Con las sotanas alzadas

Hasta hace poco tiempo los sacerdotes inspiraban confianza y respeto. Solían tener la imagen de seres iluminados “Son gente de Dios”, diría algún creyente. Se asocia el sacerdocio con lo bueno, lo puro y lo santo. Los curas hacen un voto de obediencia, de pobreza y de castidad que deben mantener hasta el final de sus días.

Imagine una escena, que bien podría ser la suya o la de algún vecino, en la que usted le pregunta a una madre por el hijo:

— Está en la iglesia, con el padre Herodes.

—Que busque de Dios —le dices—. Para que busque la cura en la calle, que encuentre al cura en la iglesia.

—Ese padre es de lo más bueno, a cada rato lo viene a buscar para una reunión o algo… Tú te imaginas que me salga sacerdote…

Y mientras la madre se imagina a su hijo, en la Capilla Sixtina, acostado en forma de cruz, en el momento que lo juramentan como obispo, el curita lo tiene en cuatro comiéndole el… cerebro al muchacho.

La gente confía en que sus hijos se entreguen a las manos del Señor, no a las manos del señor de la iglesia. A estos ministros ya ni siquiera les aplica el refrán de predicar la moral en calzoncillos porque hasta la sotana se han bajado. ¿Con qué moral van a condenar al pederasta?

Sería irresponsable acusar a todos los sacerdotes que se sacrifican en el nombre de Dios, para el bien de los demás. Para esos va la admiración de todos. Pero para esos otros, los mercaderes de la fe, los que se han aprovechado de su privilegiada posición para saciar sus más bajos instintos, se les debe aplicar todo el rigor de la ley.

Resulta sorprendente que después de tanto tiempo estos casos han salido a la luz pública. Es mucho más aterrador descubrir que los obispos estaban al tanto de estas fechorías y se habían cruzado de brazos. ¿En quién vamos a confiar?

Por mucho tiempo la Iglesia Católica había permanecido al margen de las leyes del Estado. Nadie se hubiese imaginado que dentro de esa milenaria y prestigiosa institución se estuviera fraguando este tipo de delito. Pero la Iglesia saldrá airosa de esta situación. Históricamente, lo ha hecho. Tiene la capacidad de mantenerse en el poder por mil años más.

Que no se confíen los de las iglesias protestantes, en ellas puede estar pasando esto o cosas peores. Es que hay algunos seres humanos que tienden a ceder a sus más ocultos instintos, y los religiosos no están exentos de ello.

Por lo pronto, confiamos en que esta situación ponga en alerta a la ciudadanía. Pidámosle al Creador, que cuando uno de sus ministros nos pida que nos pongamos de rodillas, sea sólo para darnos una bendición.

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