Correos

Trabaja haciendo investigaciones para el Correo. Se gana el pan y la gasolina averiguando dónde terminaron los paquetes que nunca llegaron a su destino. No es un trabajo interesante. Lo habitual es que un vecino o una vecina los recibió por error y se los quedó. Pero no le toca obtener confesiones ni de alguna otra manera probar la culpa del culpable; el Correo se la echa por haber dejado el paquete en donde no iba. Él nunca ha entendido por qué alguien se quedaría con algo que evidentemente no le hace falta, cuando lo más placentero de recibir un paquete, para quien no lo necesita, es esperarlo. Si a uno le llega algo inesperado e indeseado —razona—, sólo queda la insatisfacción de recibirlo. Por eso concluye que todo el mundo está esperando un paquete todo el tiempo.

2 pensamientos sobre “Correos”

  1. Siempre he pensado que el correo es como la vida, cuando algo está para ti está para ti y punto, aunque tenga impresa otra dirección y el sobre no esté dirigido a tu nombre.

  2. Sigo pensando que no sé quién es más hijo de puta: el pendejo cartero que no se fija en lo que hace, o el cabrón que se queda con un paquete que no es suyo.

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