Coqueteos boricuas con la ciencia ficción: Bibliografía mínima

Las figuras quedan en suspenso. La piel de los hombres perpetuamente mojada. Un Golem. Una docena de huevos cocidos. La empleada de la editorial Stroemfeld buscando borrar las huellas del texto. No se produce ninguna mutación. Tan sólo aparece la imagen de unas ovejas pastando en un roquedal.
Mario Bellatin en la novela Jacobo el mutante (México, D.F., Alfaguara, 2002)

Incluyo la palabra boricua (Made In Puerto Rico) en el título con conocimiento de causa. La ciencia ficción no tiene patria, pero se desprende de ellas y regresa a ellas. Inclusive Bernardo Fernández, alias Bef, novelista mexicano de ciencia ficción contemporáneo, tan chamaco y rockero como nosotros, incluye a Teotihuacán en sus ficciones.

Entre mis tanteos para acercarme a este género literario que detestaba, porque yo de la F de Fracasado no despegaba en las calificaciones de las asignaturas de ciencia, recuerdo mi encuentro con el mito de la gran Dora Ricardo (Jamaica, 1961), una escritora de ciencia ficción radicada en Bariloche, Argentina, e introducida en Puerto Rico por Juan Duchesne Winter. Habría que consultar dos de sus trabajos en el libro Ciudadano insano y otros ensayos bestiales sobre cultura y literatura contemporáneas (San Juan, Ediciones Callejón, 2001) para entrar en la onda.

El primero, titulado “La ciencia-ficción erótica de Dora Ricardo”, es un intento de hacer múltiples sentidos de la personalidad enigmática de la escritora y arrojar algunas pistas de su obra. Cito: “Los libros de Dora Ricardo manejan una fórmula potencialmente sensacionalista que contrasta con la extrema parquedad de su venta: ciencia + sexo + paranoia = acción”.

El segundo, titulado “Entrevista con Dora Ricardo: Secreta porn queen de la ciencia-ficción” es un intercambio entre ambos intelectuales. Cito:

JDW: La ciencia no puede servir para fundamentar ningún concepto, digamos, de perversión antinatura, etc….
DR: No, no se puede pretender moralizar a partir de la ciencia sino todo lo contrario, sus desplazamientos nos sirven para ‘inmoralizar’. Me encanta ‘inmoralizar’ a los moralizadores. ¿En este caso dónde quedan los moralizadores ‘naturalistas’ de posiciones como el anti-abortismo, el anti-feminismo, la homofobia? Para la naturaleza no hay nada anti-natural, todo, desde la homosexualidad, la sexualidad no-reproductiva, el abortismo y la clonación y hasta la ingeniería genética… ocurre ya desde hace millones de años en el llamado ámbito ‘natural’. La vida es una tecnología. El concepto mismo de lo natural se reconstruye, y con él, lo cultural.

El último escrito de Fugas incomunistas: Ensayos (San Juan, Ediciones Vértigo, 2005), también de Duchesne Winter, se titula “Ensayo de evasión”. Sin embargo, a pesar de que el autor le ha puesto dicho título, a mí me luce que se trata de un cuento de ciencia ficción. El escrito aludido comienza así: “Qarnaq se abrió paso entre las calles abatidas de Humacao, dudando si entraba realmente en un zorec. Había distinguido el plano de la pequeña ciudadela en el oscuro juego de reflejos nocturnos abarcable desde la elevación que desembocaba en el paisaje gris costeño, inundado de canales y pantanos ruinosos”. La narración continúa y, en un momento dado, al narrador se le ocurre que ya la isla no es como nosotros hemos querido que sea, sino que la isla es así: “Por lo general los trechos planos y pedregosos son restos de carreteras o de edificaciones de la era de los humanos puros. Unos dicen que esta isla la habitaban tribus llamadas boricuas. Otros dicen que eran taínos. Otros que puertorros. Es posible que fueran nombres distintos para la misma gente”. Yo no sé.

