Diagonales

un mal entendido casi es la realidad
cuando uno no conoce el hielo rayado de
las cosas

Rafael Acevedo

Con zapatos que estuvieron secos hasta entonces,
salíamos de una mesa sin trucos,
cuando los demás se fueron
{Algo comiste con anchoas,
y no te dije lo mal que las hospedo
entre ingredientes para amores,
pero en tu orden eran las más bellas
presas de un triángulo extranjero}

Y los transportes que siempre nos llevan
a otras partes,
que no adonde queremos,
nos rodearon en un cuadrilátero de lluvia
inofensivo,
como la caricia que nos damos
cuando nos apiadamos de nuestros miedos

Bocinazos hubo,
por fe,
pienso,
aunque no los recuerdo,
porque el tiempo dejó migajas de pan
para el camino de vuelta
y se las comieron los turistas

Algo se inundaba,
sino todo,
lo que nos refugiaba
al pie de la escalera

Desde entonces, decir llovizna
es decir ojos pegados a la sal,
ganas pegadas a la acera,
cera pegada al cuerpo apresurado

Escaleras hubo
dos escalones,
creo,
aquel día bañado en aguacero

Escaleras subimos para desnudar persianas,
al final del pasillo donde duermo,
aunque no pueda

Escaleras,
uf,
escaleras,
uf,
escaleras

3 pensamientos sobre “Diagonales”

  1. gracias, es tan lindo que siempre te haya gustado este poemo. aunque me parece que te pasaste de cursi con el comentario. me alegro de que la coherencia del número esté hasta en su discusión. jij.

    aquí esta en catalán, por si a alguien le interesa. :)

    abrazo,
    mara

  2. Entonces, si bocinazos hubo por fe, también el poema es una fe de espiga, un constante subir las escaleras y explotarse y desairarse en el transcurso. No sé porqué pero este poema me recuerda a una maquinita en el gimnasio que tiene una escalera siempre movible…

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