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	<title>Derivas &#187; Raquel Albarrán</title>
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		<title>Sienta: burbuja y cuenca</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2006 06:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Te invito a sentarnos en una pecera vacía, le dijo. De esas que caducan después de una exhalación de aleta, después de la última burbuja, bur / bur / bu / bu—los ojos vacuos, la mímica redonda—ja. Así me succionaba el reverso de los pómulos, así rebasamos su brillo el pez y yo: intersticio acuoso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Te invito a sentarnos en una pecera vacía, le dijo. De esas que caducan después de una exhalación de aleta, después de la última burbuja, bur / bur / bu / bu—los ojos vacuos, la mímica redonda—ja. Así me succionaba el reverso de los pómulos, así rebasamos su brillo el pez y yo: intersticio acuoso entre dos pares de cachetes, me dijo. Y por eso sostendría—tiende a ser muy obstinada—que el tal Esteban, que pudo llamarse Lautaro, Héctor o Alejandro, o teóricamente no llamarse del todo, tenía más de pez que de trópico, o que el trópico es pez, es viscosidad que salta de las manos falta de aire, falta de una burbuja a la cual llamar la última. Y sostendría además, poniendo las cosas en perspectiva, el derecho de que una niña lo haga, no pecera, sino pozo, estanque, lago; que se siente a orillas de sus ojos y convoque peces, amainando cegueras que son leche y no sal diluida. Házte pez, me dijo que le dijo firme a las esferas. Y con ello le aceptó la invitación, y la dejó quedarse, y la dejó recolectar proteínas líquidas en la cuenca del ojo, que no es otra cosa que darle permiso para quitar la nata, la herrumbre, las telarañas, girar el grifo, y nadar.</p>
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		<title>Tópico</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2005 21:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[A un tal Kevin, por lo que vino; por lo que vi y lo que no
El músico salado sale a capear vestido de Jimmy Hendrix. Flexión, patada en uno, izquierdo en tres, cadera sincopada. Las nalgas escuetas. Bailan. Le mira la raja que se descubre con la pisada del mahón. Contra esos cachetes también se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="dedicacion">A un tal Kevin, por lo que vino; por lo que vi y lo que no</div>
<p>El músico salado sale a capear vestido de Jimmy Hendrix. Flexión, patada en uno, izquierdo en tres, cadera sincopada. Las nalgas escuetas. Bailan. Le mira la raja que se descubre con la pisada del mahón. Contra esos cachetes también se puede tamborilear. Lo dice la voz de la experiencia. Se va en <span style="font-style: italic">diminuendo</span> a la distancia uniformando el tempo, en uno, en uno no, que se queda disparejo. Se espepita en pleno mediodía. La boca de la madrugada padece de afasia y resulta buen escondite para los sueños. La primera vez que se lo contó fue en ocho, pero no le hizo caso. Los músicos son unos irresponsables. No se puede confiar en ellos.Con el mahón también baja el sudor. Podría ensayarse su pensamiento, pero lleva gafas. Baja, impenetrable, la ladera. Se le había sentado encima, mientras él cimbraba arpegios metálicos en ritmo tropical. Se le regodeó con las nalgas. Casi llegando al cuarto tiempo. Aplastó al cuerpo inmovilizado contra el suyo, presionando  la guitarra, desgarrando las cuerdas. No comparó siluetas, lo encontró bastante trillado. Le miraba a él la diagonal en cada una de las uñas, el dedito disparejo al final, como el uno. En uno no, es mejor los tiempos pares. Sigue.</p>
<p>El sol le ungüenta el error de blancura que lleva en la piel. Podría ser el tema, pero el fronte lo impide. Podría salar. Destetarse de la cueva sólo para eso y para tocar era sospechoso. Pero va de encubierto, porque no se asemejaba a la idea que tenía de sí mismo cuando se tiraba la nota de pecho. El pañuelo rojo le absorbe las sienes. También los pensamientos. Electrizarse no es sólo eso, es enjorquetarse el cable por la boca para que gima la guitarra. Es empeñar los dientes en la empresa, pulsar y pulsar hasta que silbe la madera. Es tertuliar con el género, retar la gravedad con garbo. Chillar en fa, en sol, elevarse no sé cuántos dos más que ayer.</p>
<p>Los brasileños casaron al <span style="font-style: italic">rock</span> y al <span style="font-style: italic">bossa</span>. Buena mezcla, como el ritmo y la coca.  En extremo tropical. Dejar que hipara la guitarra no era un reto, más bien fue que un músico mediocre no pudo hacer que cantara. El tape fueron los silencios rítmicos, le había dicho, y la cosa pegó como el chicle. Éste también se tropicaliza. Basta con que se le añada piña. Entonces es inevitable imaginar a Carmen Miranda haciendo la rueda.</p>
<p>El viaje de ida y vuelta. Ahora veía venir al músico del ciclo, mascando los silencios oportunos del <span style="font-style: italic">bossa</span> que aruñan sus chambones en la brea. La calor le sube el color, pero no se sonroja por no competir con el pañuelo. La música espía. Expía, calma y cura las dolencias neones que rasgan el polvo; es igual que rascar la pizarra en estridencias de tiza. Cuando se sobrepasa el do, no hace falta más impulsos eléctricos. La corriente es una ola de <span style="font-style: italic">bossa</span> que baila en el anonimato de la madrugada. Quien ha transgredido su intimidad sabe de qué se habla cuando el verbo musical se desarticula a esas horas. Se le ha visto cortejar con la cadencia divorciándola del <span style="font-style: italic">rock</span>. De madrugada vocea <span style="font-style: italic">bossa</span>. De eso se trata. También para eso sale.</p>
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		<title>Deadline</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2005 22:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>En el frente, herida de muerte, cae una fecha más. No hay tiempo para llorarla—estamos anestesiados. Le estampamos al papel la hora oficial del deceso. Los formularios esperan la caída de mañana.</p>
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		<title>Resultados de boca: Documental puertorriqueño gana Emmy</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2005 00:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Lilliana me llamó eufórica y me lo dijo, acabada de recibir la noticia de boca de Caridad desde un celular en un avión camino a Puerto Rico, así que de boca de Caridad al oído de Lilliana a mi oído derecho a tus ojos, ha pasado menos de una hora.
