Es un cuerpo surcado de caminos grotescos, un laberinto sordo y seco… el tronco infestado de un árbol viejo.
Cómo recomponer lo descompuesto a golpe de carencias; cómo erguirse cada mañana sin darle crédito a la catastrofe evidente de estar deshecha y saber que sólo estás buscando la mano generosa que pueda restaurarte a la conciencia.