La próxima parada del Discovery queda justo en Exquisito cadáver, novela de Rafael Acevedo publicada por Ediciones Callejón, también en el 2001 en San Juan y en colaboración con nada más y nada menos que Celeste Ediciones (Madrid), Trilce Ediciones (México) y Adriana Hidalgo Editora (Buenos Aires). Cito del capítulo tres de la segunda parte de este texto, premiado por Casa de las Américas y el Pen Club de Puerto Rico:

Cuando escuchó el ruido ensordecedor del estallido saltó de la silla. Sycorex y Calibán, antiguos compañeros, ahora custodios del sospechoso, yacían en el suelo. Windows, con una poderosa Wirklichkeit en brazos, había derribado la puerta y un desconocido, con un ojo azul y otro amarillo, había disparado su iónica sobre el dúo. Él levantó sus manos estúpidamente mientras preguntaba ¿qué carajo pasa? Ella lo agarró de un brazo y salieron deprisa a la calle.

Jose Liboy Erba, alias Pepe Liboy, en su libro Cada vez te despides mejor (San Juan, Isla Negra Editores, 2003), específicamente en el relato titulado “Prototipo Mayfair Galaxie”, cuenta que:

Con la paga de las primeras semanas de trabajo, Mayfair arrendó un vehículo de hidrocarburos y condujo enseguida al centro de la ciudad. No resultó complicado, ni fácil precisamente, trabar contacto allí con alguien del sexo opuesto, ya que el suyo era casi indiferenciado. ¿Era un hombre todavía? Hidráulicamente, sí. La chica que se encontró lo era, universitariamente: hablaron de termodinámica, la especialidad de ella, de modo improbable. Y todo parecía indicar que el mundo estaba por cambiar de un modo que ella no supo explicarle al recién empleado.

Texto fundamental de estos actos coquetos es el esfuerzo de Pepe Liboy en Saqueos: Antología de producción cultural (San Juan, Editorial Noexiste, 2002), editada por Dorian Lugo Beltrán. El texto se llama “Onirismo y especulación científica” y comienza así: “Dentro de una tradición analítica, la especulación científica es un género político. El escritor que la practica ocupa un contexto más o menos claro y se consume dentro de ciertos canales. Frente a la desesperación del corazón urbano, Farmer puede hablar de Le Corbusier”. A todo esto, el editor, el susodicho Lugo Beltrán, reacciona en el mismo libro así: “Saqueos Pepe, contramanifiesto, donde se hace referencia a la imposibilidad del relato fantástico hoy por hoy tal cual fue concebido en principio. Lo fantástico de hoy como aquello que no puede ser sino ‘soft’, como los fanzine, de autores que vienen a fungir de nuevos ‘eruditos a la violeta’, a medida que como género no puede ya profesar de la misma dosis de fe hacia el otro mundo, el mundo de la imaginación. Queda implícito que lo fantástico ‘hard’ de ahora es la imaginación que no trasciende. La siempre vigilia; la imposibilidad de soñar”. (Énfasis mío.) No hay duda, Pepe Liboy y Duchesne son los teóricos boricuas del género cientificopostechú.Bruno Soreno, alias Juan Carlos Quiñones, tiene un cuento que se llama “Tres soles en Anexia” en la antología de la Generación X titulada Expresiones (San Juan, Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003). Habla el personaje de Soreno, ciudadano anexiano:

Busco algo, o algo furtivo cazador sigue mi rastro. Un brillo aurático, Kiriliano, lo permea todo. La isla misma, exenta de luna (Anexia es un planeta sin satélites), se sumerge atlántidamente en un fluido luminoso como soltada del abrazo de su amante el sol de Anexia, que la deja hundirse hasta el alba por su propio peso.

Las extrañas y terribles aventuras de Ánima Sola: Hambre ven la luz en forma de cómic en noviembre de 2003. Se trata de un esperpento de cómic, publicado por Zemí Comics Inc., bajo la firma de Pedro Cabiya (concepto, historia y letras), Israel González (lápices y tinta) y Yovanni Ramírez (colores y efectos especiales). La cuestión va como sigue: “Les damos la bienvenida a Turistas Siderales”, lee una advertencia. “Le prometí al profesor Argapheruth que le mostraría la isla, pero necesita un cuerpo huésped. Usaremos el tuyo. El profesor entrará por la uretra y se abrirá paso hasta el cerebelo. La agonía es indecible. Muchachos, bájenle los pantalones”, dice uno de los personajes. Y continúa la acción con otro letrero: “A un ovni se le descojona el cigüeñal sobre Canovanillas…”. “¡Malditas sean las verijas de la mega fuking concha del caracol solar que fue utilizado para incubar el huevo del que nací! ¿Qué carajos pasa ahora?”, dice otro personaje.

