Cartas del otro amor (Diez poemas trasnochados entregados a él —con énfasis en la e)

I.

Descamisados,
fornidos:
dos machos en la disco,
que se buscan
al ritmo del tecno
postindustrial.
Cuatro manos al garete,
dos torsos
varias miradas
disimuladas,
–primero–,
open to suggestions,
–después.

II.

Sabes que agoto
la intención
de quemarte con mis yemas.
Evades la provocación.

Luego,
a sabiendas,
vas acomodándote en mi mentalidad
erotizada.
Bellaca estoy
y tú,
también.

Dios mío, cuántas distancias
hay que superar,
cuánta vanidad, cuánta hipocresía,
pero el talento del agarre
se juzga
por el gusto del tacto
y el quererte
<div>

oler.

III.

Cazador a presa,
presa a cazador,
intercambian historias
de placer
en breve lapso.

Quién fuera sabueso
para interrumpir
con exabrupto,
y colmillos,
la escena violenta del cuánto me vas a morder.

IV.

Habla José Rodríguez Feo:
“Te escribí ha poco una carta llena de rencor, tristeza. Surgió de mis sospechas, que me hacía abandonado y olvidado por ti. No la tomes muy en serio. Sólo refleja en que evidencia mi gran cariño y que me duele pensar que tú tambien podrías hacer una mala jugada”. (febrero de 1948, Princeton)

V.

Habla José Lezama Lima:
“Querido Pepe, falso-solitario-a-quien-yo-siempre-acompaño: Tu penúltima carta, a la que ya contesté y en la que reincido, me ha mostrado un nuevo lado de tu poliedro. Un lamento, un temblor, no es cosa que muestres con frecuencia; por eso he subrayado esta carta y guardado con un signo venturoso. ¿Por qué muestras esa posible desconfianza? ¿Era alusión a la mala partida? Puedes ser intuitivo como el pincel de lince ante el corpúsculo y sabes demasiado que estoy siempre donde estoy, dando la misma vuelta a las mismas cosas, que son las que interesan, con las que me quedo y a las que extraño”. (31 de enero de 1948, La Habana)

VI.

Concentración en el mahón apretado
cierre abotonado de cremallera
–Levis 501–
y en sus nalgas ajustadas
a la tela que voy a cortar ahora
para rasgarla
después.

VII.

Mientras allá desaparecen los queer studies,
acá revoloteamos en la pasarela del
San Juan Fashion Week.
Infestamos la avenida Ashford,
madrugamos en el baño de un bar,
mamamos
(sin preservativos),
comemos más o menos bien
y nos burlamos
del padre del vecino:
tantos vellos en el pecho de ese hombre
y yo que me le ofrezco
como rasuradora;
como masajista contratada
para agitar y
hacer
venir.

VIII.

Espero una llamada tuya
en la ausencia de mi amado:
es la infidelidad del celular
y los encuentros
febriles;
postergados.

IX.

Lamer axilas tuyas
acariciar partes del cuerpo
idénticas
a él.

X.

Juan paga las cuentas
Manuel lava la ropa
Juan se ocupa del vestido
Manuel hace la compra
Juan está pendiente al despertador
Manuel estudia las leyes del país
Juan refuerza barreras protectoras
Manuel desbarata fidelidades
Juan es profesor de modas
Manuel ama los libros
Juan enciende la tele
(exactamente a las siete),
ve la novela,
pregunta qué vamos a cenar
y –acto seguido–
qué se puede hacer,
no ahora
sino
luego de la pornografía, el melodrama

y la locura que se suscita
en el momento preciso del cese de las repeticiones
y el comienzo de las ganas
de volverlo en sí
con el propósito de mostrarlo
y,
enseguida,
poderlo esconder.

4 pensamientos sobre “Cartas del otro amor (Diez poemas trasnochados entregados a él —con énfasis en la e)”

  1. Chévere, pero confío que tu talento brilla más en el ensayo y el cuento. No sé si son cosas mías. Un apretón.

    La Raca

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *