De lo insólito en Viejo San Juan

Bueno, de insólito ya no tiene mucho esta ciudad petrificada en el tiempo de los ancestros, pero el Viejo San Juan continúa todavía hoy, sorprendiéndome. La última sorpresa me la di el viernes, mientras me dirigía a la lectura de cuentos en Café Berlín. Me gusta ese lugar de encuentro rodeado de pintorescos edificios coloniales, que miran por encima de Teatro Tapia hacia el Océano Atlántico. La estancia ubicada en calle San Francisco 407 se aposta justo en frente de la Plaza Colón, en donde pernocta todo tipo de huérfanos de techo y otros deambulantes del raciocinio en horario extendido.

Allí mismo, saliendo del estacionamiento soterrado y sobre los ladrillos del suelo adoquinado mientras me dirigía al encuentro de los colegas de letras, una mujer joven y muy atractiva, paseaba a su mascota de casi doscientas libras que no era, por cierto, un perro, pero que sí era un cerdo.

Así es. Se llamaba Babe, obviamente. Y el animal poseía buenos modales. Se dejaba acariciar en las orejas y el hocico y te sonreía si lo adulabas con entonación infantil. Un gracioso injerto entre “leash” de perro y correa de seguridad para que no corran los niños pequeños lejos de los padres, le cubría parte del cuerpo en un llamativo “blue royal” y lo dirigía a derecha e izquierda, gracias a la buena orientación de su dueña. La dueña contó por qué se había decidido a tener un cerdo de mascota. Ella y su príncipe azul, su “honey biscuit”, su media naranja, se decían de cariño “Babe”. Y él un día, hacía casi dos años atrás, llegó con el puerquito, en reminiscencias de la película de Disney. Imagínense si uno de ellos le hubiera dado por llamarle al otro Congo o Donkey Kong. En fin, que algunas parejas se pasan de lo cursi.

Así que en el casco histórico de la ciudad, donde abundan importantes reliquias arquitectónicas de los siglos pasados, y cuya estructura se ha reconocido como baluarte y Patrimonio de la Humanidad originalmente concebida como fuerte militar, también tenemos un cerdo mascota.

7 pensamientos sobre “De lo insólito en Viejo San Juan”

  1. Lo afirmo y requete confirmo…esto es surrealismo criollo señoras y señores…Fíjate tuve un amigo que quería tener un cerdito de mascota pero nunca lo hizo…ay ay ay!!!Como dicen en el tan conocido programa de chistes venezolano:”INCOMPRENSIBLE!!!”

  2. Jaja. Si hay una cabra en la Perla que se desaparece misteriosamente cada vez que se tiran los guardias, no sé por que en el vecinadario del bien ponderado Richard Carrion no puede haber una pareja que en vez de un hijo tengan como bebé a un emblematico lechoncito. Quiza ella no quiere perder su esbelta figura como algunas actrices Hollywodenses, y junto a su novio son felices con su ” Babe”, a quien pasean como a cualquier bebe en Plaza las Americas.

  3. Supongo que luego de tener un cerdito como mascota, debe ser muy cruel pasar las navidades en Puerto Rico. Tanto cerdo atravesado por la vara…

  4. Me quedé con la curiosidad de saber cómo vivía ese cerdito dentro del apartamento de ella y su compañero, porque nos dijo que era un cerdito de apartamento. ¿Lo entrenó? ¿Cómo hace sus necesidades? ¿Qué comida le da, Eukanuba, Purina One, Dog Chow o Pedigree? ¿O viene algo así como Science Diet for Pigs?

  5. Esto de los cerdos en las ciudades “cool” esta de moda, sobre todo entre mujeres flacas que gustan de la ropa etnica; o en todo caso de la moda BOHO. REFERENCIA: BOHO- moda a lo gemelitas Olsen, mezcla entre hipitonga y artista “I don’t give a damn”, but in reality it’s the anorexic’s dream. Para fotos remitirse a People.com.
    Continuo–> El cerdo. El cerdo en San Juan viene a ser the ultimate statement de la gente en que vive en San Juan el suenno del artista bohemio. The ultimate “yo vivo la vida como me da la gana, y mientras tanto huelo bien” act, con un toque de nnonneria infantil que tanto aprecian los artistas machos liberales en las mujeres, sobre todo cuando hacen comentarios “refrescantes”. A los hombre intelectuales les gustan sus mujeres “Refrescantes” y si son tan cutes como para pasear cerditos pues mejor. Pero eso pa’ otro momento lo dejo.
    La cosa es que cien annos atras, o quizas menos, el cerdo no era un animal extranno al viejo san Juan. No era cool, era parte del escenario arrebalezco que tantos despreciaban. Asi las cosas me niego a sorprenderme con el cerdito. Todavia encuentro los coquis verdes y los lagartijos en 99 posiciones sexuales mucho mas llamativos. Saludos a todos.

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