en-amor-hada

quizá fue el libro aquel que me leí hace dos noches, o la conversación que tuve con un extraño en el café. me temblaron las manos como cuando tú me las buscabas y yo no me dejaba porque estaban frías, como lloviznadas de miedo y de ganas. tantas ganas.

me he quedado callada, como escondida en esta piel que ya no sé si es mía porque el frío la ha secado tanto… quizá fue la caminata inesperada que di ayer que me dejó exhausta, con un aliento tan flaco que parecía que me moría. sabes como hay ciertos días que parecen fantasmas, que tratan de venir pero no llegan. que tratan de irse, pero se te quedan pegados en la piel. ayer fue un día triste. recuerdo esa extraña sensación que sienten los hombres cuando parece que van cansados de estar, y de sonreir y de hablar.

quizá fue el poema que encontré. las cenizas calladas en la lata que dejé en el balcón. las sobras de la comida que mi roomate dejó tiradas por ahí. la ruina me perseguió todo el día, y a veces tomaba la forma de tu rostro.

tu voz de ruina, agrietada como todas las historias, intacta como cree estarlo mi memoria.

ayer todo el día fue de noche.

creí que me convertía en un hada buena y que el cielo se enamoraba de mi cabeza fría y me ponía todas esas nubes blanquísimas como adornos de cabeza. y el cielo estaba como poseído por esa luz que aparece cuando el día está a punto de cerrar los ojos y la noche comienza a abrir todas sus bocas. ¿recuerdas esa sensación de vacío que nos agarraba ciertas tardes? ese agujero que se llena de niebla, y que es como si arrastrara todas las muertes del día, todos los besos, todas las despedidas.

Ayer pensé que el cielo se enamoraba de mí. Y que yo empezaba a enamorarme de ti.

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