De la poesía moderna

El poema de la mente en el acto de encontrar
lo que ha de bastar. No siempre ha tenido
que encontrar: la escena estaba montada; repetía lo que
estaba en el libreto.
Entonces el teatro fue cambiado
a otra cosa. Su pasado era un suvenir.

Tiene que estar viva, saber el habla del lugar.
Tiene que encarar los hombres de su tiempo y recibir
las mujeres del tiempo. Tiene que pensar sobre la guerra
y tiene que encontrar lo que ha de bastar. Tiene
que construir un nuevo escenario. Tiene que ser en ese escenario
y, como un actor insaciable, lentamente y
con meditación, hablar palabras que en el oído,
en el más delicado oído de la mente, repita,
exactamente, eso que quiere oir, al sonido
de lo cual, una audiencia invisible escucha,
no a la obra, sino a sí misma, expresada
en una emoción como de dos personas, como de dos
emociones haciéndose una. El actor es
un metafísico en la oscuridad, punteando
un instrumento, punteando una cuerda de alambre que da
sonidos pasando a través de súbitas correcciones, completamente
conteniendo la mente, bajo la cual no puede descender,
más allá de la cual no tiene deseo de remontarse.
Tiene que
ser el encontrar una satisfacción, y podría
ser de un hombre patinando, una mujer bailando, una mujer
peinándose. El poema del acto de la mente.

 

Traducción de Néstor Barreto

Un pensamiento sobre “De la poesía moderna”

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