Corazones rotos

El cibermundo le ha abierto la puerta a mujeres que no se atreven —por cualquier razón— a levantarse un jevo en el Happy Hour, pero que, utilizando el flat monitor de escudo, y la redacción de textos compactos con emoticones de resguardo, logran acumular la suficiente valentía como para acceder a un “blind date” en combo agrandado, o sea, con extras. Digo “extras” porque en vías de lograr la meta de la “pajillus mentis”, hasta se pautan beneficios extendidos en pro del “conquistado” si la velada logra llenar las expectativas. Hacen aparición inmediata promesas de “te haré esto por allí”, y “lo otro por allá” que tan pronto son redactadas en la caja de texto virtual, logran efectos interesantes y devastadores sobre las “partes nobles” de ambos redactores. El cerebro y la intuición ceden su espacio al placer de los sentidos hormonales. De ese modo, estas mujeres se tiran la maroma de encontrarse con tipos extraños que sólo han visto por webcam (a lo sumo), o que de otro modo, únicamente han visto en una fotografía. En ocasiones dan por sentada como verídica esa misma imagen en formato jpeg que el contactado envió a través del Messenger, aludiendo a los valores moralmente honestos del individuo que acaban de conocer, y suponiendo que al mismo no se le ocurriría jamás-ni-nunca alterarla.

Son precisamente esas “partes nobles” las que llevan la delantera en el encuentro; son ellas las que mandan, sin importar que se descubra que el jpeg se haya retocado en Photoshop, o que la imagen de la webcam haya venido acompañada de algún tic nervioso esofágico que nunca pudo captarse en pantalla, por aquello de las resoluciones, distorsiones de la imagen y/o “buffer” de transmisión. La meta es acostarse con el tipo, pues porque sí. Porque hace tanto que no me tiro a nadie; porque desde hace seis años nada de nada y seguramente me ha vuelto a crecer el himen; porque si no ahora ¿cuándo?, que hay que aprovechar las oportunidades según caen del cielo, caramba. Si total, ya estamos ahí. Vestidas y bastante alborotadas. Y se deja una engatusar por una misma (que lo único que ha hecho el ciberdate es reírse como un idiota y toser toda la noche a lo bestia). Tienen esas mujeres la cartera llena de las páginas dobladas e impresas, de todas las palabras hermosas y plagiadas de poesía.com que el susodicho les ha versado en el chat. ¿Ignora esa mujer engatusada, que el Don Juan desaparecerá en la mañana, y que no le volverá a contestar el teléfono y lo que es peor, que la bloquerá de su lista de contactos del Messenger? Puede ser. Pero soy de la opinión de que en el fondo se sospechaba que eso ocurriría. Que muy, muy en el fondo se sabía que esa probabilidad existía. Lo que pasa es que el lapachero mental no dejaba escuchar el sentido común, el “te lo dije” que todas llevamos dentro. Se convierte esta mujer en una más con el corazón roto. Porque, créanlo o no, estas mujeres son tan buenazas y loables que sufren. Y lo hacen por meses. Luego se recuperan y juran no volver a contactar a nadie por Messenger. Y cumplen. El nuevo amor se contactará esta vez por ICQ, Yahoo Personals o Match.com. Por aquello de irnos más a la segura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *