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	<title>Derivas &#187; Yolanda Arroyo Pizarro</title>
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		<title>Oda a las sirenas</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Feb 2008 04:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La figura amamanta a su prole sobre la superficie del agua. Alguien habla detrás de mí con voz de trueno. Yo no escucho. Observo a la figura que aletea sobre el mar y se va alejando. Con la parte inferior de su cuerpo se mantiene a flote mientras uno de sus brazos agarra el cuerpecito. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La figura amamanta a su prole sobre la superficie del agua. Alguien habla detrás de mí con voz de trueno. Yo no escucho. Observo a la figura que aletea sobre el mar y se va alejando. Con la parte inferior de su cuerpo se mantiene a flote mientras uno de sus brazos agarra el cuerpecito. Sus manos mueven la platea azulada como acariciando las nubes, y ésas, las nubes, parecen querer bajarse del firmamento a besarle la frente a ella y su cría. La criatura succiona el pezón ávidamente y mueve la cola de pez. Yo recuerdo esos pezones y me saliva la boca. Con la misma voracidad mi corazón da un giro. El barco se mece y busco el equilibrio. Entonces me doy cuenta.</p>
<p>El equilibro es mirarla y no olvidar sus escamas. Su voz armoniosa. Es consolarse. El equilibrio es subir a bordo, y pensarla buscando el horizonte. Es continuar la vida, jugar a separarse, bromear con la idea de una nueva residencia, de un nuevo hábitat; es convencerse uno de que las diferencias sí importan. Conformarse sin derramar una sola lágrima.</p>
<p>La voz almirantonada intenta llamar mi atención nuevamente. Recuerda el rescate, me dice. Recuerda que has vuelto a nacer como hombre, añade y acomoda su gorra naval sobre el cabello plateado. Los rescates, y no los naufragios, siempre se superan.</p>
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		<title>Un beso contra la puerta</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Feb 2008 12:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
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		<description><![CDATA[ Una lluvia de perseidas se me filtra bajo la falda.  Salen meneando la colita como en una danza de salsa por arriba del escote.  Me besa incesante.  Me toma del cabello y a veces del rostro.  Con su lengua embiste la humedad de mi boca, acaricia mi cuello.  Las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Una lluvia de perseidas se me filtra bajo la falda.  Salen meneando la colita como en una danza de salsa por arriba del escote.  Me besa incesante.  Me toma del cabello y a veces del rostro.  Con su lengua embiste la humedad de mi boca, acaricia mi cuello.  Las estrellas se prenden en su tez, en su sonrisa, en los jadeos que acompañan los míos.</p>
<p>No le permito que hable.  Sólo quiero quedarme allí, cerca de él, segura dentro de sus roces.  Lo muevo con pericia hasta la puerta, dando pasos hacia mi frente y su atrás con el deseo caído de las fauces.  Un umbral cerrado que permite recostarlo a mi antojo.  Una puerta de nogal, con olor a esencias de pino, a campo de sentimientos, a margaritas apostadas en el vientre parido, a nomeolvides sin alzheimer, a meimportastanto.  Presiono su espalda contra el marco, abro con una de mis piernas las suyas, entro hasta el medio.  Subo para tantearlo con mi muslo.  Me pegué, me sintió, lo sentí.  Saqué su camisa del pantalón.  Metí las manos en su dorso, las moví corriendo por su costillar, luego al tórax, tenté sus tetillas.</p>
<p>Lo he presionado a otras puertas.  He descubierto en el envés de los portales su arritmia.  Su lomo raspa detrás de alguna de ellas y se crea la alquimia; Teseo y Ariadna.  Su reverso forma un plano simétrico entre la puerta y mi seducción.  Mi humedad lo traspasa delirante hasta el pórtico de turno. Puerta de oficina, puerta de la casa, puerta del desván, puerta del despacho, puerta de restaurante, puerta de patio, de salones de clases, de baños de Coamo, de duchas de playa, puertas de plateas de ensenada, de muelles, de puertos, de ferrys y de abertura a la bahía, de motel citadino,  y de terrazas frente al río.  Puertas.  Puertas de aduanas, puertas de avión, puertas del cine, del teatro, del automóvil, puertas de balcón. Mis puertas.  Sus puertas.  Todas saborean su cuerpo al mismo ritmo que lo hago yo.  Pegado a la puerta es un minotauro.  Tampoco se defiende.  Me muero por sus besos contra la puerta.</p>
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		<title>Dime si Buenos Aires</title>
		<link>http://www.derivas.net/dime-si-buenos-aires/</link>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2008 12:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[
A Nina
Dime si Buenos Aires es como tú
Dime si tiene esa silueta diáfana
Esa escuálida mirada
Dime si huele a tus rizos recogidos
Dime si te nombra, si es suya tu nomenclatura
Dime si Buenos Aires te extrañará cuando regreses
A mí, a nosotros, a los tuyos
Si los ojos de las plazas se pierden en una musa
si te confunden con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/buenosaires.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-663 aligncenter" title="buenosaires" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/buenosaires.jpg" alt="" width="500" height="251" /></a></p>
<p align="right"><em>A Nina</em></p>
<p>Dime si Buenos Aires es como tú<br />
Dime si tiene esa silueta diáfana<br />
Esa escuálida mirada<br />
Dime si huele a tus rizos recogidos<br />
Dime si te nombra, si es suya tu nomenclatura<br />
Dime si Buenos Aires te extrañará cuando regreses<br />
A mí, a nosotros, a los tuyos<br />
Si los ojos de las plazas se pierden en una musa<br />
si te confunden con el plectro que desenvainan las flores<br />
Que se chorrea de tu boca cuando declamas<br />
De tu sapiencia cuando eres poeta<br />
Que arde con todo lo que conoces<br />
Y lo que nos dices<br />
De todo lo que eres<br />
Y nos prometes<br />
Dime si Buenos Aires sabe a ti.</p>
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		<title>La exacta medida</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Feb 2008 15:37:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[
Recuerdos de antaño.  Una discusión que se subió de tono mientras caminábamos hacia el auto.  Ella abrió su lado de la puerta y vociferó algo.  Yo grité un poco más alto y entré.  Una vez sentadas, nos quedamos en silencio, escuchándonos las respiraciones.  Miré su pecho subir y bajar por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/desnuda.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-669 alignleft" style="float: left;" title="desnuda" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/desnuda.jpg" alt="" width="364" height="242" /></a></p>
<p>Recuerdos de antaño.  Una discusión que se subió de tono mientras caminábamos hacia el auto.  Ella abrió su lado de la puerta y vociferó algo.  Yo grité un poco más alto y entré.  Una vez sentadas, nos quedamos en silencio, escuchándonos las respiraciones.  Miré su pecho subir y bajar por el altercado.  Mis senos también hacían lo mismo y rozaban mi blusa debido a la alteración.  Waleska apretaba sus hermosos labios.  Labios de alabastro, de un rosado pálido que hacía la competencia a cualquier coral del Pacífico. Sus ojos brillaban en la oscuridad.  Su cabello negro como las novas que nacen en los cúmulos de las galaxias, le caía sobre parte de las mejillas.  Pensativa, entrecruzó los dedos de sus manos y se llevó los puños al mentón cincelado.  Todo su rostro parecía haber sido esculpido por un artista del mármol.</p>
<p>Por años nuestra amistad se había fortalecido con secretos guardados, charlas de medianoche, cartas íntimas, compartires gloriosamente fraternales.  Pero todo ese tiempo yo había estado postergando lo inevitable.  Caer rendida por ella.  Por su aroma, por su ardor, por la intensidad con que vivía la vida, por la pasión con que se enamoraba a diestra y siniestra.</p>
<p>En ese momento, en que la miré para desafiarla, para llamarle no se qué, para discutirle porque me daba rabia estar obsesionada con su pensamiento día y noche y el hecho de que me dolía irme en contra del resto del mundo por ella, quise bebérmela toda.  Entera.  Y le pedí: Bésame.</p>
<p>Ella se acercó, como si siempre hubiera sabido la exacta distancia que tendría que recorrer en el espacio de nuestra separación de rostros.  Como si supiera de siempre la exacta medida.  Colocó su mano sobre mi nuca.  Me aprisionó  con sus labios.</p>
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		<title>Fatigarse</title>
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		<pubDate>Wed, 31 May 2006 12:43:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[
8:10 am
El vapor le hace pestañear. Algunas gotas se le caen por entre los grandes ojos verdes. Se fatiga. La dificultad de respirar le hace querer moverse, pero no sabe cómo. Ve a través de los cristales. Tantos cristales. El rostro de su madre acostumbraba hacerle muecas a través de unos cristales. Reconocía siempre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://static.flickr.com/60/157149359_3225f81ee1_o.jpg"><img class="src= aligncenter" src="http://static.flickr.com/60/157149359_3225f81ee1_o.jpg" alt="" width="501" height="328" /></a></p>
<p>8:10 am<br />
El vapor le hace pestañear. Algunas gotas se le caen por entre los grandes ojos verdes. Se fatiga. La dificultad de respirar le hace querer moverse, pero no sabe cómo. Ve a través de los cristales. Tantos cristales. El rostro de su madre acostumbraba hacerle muecas a través de unos cristales. Reconocía siempre el rostro y el olor de su madre. Su padre, por otro lado, acostumbraba también sonreírle y hacerlo sonreír a través de unos cristales. Ahora está tan solo que no sabe. No lo entiende. El calor le hace pestañear.</p>
<p>9:45 am<br />
Tiene hambre. Se ha cansado de las excusas de la gente, de las promesas incumplidas, de los trabajos que nunca llegaron. Se rasca las venas del antebrazo y sin querer, la uña le arranca una llaga mal cicatrizada. Se rasca la cabeza. No pueden ser piojos otra vez. Es el calor. Mira hacia arriba y su mirada gris divisa las esferas transparentes que nacen de los rayos del sol. Traga el polvo del desierto del Sahara que llega a la Isla. Está a punto de desfallecer si no hace algo. Quiere dejar la droga. Quiere dejarla pero también quiere meterse más. Su mujer no lo volverá a aceptar en la casa y sus hijos continuarán sin mirarlo a la cara. El sudor le baja en gotas por la espalda. Necesita algo de comer. Camina hasta el centro comercial.</p>
<p>10:20 am<br />
Todos los días su mamá lo lleva al cuido. Hoy no lo ha llevado nadie. Su papá condujo, pero luego se detuvo y se bajó. Nunca antes los cristales se habían empañado de aquel modo, ni el calor le daba tantas ganas de llorar. Cree que de tanto llorar la respiración se le ha acabado. La garganta la siente reseca y dolorosa. Quiere teta y no hay. Quiere que su mamá le juegue con sus ojos esmeralda. Pestañea y las esmeraldas se le llenan de agua. Desea más agua, pero no encuentra y sus manos y piernas están atrapados en el asiento. El sudor lo hace fatigarse. Sigue llorando.</p>
<p>11:36 am<br />
Recuerda que su padre le decía que coger lo ajeno era malo. Recuerda las bofetadas y los puñetazos que le daba el padre. Recuerda también las bofetadas y los puñetazos de los padrastros. Las peleas de borrachos, las apuestas de caballos, el andar con gentuza, el robar en las casas. Le gustaban las casas abiertas, con los portones de par en par y las puertas de escrines sin el pestillo. Odiaba tener que forzar hogares. Nunca abría una puerta cerrada con seguro. Lo que sí le gustaba forzar eran autos. Los forzaba con la pandilla luego de trasladarse a Brooklyn. Cómo disfrutaba portarse mal. Cómo le gustaba usar drogas. Usarlas lo hacía sentir poderoso. Lo malo era lo caro que le costaban. Cuando regresó a la isla como parte de un acuerdo con Fiscalía, intentó dejar las drogas. Su mujer lo había tratado de ayudar. Pero claro, se había cansado en el intento número mil. El calor lo hizo volver a sudar y para evitar una gota que se le resbalaba por la frente, se llevó la mano a ésta. Al hacerlo, el sol de mediodía se tapó con la visera improvisada de sus dedos. La sombra le permitió a sus ojos grises enfocarse en un auto en el parking que no tenía puesto el seguro en una de las puertas. La puerta era la del asiento del frente del pasajero.</p>
