Casi todo sobre la lengua de Lola

La vi en el Sam’s Club de Bayamón sin maquillaje aunque todavía conservaba su pelo largo y rojo. ¿Era de ascendencia corsa o irlandesa? ¿Mujer fatal o maestra de inglés? Lo que tienen que saber ahora, sin embargo, es que ella no se llama Lola, pero para lo que aquí he comenzado, pues sí, quiero que se llame así.

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Fue en 1999 cuando la acompañé un sábado al Marshall’s de Plaza Río Hondo para que se midiera ropa. Era diciembre y faltaban pocos días para el 2000; el último diciembre de mis sueños mojados y de perderme en fantasías redondas con las nalgas de Lola.

Estuvimos casi tres horas en el Marshall’s. Le di el visto bueno a varios de los vestidos que se probó. Yo, con diecisiete años esperando frente al probador de mujeres, esperando y disimulando una erección inminente, esperando y rezando para que hoy, coño, por fin, me pueda tirar a Lola; Lola de mis eyaculaciones, Lola pelirroja, Lola que en enero, en el primer día de clases, se pondría ese traje, el de todos mi favorito. Ese vestido que permaneció en la bolsa plástica de Marshall’s dentro de su auto, mientras subíamos a su apartamento para que finalmente me develara los secretos de su lengua.

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El teléfono sonó ese sábado mientras almorzaba. Para esos tiempos no tenía celular, así que Lola llamaba a casa (no sólo me llamaba, sino que dejaba mensajes y, en muchas ocasiones, permanecíamos hablando hasta las tantas, inclusive en días de semana) y todos sabían: mi mamá, mi papá, mis hermanos, hasta mi perro que la había olfateado las veces que había venido a casa para buscarme. Sabían y no hacían nada. Quizá preferían que me pasara con una mujer diez años mayor que yo, una adulta, que con muchachas de mi edad que estaban en las de experimentar con marihuana, Éxtasis y sexo sin protección. Lo más seguro ella ya había experimentado con todo eso, así que Pedrito estará fuera de los peligros de su generación.

Pero el peligro era ella, viejo. Era ella y a mí que siempre me ha gustado exponerme a situaciones, pues, peligrosas.

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Cuando le metí la lengua en la boca, ella rápido me la sacó con un empujón de la suya y hurgó tanto en mi boca que se topó con los alambres –reliquia de mis braces– que estaban adheridos detrás de mis dientes. Me siguió besando; todo era ella: yo intentaba morderle así, suavecito, los labios, pero ella no me dejaba; intentaba acercarme a sus pechos de mujer de veintisiete años, pero en su lugar, me subió la camisa y me empezó a desabrochar la correa, desabotonar el mahón, bajar la cremallera y encontrarse con el lapachero de mi venida precoz. Pero eso no la detuvo. Me bajó los calzoncillos y, lamiendo todo lo que sus besos y la presión de su cuerpo contra el mío habían causado, me devolvió la erección: su lengua, sus labios, sus dientes fueron los culpables. Entonces intenté de nuevo con sus pechos y fui acogido; llegué hasta sus caderas y encontré, complacido, el finísimo encaje de su tanga negra.

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Entonces te vi, pero nos ignoramos. Cuánto había esperado este momento para decirte en la cara, gracias, Luis Ponce Ruiz, gracias: me has jodido toda la vida por irte con el cuento y contárselo a medio mundo. Fue la soledad, Luis Ponce Ruiz, y me tiré a los que me tiré porque había pasado tanto tiempo desde un novio y en este país no hay hombres que valgan la pena, una tan preparada y pues, imagínate, con tanto chamaquito bellaco en el colegio de varones ese, pues, cómo no me iba a gustar la idea, ca-ra-jo. Tres años sin estar con alguien encandila a una, la cansa… Te hice un favor, Luis Ponce Ruiz, como se los hice a todos…la única diferencia fue que tú hablaste, ¿te creías, qué, especial? ¿Distinto a los demás?

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No la había vuelto a besar: con mi mano exploraba lo que sólo hasta ayer eran cerebritos masturbadores. Pero ella me besó nuevamente, me atosigó su lengua y ahí, adentro, se la aguanté con mis dientes, impidiéndole salir de mi boca y se la mordí con delicadeza, como le mordí los pezones, el lunar brotado debajo de uno de sus senos, y los pequeños rollitos de piel que se le formaban a ambos lados de su cadera debido el encaje cernido de la tanga. Y se volteó: la redondez se hizo carne. Sin ninguna premeditación eché a un lado el hilo dental que delineaba el maravilloso cañón entre sus nalgas y fue entonces ella la que conoció casi todo sobre mi lengua.

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Y hoy, luego de esperar tanto tiempo, no te puedo ni mirar a los ojos. ¿Cómo se puede mirar a alguien que ha odiado tanto a una? Las palabras no me salen, como la barba deforme esa que tratas de emparejar. La lengua se me traba, no me da para más cuando pienso en lo que hiciste con lo que te regalé.

Te vas y pasas como si fueras una hoja, una bolsa de plástico al viento y quizás tienes razón porque lo único que me acuerdo es de mi versión. No me acuerdo de todo lo que te hice y te dije. Ya ni sé por qué pienso tanto en ti, si quién sabe, a lo mejor no eres tú el que acabas de pasar o a lo mejor es que ¿todavía me veo tan bien como cuando tenía veintisiete y este que creo que eres tú pasó así, tan fugaz, porque en realidad me chequeaba y se había puesto nervioso? Quizá es que estoy loca, quizá hiciste bien en hablar con la escuela y decirle lo que hacía con los estudiantes y revelarles la verdadera razón de mi renuncia.

Pero quizá, por eso mismo, por haber hecho todo eso te odio y más lo haré cuando en algún momento (te conozco tan bien, Luis Ponce Ruiz) decidas escribir algunas pocavergüenzas y me hagas, me deshagas, en un personaje tuyo de tus historias trasnochadas.

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Cuando la vi en el Sam’s Club, me pregunté si todavía vivía en el apartamento ese donde deshicimos la tensión que nos agobiaba, porque la vi con cara de mamá: gorda, pero con cierta fragilidad en sus cachetes y en las ojeras que no había perdido tiempo en maquillar. ¿Dónde vivirá ahora y con quién?

Nos vimos pero no nos miramos. Pasé al lado de ella, de Lola, como si todo esto que ahora termino de escribir hubiera sido ficción.

2 pensamientos sobre “Casi todo sobre la lengua de Lola”

  1. Wow amigo tremenda primera aventura ,Practicamente fuistes seducido y luego ultrajado Pregunta ..actualmente ¿tienes relaciones Intimas satisfactorias? U sientes que esta experiencia marco de alguna manera tu vida.

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