Calor

A mí, que me den a beber calor. Ese calor que es nuestro por ser entes de este trópico utópico. Trópico que se desquicia casi cayéndose desde la última y más pequeña de las islas grandes del Caribe grande. Caluroso. Salado. Sudado. Negarlo es imposible, como dice Luisito el de la Guaracha, el calor este “emputece la sangre,” destila un remojo de colores vivos que hace brillar las frentes y escurrir riachuelos en las espaldas cobrizas; el suero viscoso de los huesos, el torrente espumoso del territorio del fuego.

El calor es la vida, lo que buscamos por instinto los seres nacidos, lo que queremos sentir pegado fuerte entre otro cuerpo que nos disuelva y nos respire encima. Calor, tremendo calor que funde los purismos y hace salir la peca transparente que va en su travesía engordando su tamaño y explotando finalmente en el suelo; entre matojos de espigas sordas, en el filo hueco de un dedo sediento.En el frío no se puede amar. Se quiere, quizás, se quiere mucho, pero sin el fuego no se ama. El amor sólo con fuego duele, sólo en el vapor supura hasta que por las caricias que recorrieron un cuerpo se sientan las yemas rendidas, arrugadas en mueca de placer al beberse su propio fuego.

El calor es bendito, purifica, si no el infierno sería polo y no feroz centro derritiente de la tierra. El centro de todo el tizón del deseo que nos hiere hasta empolvecernos los huesos y hacernos esparcir nuestras propias cenizas sobre las aguas de un cálido mar.

Cualquiera soporta el hielo. El calor sólo lo soporta el que se atreve, el que se desnuda frente al frío y retuerce su cuerpo buscando la tibieza dormida en las esquinas remotas de su cuerpo, el que salpica su vientre de pelusas de miel hirviente o el que simplemente prefiere morir quemado en los brazos del fuego, que dormido en un lecho gélido de lana mojada.

5 pensamientos sobre “Calor”

  1. Tiene razón don Yisus, aunque soy de las que opina que hay tantas ganas de amar como temperaturas. La Raca también acierta; en esta isla en navidad se suda. Hasta se va a la playa, o al menos eso hice yo el sábado pasado.

  2. que ilustraciones tan cabronas…
    regresó con más comentarios cuando me recupere de ese anaranjado en ese azul ensordecedor

  3. Me encanta tu escrito. Es ágil y divertido, además me haces pensar en ese codiciado calor que ahora no tengo. Luego de vivir en una isla toda mi vida, estar a 30 grados es como estar medio muerto. Sin embargo…difiero en eso del amor. En el frío se ama rico, muy rico. Es la única forma de mantenerse calientito, con vapores y todo.

  4. Ay leía esto y se me salían las babitas, hasta sudé de deseo, bueno no sudé porque al igual que Margarita estoy a 35 grados de temperatura. Se extraña mucho el calor…el calor, los pasteles y el bistec encebollao de Bebos Café en la Loiza.

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