<p>12:15 pm<br />
Se mueve poco. Las manos ya no se levantan y el pecho tampoco. Toda su ropa está empapada. Le parece que ha vivido escaso tiempo, demasiado escaso. Ya no le duele la cabeza, los latidos de sus extremidades ya no le arden, y ha dejado de soñar con sus padres. Ya no quiere la teta. Ya no vuelve a abrir las esmeraldas. Todo se ha convertido en fuego.</p>
<p>12:40 pm<br />
Sigue caminando en el parking del centro comercial, dando vueltas. Esperando a que no lo vean acercarse. La gente le pasa alrededor y lo esquiva, y él, emocionado porque ya pronto robará y venderá su botín, y tendrá dinero para comprar sustancias, sonríe y olvida el maldito calor isleño. Cuando se da cuenta que no hay nadie cerca, se aproxima al vehículo y abre la puerta de un solo movimiento. Un imbécil olvidadizo le ha hecho el trabajo fácil. El vaporizo le da en la cara y juraría que un humentín inicial no lo deja ver bien. Mira el dash y se encuentra con un maravilloso radio digital con CD. Está seguro que puede arrancarlo en un abrir y cerrar de ojos. Está a punto de hacerlo cuando siente una tenue tos. Estira el cuello. Sus ojos estudian el cuerpecito ahogado en sudores que apenas se mueve en la parte de atrás. No respira, o eso parece. La mente se le nubla. De pronto el bebé abre los ojos. Aquella mirada esmeralda se le clava en las esferas grises como pidiendo que lo carguen.</p>
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		<title>Fahrenheit</title>
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		<pubDate>Mon, 15 May 2006 18:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Bajaré la voz. Lo diré en un susurro. Te llamaré Walter, y cerraré los ojos cuando te bese. Apagaré las luces cuando te frotes sobre mí y acaricies afanosamente mis pechos. Les contaré a mis amigas de tu Hombría, de lo guapo que eres, de la suavidad de tus labios y de cómo has sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://static.flickr.com/51/147055178_5ae863a4ff_o.jpg"><img class="alignleft" src="http://static.flickr.com/51/147055178_5ae863a4ff_o.jpg" border="0" alt="" height="386" /></a>Bajaré la voz. Lo diré en un susurro. Te llamaré Walter, y cerraré los ojos cuando te bese. Apagaré las luces cuando te frotes sobre mí y acaricies afanosamente mis pechos. Les contaré a mis amigas de tu Hombría, de lo guapo que eres, de la suavidad de tus labios y de cómo has sido el primero en hacerme venir. Me callaré el detalle de las manos. Tus manos como genitalia que me palpitan adentro y que me frotan los montes abultados afuera. Diré que me penetras fuertemente, como si pudieras. Me guardaré el recuerdo de cómo me afeitas, de cómo me abres las piernas y me suavizas con dedos y cremas. Callaré la referencia de cuando lames mi todo y cuando con ello, destierras a cualquier otro anterior. Llevaré tu perfume de Hombre siempre en mi memoria. Esencia de macho posesivo de mí. Olor de tu cuello. Aroma Fahrenheit.Diré a los familiares que trabajas demasiado, que esos días de fiesta estás ocupado, que quisieras conocerlos pero se te hace imposible. Evitaré nuestros públicos encuentros. Veré cuanto me dura. Limitaré mi ansia de compañía perenne a nuestra cama; ese será nuestro rincón, hábitat revolcado de piernas y brazos, cabellos largos entre cabellos largos. Mentiré. Me mentiré con tus olores. No pensaré en todos los labios de tu cuerpo. Cerraré los ojos cuando te clave las uñas a la espalda. Me convenceré frente al espejo. Ignoraré tus pantallas, tus uñas largas pintadas, tu falda sobre una butaca. Me sumergiré en tu centro acalorado. Esconderé el secreto.</p>
