Des Composición

Para paliar esta descoyuntura fui abriéndome agujeros en las articulaciones y aguantándome con hilos gruesos unos miembros a otros.

Observé hace días que mis piernas empezaban a dar pasos desvariados, sólo porque las rodillas vencían su límite natural de movimiento en un balanceo desconcertante de más de ciento ochenta grados. Llegué como pude hasta mi cama y me receté absoluto reposo hasta notar mejoría. Dormir todo lo posible sería mi mejor medicamento; y me hundía en la cama como plomo, dejando en el colchón el bajo relieve de mi cuerpo pesado, pesado como mis sueños.

Soñaba mi vida en un celuloide rayado y sucio, proyectado a mis párpados cerrados como pantallas viejas. Una sombra inmóvil sentada en el patio de butacas. El olor a humedad y mugre humana que se acumulaba en los asientos, parecía que se me escapaba en gusanos viscosos por los huecos de la nariz del cuerpo dormido. La película daba saltos histéricos y el sudor en la nuca se me enfriaba. Desperté con la cadera torcida hasta el revés, buscándome el ombligo en la espalda. Decidí, por precaución, mantenerme quieta en el espanto. Una mirada, que no pude reconocer como propia, quiso inspeccionar las vistas hasta los límites de mis órbitas: una mirada ansiosa me presionaba el hueco de los ojos queriendo controlar el perímetro circular de mi campo de visión. El pulso me latía en las pestañas que aguantaban como visagras raquíticas de una casa vieja soportando un embate violento y demoledor.

Con la mano izquierda intenté coger papel para escribir, necesitaba relatar mi estado de descomposición, pero se me desplomó; cayó al suelo provocando un ruido metálico totalmente inesperado y el resto fue soportar los puntos suspensivos de un venirse abajo a pedazos descoyuntados. Con una esquina de cerebro todavía sana, encontré una posible solución desesperada. Tracé con la memoria el mapa arquitectónico del cuerpo que había sido mi cuerpo, ideando una única forma de re-componer sus restos: un taladro y cuatro metros de hilo grueso.

Con la mano derecha atrincherada en una resistencia amenazada de ser vencida en poco tiempo, empuñé el taladro para agujerearme concienzudamente cada extremo de las articulaciones: los hombros, las caderas, las rodillas, los tobillos… Cuatro agujeros paralelos, dos a dos, en el cuello y otros cuatro en las muñecas.

Nunca aprendí a coser. Me fui remendando el cuerpo como había malcosido tantas veces los botones de una camisa, con enredos y nudos imposibles, pero logrando el efecto requerido; al fin y al cabo se trataba de que cada miembro ocupara como pudiera su lugar determinado por naturaleza

Reanudé el mecanismo monótono de mi vida normal, no sin revisar mis funciones motrices antes de salir por la puerta. Nadie pareció notar nada diferente en mi apariencia, los ojos ajenos me eran tan indiferentes como siempre. Caminé desapercibida en mi perpetua fantasmagoría diaria de callejeo, aunque en un andar dificultoso y arrastrado, colgando un brazo más bajo que otro y la cabeza lánguida hacia atrás o hacia adelante. No me quise parar a pensar cómo perfeccionar mi nueva estructura corporal: el día por delante me imponía reponer mucho tiempo perdido.

Por las esquinas de la mirada todavía ansiosa, quiso colarse una extraña lágrima del color de los charcos de las bocacalles cerradas. El olor a humedad y mugre humana se me escapaba por los huecos de la nariz. Y una mosca siseaba en mis orejas insistente de una orilla a otra. Fue lo último que pude percibir. Supongo que en ese momento la podredumbre debió engullirse la última esquina de masa gris que me quedaba.

Nadie reclamó mis restos.

4 pensamientos sobre “Des Composición”

  1. Cómo es que nadie a reaccionado? Esto es muy bueno. Confieso que lo he leído muy rápido porque tengo una clase, pero me sobrecoge mucho tu cuento-reflexión-ensayo-poema. O servilleta extendida. Se lee rápido, sin piedad, atrechando por las calles invisibles de la página. Estás acelerada y estática a la misma vez, en un sólo instante. Gracias por escribir tan bien.

  2. es la primera vez que alguien reacciona a un texto mío, gracias por tomarte la molestia. seré esa invisible social del “cuento-reflexión-ensayo-poema” (me ha gustado mucho tu calificación)?
    gracias a ti por leerme…

  3. Maite, que bueno ha estado, no reaccioné antes por la falta de tiempo pero me ha parecido genial. Te imaginé (y es que en todo te imaginaba a ti) como una muñeca muy rota, de madera o corcho, los cordones negros y sucios como todo lo demás, eso sí los ojos de paloma intáctos.

  4. Maite, me encanta tu frenético impulso ordenador, siempre hay algo que recomponer en tus cuentos/escritos. Como si la enorme masa del mundo se estuviera permanentemente derritiendo como ‘goop’ y tú andaras detrás tratando de contenerlo con las manos. Nunca me olvido de tu ‘manía’ de ordenar los objetos por orden alfabético. Siempre me pregunté por cuál de todos los nombres posibles para cada cosa te decidías.

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