodidad de mi gata en el bolso. Sabiendo a la niña incómoda, tratando de zafarse de mí, mientras yo le hacía un nudo a cada uno de los agujeros que ella hacía con sus garras.

Entonces, despierto y ahí estaba la sangre por todos lados, que esta vez, como pocas, no avisó con el acostumbrado sufrimiento, porque dormí sedada por la absolución en el juicio del aparato de palabras.

Palpito hambrienta.

Las muestras de viento solar se recopilan, según los expertos, quienes lamentaban el suicidio de un satélite que con estos fines fue al espacio. Seguramente no soportó tanta claridad soplada el instrumento, y hasta la Nasa sabe de sinestesias.

Si te cruzas con algún astronauta en el camino, no dudes en pedirle que te sople su secreto.

Ayer la cortina
Ayer me perdí en un murmullo ilegible en el oído. Tenía otro nombre, mientras yo besaba el pálpito como si justo después dejara de latir. Como si pudiera despertarlo con el tacto de mi cariño a cuestas.

Un ave pasó como un huracán, y nunca tocó el suelo, como un huracán, y fue tan raro como la sombra debajo de un almendro en un insólito fuerte sin árboles.

Me creía cobijada bajo una sombrilla de versos. Tendida al sol con las entrañas por fuera estuve, hasta que vi que no había pajas en mi ojo. Le solté la mano y crucé la calle sin mirar para ambos lados. Entonces descubrí que tenía tatuada en la piel de la garganta una de mis ojeras.

No había caricia en la espalda que remediara el sudor desperdiciado, ni el columpio de sus dedos. No hubo beso en el murmullo. Sí, mojados ojos sin hechizo. Y justo después, dejé de latir.

Me vi inmóvil. Dudosa como una pregunta, como cualquiera. Flácida y trémula, coagulada la musa. Amnésica un poco.

Ya no sabía si había habido algún murmullo, o si había sido el sueño de anoche. Colgaba ropa en un cordel, en medio de un aguacero.

Luego supe que había dormido junto a la guitarra que siempre me arropa con su cortina de ese color amarillo inatrapable. Y me acarició la morusa, y me dio un beso en la mejilla, y hoy el murmullo era un recuerdo fósil.

Del poemario inédito Óxido
Ilustraciones de Egon Shiele

3 pensamientos sobre “Díptico”

  1. Bellísimo. Qué bueno es poder escribir sin más objetivos que ser bello, que parir un poco de belleza. Agradable proyección de lo incoherente, lo inverosímil y del orden impecable. Te leo y me siento bella. Gracias.
    PD.: Los dibujos son buenísimos, porque ella también se siente bella.

  2. Margara, tú eres bella, no te hagas. Escribe, please, para saber cómo te va allí donde ya sabes, y tener cómo escrbirte. Un abrzo,

  3. te escribo que yara marie esta mal, que estos textos no los toques, dejalos tranquilos…a mi personalmente me gustaron mucho y no veo porque hacerle caso a y.m.

    un abrazo solidario (asi firmaba C.R. cuando me queria)
    g.

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