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		<title>Juramentación</title>
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		<pubDate>Tue, 09 May 2006 12:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[La nena llora y lo cuenta todo y jura decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, así la ayude dios, y así recuerde las palabras de su mami, que en serio no se las puso en la boca sino que la ayudó a aclarar la mente para poder decirlas, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La nena llora y lo cuenta todo y jura decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, así la ayude dios, y así recuerde las palabras de su mami, que en serio no se las puso en la boca sino que la ayudó a aclarar la mente para poder decirlas, y poder expresarlas, y poder dirigirse a este honorable tribunal a contar que su tío nunca la había tocado como esa vez, porque esa vez su tío estaba desempleado por lo de la crisis fiscal del gobierno, y estaba deprimido y le lloró encima porque hizo el número 210 en la fila de los cupones, en una fila que hizo desde las cinco de la mañana, y como quiera hizo un número tan alto y el tío después se fue al desempleo y en el desempleo había una lentitud horripilante y su mami que no trabaja para el gobierno, que trabaja para una empresa privada multinacional y que tiene un buen puesto, le ofreció pagarle unos dólares a la semana si se quedaba a cuidarla, a ella, a la nena, que ahora tampoco tenía clases por lo de la crisis fiscal y que ella, su mami, no tenía con quien dejarla y no podía faltar a su trabajo importante en la empresa multinacional y que como quería tanto a su hermano menor, tío de la nena, tío cariñoso y buena gente que únicamente estaba deprimido por lo de la crisis, ése tío bello y joven y nada fresco, y no baboso, y no viejo verde porque apenas tiene los treinta cumplidos, la abrazó, y la besó y le dijo que toda esta crisis pasaría, y le dijo que con la esperanza vive el pobre, y le dijo que posiblemente alguien le daría un tiro al gobernador y esto se acabaría, y la nena, contenta como se puso porque con esas noticias a lo mejor empezaban ya las clases y vería de nuevo a sus amiguitos empiojados, lo dejó que la abrazase y se dejó besar y fue así como pasó, mano sobre la Biblia y juramento.</p>
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		<title>Hacedores</title>
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		<pubDate>Sat, 06 May 2006 04:08:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Fui a la nueva Asamblea de Hacedores esperando verlo y lo vi. Es tanto lo que se habla de Él. Es el gran Yav; así le decimos sus colegas co-creacionistas. Lo vitoreamos y le aplaudimos. Yo mismo lo he visto en acción y me impresiona cada vez que habla, que truena, que dictamina y expresa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fui a la nueva Asamblea de Hacedores esperando verlo y lo vi. Es tanto lo que se habla de Él. Es el gran Yav; así le decimos sus colegas co-creacionistas. Lo vitoreamos y le aplaudimos. Yo mismo lo he visto en acción y me impresiona cada vez que habla, que truena, que dictamina y expresa lo que sucede en su Mundo. Es digno de admirarse, pero, como todo lo que sucede de forma novedosa, de forma poco convencional, también es digno de ser temido.Los Seres Supremos tenemos poco tiempo para intercambiar ideas. Estamos demasiado ocupados moldeando nuestros respectivos Ordenes Universales. A cada uno nos ha tocado un Universo. Si bien es cierto que se disfruta un poco de la alabanza a cada Creador, la ansiedad nos traga. Vivimos temiendo que nuestro Orden Universal desfallezca. Si se nos muere, si se nos marchita, estaremos dejando expuesta nuestra debilidad frente a los otros.</p>
