Bañándome con Sabina

En la soledad del “exilio voluntario”, como lo llama Juan Goytisolo, que no tiene nada que ver con idealismo, ni persecución política, ni lucha nacionalista de camisa del Ché; en ese simple exilio del cansancio y del “¿por qué no?”, he decidido bañarme todos los días con una canción diferente.Para no cometer el despreciable pecado de la monotonía del “Ojalá” de Silvio, me he bañado con Aute, y con la Guzmán, con Filio y con Estopa, con el Gran Combo y con Circo, con Blades y Café Quijano, con Bocelli y Cassandra Wilson y muchas veces con Tego, pero ayer…..

Ayer me bañé con Sabina, mientras me sentaba “A la orilla de la chimenea”en una lucha contra el olvido. Porque hay veces que, simplemente, nos negamos la dichosa oportunidad de olvidar; de lanzarnos a la insoportable levedad que nos espera con los brazos abiertos.

Aunque estoy en exilio, repito la costumbre caribeña del baño con agua muy caliente que cubre de vapor los espejos; por lo que la imagen de la chimenea en la canción de Sabina no se hacía tan abstracta. Ese vapor de agua muy caliente con jabón Protex me absolvió de las clichosas “penas de amor” y las cursilerías que se nos pegan cuando cae la noche y nos encontramos solos en un cuarto leyendo un libro de Kundera, y repitiendo la misma noche, tan similar a las últimas siete noches anteriores, donde añoramos lo perdido hace, quizás, dos años, por culpa del exilio voluntario y escogido.

Mientras que en el intento de encarnar o recuperar esa “sombra” de la cual habla Sabina, en el intento de volver a ser “trapecio y red”, “estación y tren”, “el pecado y la fe” de ese alguien pesado que fue y ya no es, aunque en instantes queremos que vuelva a ser; al menos durante esos 4.53 minutos bajo la ducha de agua caliente, mientras Sabina canta la canción que tanto nos gusta….

y en ese mismo intento por llenar de peso la vida, olvidé que olvidaba. Entonces una mano de vellos muy rubios cambió el CD y escuché a Sabina nuevamente, pero esta vez cantando “En la 69 punto G”… y entendí que esa noche no sería como las siete anteriores, y que debía salir del baño y ponerme sólo el sombrero negro; como la otra Sabina…

13 pensamientos sobre “Bañándome con Sabina”

  1. Me quito el sombrero por ti, y para ti. Ojalá compusiera como Sabina, y caminara como Sabina (la otra, la que tanto nos gusta, la que se nos parece tanto, y es tan distinta a la vez). Me gusta la armonía entre contenido y forma…cosa que yo no logro hacer. Ya sabes, brevedad rima con levedad.

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