Satélite, si llama a control, tendrá que vérselas con Francisco Font Acevedo, autor de la colección de relatos Calidoscopio (Isla Negra Editores, 2004). Allí, en el cuento “Zúlcar, el paladín cósmico”, se dice lo siguiente:

Antes de registrar al niño, sin embargo, a Papá Bienvenido se le ocurrió la extravagante idea de llamar al bebé Bienvenido Marciano. Papá Bienvenido vivía convencido de que antes del año 2000 llegarían a la Tierra hermanos nuestros procedentes de otros planetas, de otras galaxias, incluso, y qué mejor manera de cambiar la mentalidad humana hacia los extraterrestres que dándoles la bienvenida a los marcianos, nuestros archirivales imaginarios.

Aravind Enrique Adyanthaya, en su cuento “Orégano”, de la colección titulada Lajas (Isla Negra Editores, 2002) establece claramente que

en el barrio Olivares de Lajas, los O.V.N.I.S. raptaron a una señora y le hicieron el amor. Quedó preñada del ente. Y cuando tuvo la criatura, los O.V.N.I.S. se la llevaron. Se la llevaron en la madre nodriza. Después metieron al bebé (que era medio humano y medio O.V.N.I.) en la base de submarinos subatómicos que existe debajo del monte del Orégano. Esta base originalmente pertenecía a la marina de los Estados Unidos de Norte América, pero desde septiembre 11 pertenece a los O.V.N.I.S.

En la poesía, el autor del poemario Metroika: Viaje al nuevo medievo (San Juan, Isla Negra Editores, 2003), Emanuel Bravo, explica en el poema en prosa titulado “Vamos a estudiar la ciudad desde el punto donde las campanadas de turbinas pululen alegres” que “es ahí donde termina. En un pueblo costero de trabajadores con sopletes de mano, descalzos en la playa de babote petrolero con gigantescas naves muertas”.

Desde las Ciencias Sociales, Heidi Figueroa Sarriera ha publicado muchísimos artículos sobre la teoría cyborg y en ellos queda trazado un mapa intelectual de lo que se ha escrito en el país sobre estos temas: su bibliografía-resumé está disponible en línea.

Los científicos ‘hard core’, los que de veras hacen ciencia boricua, han ripostado a todo esto quizás sin leer a los autores precedentes desde otras esferas. El trío mosquetero está compuesto por Daniel R. Altschuler, Joaquín Medín y Edwin Núñez. Juntos, publicaron el libro Ciencia, pseudociencia y educación (San Juan, Ediciones Callejón, 2005), que lleva el siguiente epígrafe de Eugenio María de Hostos: “Octavo deber del hombre con la naturaleza: Propagar nuestro conocimiento de verdades naturales para de ese modo combatir la superstición y el fanatismo”. Dice la introducción que “lograr una sociedad más crítica y más formada contrarrestará, sin duda, el auge imparable y la popularidad de las pseudociencias”. El resto no se lo pueden perder, habrá que leerlo.

¿Qué dejo afuera?

3 pensamientos sobre “Coqueteos boricuas con la ciencia ficción: Bibliografía mínima”

  1. Gracias, Manuel. Muy interesante.

    Veo que hay mucho que leer, y que eso de la ciencia ficción hispana (y puertorriqueña) va por buen camino.

  2. Me ha encantado esta Bibliografía mínima referencial. Da un mapa para entrar a ese mundo del coqueteo boricua con el género. Felicitaciones.

  3. La revista Letras, del periódico El Nuevo Día publica el domingo 19 de febrero de 2006 dos cuentos de ciencia ficción de j.a. bonilla: El primero, “El fantasma de Sofía”, tiene que ver con una visión futurista de la pasada huelga universitaria por el aumento en la matrícula de la UPR (2005). El segundo, “Breve historia de la defunción”, fue escrito luego de la muerte de la madre del autor y se refiere a un virus infalible. Estas dos narraciones demuestran el interés del autor en desarrollar dos líneas dentro del género: la cientificista paranoide, expresada en el primer cuento, y una segunda, la lírica, paranoide también, porque el futuro ha llegado con sus máquinas destructoras pero que son tiernas a la vez. Usted juzgue.

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