<p>Yav se ha atrevido a dirigir su Orden sin las criaturas gigantes, y eso ha tomado por sorpresa al resto de la Asamblea. Ha propuesto un cataclismo que ha costado recursos y que ha traído una nueva Era a sus especies. Hay quienes la llaman Glacial. Hay quienes la envidian, porque a partir de ella él ha logrado avanzar en sus designios. Es un Hacedor progresista, revolucionario, que no se ciñe a las pautas y que a pesar de eso, logra todo lo que se propone. Con ello ha extendido la vida a su magna creación, la de los que piensan y palpitan. Los ha dejado crecer y multiplicarse. Ha avanzado sus propósitos y ha logrado poblar su Mundo más rápido que cualquiera de nosotros. Nadie tiene sus propias esferas de vida en el estado en que las tiene Él. Ha tomado la delantera.</p>
<p>Se ha ganado loas, felicitaciones, pero también se ha ganado el resentimiento de los otros Hacedores más fundamentalistas y conservadores. Los más lentos en cuanto a la multiplicación de la especie le piden explicaciones que todos sabemos Él no tiene que dar. El Gobernante Luc, del universo contiguo al de Yav, le ha extendido un reto. Se ha molestado por la supremacía que a todas luces despide éste. Ha tomado el asunto como una competencia personal. Su Orden Universal aún no da frutos y ha acusado a Yav de monopolista y deshonesto. Nada de malo hay en ser de avanzada, le hemos dicho algunos varios, pero Luc se empeña en el desafío.</p>
<p>Yo sólo observo, soy muy joven, y quiero aprender todo cuanto me sea posible en beneficio de mis creaciones. Soy el del quinto Orden Universal hacia el oriente, y ya he poblado casi la mitad de mi planeta primigenio con criaturas bases. Me ha tomado más de siete tiempos, a pesar de todo. Aún no logro resolver el asunto de mis leviatanes, ni de mis behemotes, pero ciertamente algún día lo descifraré. El resto tampoco ha progresado tanto, pero nos llenamos de paciencia. Nos sentamos en la Sala de Creadores uno al lado del otro, y tratamos de sacar el mayor provecho a la reunión.</p>
<p>Mientras, Luc entra en la Asamblea y despide rabia. Mira alteradamente al Cuerpo de Hacedores y se acerca a Yav. Has puesto tu atención en otro de mis siervos, le imputa éste y Luc no lo niega. Tiene experiencia tentando a la especie que mora en ese otro Mundo que no es suyo. He puesto mi atención en tu Job. Déjame tocarlo, quitémosle tu protección y veamos si no te maldice en tu propia cara. Yav asiente.</p>
<p>No es su Universo. No le pertenece a Él; no tiene nada que ver con él. El desafío es totalmente innecesario. Nadie entiende como Yav se lo permite.</p>
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		<title>Aprovecharse</title>
		<link>http://www.derivas.net/aprovecharse/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Apr 2006 01:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasillo del hospital debió haber estado inmaculado. Siempre pienso en los microbios. No sé por qué los pasillos no están o no aparentan estar tan desinfectados como las salas de operaciones. Acaso eran crayones los que se habían restregado sobre los zócalos. Acaso eran huellas digitales de manos mugrientas. Probablemente nunca me entere. Lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pasillo del hospital debió haber estado inmaculado. Siempre pienso en los microbios. No sé por qué los pasillos no están o no aparentan estar tan desinfectados como las salas de operaciones. Acaso eran crayones los que se habían restregado sobre los zócalos. Acaso eran huellas digitales de manos mugrientas. Probablemente nunca me entere. Lo que sí sé es que Mayra lloraba porque sus ojos tenían ese dejo de penurias caídas. Sin embargo, se limpió las ojeras y forzó una sonrisa, que no era tan forzada por cierto. Si se viene a ver, ella quería mostrar algo de simpatía en aquella hora tan funestamente suya. Quiso ser agradable conmigo.Habían pasado quince años desde la bofetada que nos hizo mejores amigas en la escuela elemental. La bofetada se la di yo. Ni siquiera me había tenido que levantar del pupitre. Sentir sus pies dándole a las rejillas metálicas en donde yo colocaba los libros de texto fue más que suficiente. Agravaba el hecho el que Mayra fuera el ser más pusilánime de la escuela. La más atolondrada, la más tímida. ¿Cómo se aguanta una las ganas de aprovecharse de alguien así? A esa edad no se me hizo difícil. Hice de abanico. Giré mi cintura como un torniquete y mis brazos fueron aspas y la palma de mi mano toda un yunque pesado sobre una pared hecha cachete.</p>
<p>La semana anterior los del cuadro de honor habíamos hecho burla de ella por lo de sus mejillas quemadas. La madre de Mayra la había regañado, y como tantas otras veces en que se excedía en sus regaños por aquello de su alcoholismo incontenible, había empujado violentamente, con la mano abierta —otro yunque—, la cara de Mayra sobre la hornilla encendida de la estufa. Primero un lado. Luego el otro. Vuelta y vuelta, como un bisté. Esta nueva semana me tocaba joderla a mí. Así que ni siquiera le advertí que parara de mover sus piernas contra mi asiento. Me volteé ipso facto —aspas, abanico— y la jinquetié con todos los dedos de mi mano abierta en su rostro.  Su rostro quemado.</p>
<p>Lloró tanto. No me sentí avergonzada hasta que ya de grandes me la volví a encontrar en una tienda. Ella suplidora de efectos de oficina, y yo con el bochorno hecho maremoto. La pena fue difícil de pronunciar, así que mejor no dije nada. Le compré sus productos y ahogué la conciencia.</p>
<p>Regresé hoy a mi pupitre, al verla allí en aquel hospital secándose las lágrimas. Regresé a mis manos vendadas de orgullo, hechas ahora molinos de viento apenas gallardos, como los del Quijote. No le dije nada. La maestra ni cuenta se dio aquel día, pero los chicos de alrededor nuestro se burlaron. A Mayra se le salieron los mocos. A mí no se me movió ni un pelo. Fue la primera vez en la vida que recuerdo haberme sentido perra.</p>
<p>Y ahora me la encuentro casualmente en este lugar de devoción a la salud que parece también hacerla sufrir. Mayra trata lo sumo posible porque yo me sienta a gusto con sus abrazos y saludos. “Inmerecida” es una palabra que me trastorna la mente. Se limpia el llanto y concentra su atención en la buena suerte de habernos vuelto a ver. Menciona algunos recuerdos que de mí tiene. Me habla de la muñeca que le regalé, de las libretas que compartimos, de los exámenes en que nos copiamos. Le digo que estoy aquí visitando a un compañero de trabajo. Me cuenta que espera por el momento en que permitan la entrada a intensivo neonatal. El bebé nacido hace trece días atrás aún no pisa su casa. Su útero se le retuerce de las ganas de amamantarlo.</p>
<p>Mayra nunca menciona lo de la bofetada y yo, nuevamente, no tengo los cojones ni para sugerir el tema. Felicitaciones por la nueva criatura y que se mejore. ¡Dios del cielo! ¡Que nadie nunca le haga a él lo que hice yo, lo que hicieron los compañeros, lo que hizo la mamá de su mamá! Miro el pasillo. Me nota esquiva. Se despide. Luego de un abrazo infinito entre ambas, me marcho. Insisto en que ése pasillo de hospital ha debido haber estado inmaculado.</p>
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		<title>Hemorrea palpitada</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Apr 2006 10:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yolanda Arroyo Pizarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Esconde el rostro. Sufre. No estás sola y no hay consuelo. Lágrima soleada y soledad. Piel expuesta. Tuya. De nadie. Ojo brilloso y la puerta. Se abre. Se cierra. Mano sobre la espalda. Invasión. Te niegas. Mueve el cabello. Espalda descubierta. No coagula.  Muerde el cuello. Sangra. Ríe. Duele. Hermano. Quiero más, hermana. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esconde el rostro. Sufre. No estás sola y no hay consuelo. Lágrima soleada y soledad. Piel expuesta. Tuya. De nadie. Ojo brilloso y la puerta. Se abre. Se cierra. Mano sobre la espalda. Invasión. Te niegas. Mueve el cabello. Espalda descubierta. No coagula.  Muerde el cuello. Sangra. Ríe. Duele. Hermano. Quiero más, hermana. A veces sí. Y molesta. La conciencia late. Esconde el rostro.</p>
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