Cuentan estos interlocutores que los productores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lilliana me llamó eufórica y me lo dijo, acabada de recibir la noticia de boca de Caridad desde un celular en un avión camino a Puerto Rico, así que de boca de Caridad al oído de Lilliana a mi oído derecho a tus ojos, ha pasado menos de una hora.</p>
<p>Cuentan estos interlocutores que los productores de <em>Las rutas del Quijote</em> (Producciones Entre Nos, 2005), serie documental de cinco capítulos, Caridad Sorondo y Gil Raldiris Aguayo, acaban de ser galardonados con el primer premio en el 2005 Suncoast Regional Emmy Awards bajo la categoría de <span style="font-style: italic;">Information Oriented Programs</span>, o de Programas de contenido informativo, en una traducción al español medio chapuseá.</p>
<p>Para el desentendido, este documental comenzó a transmitirse en el 6 en lo que era entonces Tu Universo Televisión (TUTV), pasado nombre del canal del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, más o menos en abril de 2005. El mismo, a propósito del cuatrocientos aniversario del primer tomo de <em>El Quijote</em>, contó con la participación de figuras de renombre en el mundo de las letras hispánicas, a saber: Carlos Fuentes, Luce López-Baralt, Arturo Pérez-Reverte, José Saramago y Antonio Skármeta. Ahora, el televidente boricua podrá deleitarse con las repeticiones, que auguran ser bastantes, debido al período oscuro por el cual está atravesando la programación de dicho canal.</p>
<p>De boca de Caridad, conozco lo sacrificado y a la misma vez gratificante que fue para ella la realización de este proyecto. Como salí balbuceando reflexiones acerca de <em>El Quijote</em> en el episodio de Antonio Skármeta, junto al pintor puertorriqueño por excelencia Antonio Martorell, tuve la oportunidad de acercarme al corazón de la producción en una de las historias que Caridad me hizo y que repetiré brevemente. Sucede que en uno de los descansos de la filmación ella me dice que trabajar con José Saramago fue maravilloso, además de porque los viejitos son tiernos, porque éste es uno con fe de niño. En una de las conversaciones con él parece que habían tenido una discrepancia en algo acerca de Don Quijote y Caridad, defendiendo su punto, le dice al laureado escritor: “Pepe, déjate de eso, actúas como si Quijote hubiera existido”. Aunque no estuve allí, puedo imaginarme el puchero en la boca de Pepe segundos antes de comentar, visiblemente dolorido por la profanación de un ídolo: “Pero, Cari&#8230;, el Quijote sí existió…”.</p>
<p>Recién ahora, escribiendo esta nota, he entendido que tal vez por eso—bueno, y también por algo de chavitos—Caridad decidió emprender la travesía que la llevaría a revivir la historia del Quijote para nosotros, y para ella misma. El premio, aunque merecido, viene por añadidura. Felicidades, Cari.</p>
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		<title>No. 24 (fragmento)</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2005 00:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las manos son morada de la memoria en el espacio. Con ellas aprendió su espalda ancha de cera amasada, cediendo como barro en el torno, deslizándose entre la largura de sus dedos. Uñas mesuradas, barniz transparente, rojo mineral en la cutícula. La última herida que cosió en el internado. Sangre, aceite viscoso entre sus dedos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las manos son morada de la memoria en el espacio. Con ellas aprendió su espalda ancha de cera amasada, cediendo como barro en el torno, deslizándose entre la largura de sus dedos. Uñas mesuradas, barniz transparente, rojo mineral en la cutícula. La última herida que cosió en el internado. Sangre, aceite viscoso entre sus dedos. El padre y el ritual de la ablución. Era necesario extirpar los comedones. Estudiarás medicina. Las manos entrelazadas en un sí, acepto. Dejarás la carrera. Sí, acepto. Frío. El metal que quema su anular. La arcilla también cedía. Se moldearon huecas en decenas de vasijas repetidas, en íconos de escarcha molida entre los dedos. Se entendieron en horas de encierro, de hambre, de nada. Al calor del fuego, se secaban como costras. Maleable, ya no. En las manos llevaba el diario de su vida.</p>
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		<title>Moscas volantes y centelleos</title>
		<link>http://www.derivas.net/moscas-volantes-y-centelleos/</link>
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		<pubDate>Sat, 05 Nov 2005 05:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre me he rodeado de palabras, al menos eso asegura mi madre. Pero sólo recientemente he comenzado a escribir, por lo que es común&#60;*&#62;que pase rato frente a la página blanca o a la vitrina del procesador de palabras&#60;*&#62;antes de que acuda a mí imagen alguna.
&#60;*&#62;
Lo primero, primero que escribí con alguna intención creativa fue [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre me he rodeado de palabras, al menos eso asegura mi madre. Pero sólo recientemente he comenzado a escribir, por lo que es común<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span><span style="font-size:100%;">que pase rato frente a la página blanca o a la vitrina del procesador de palabras</span><span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>antes de que acuda a mí imagen alguna.</p>
<div style="text-align: right;"><span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span></div>
<p>Lo primero, primero que escribí con alguna intención creativa fue un poemita que titulé &#8220;A mi madre&#8221;. Lo hice en la clase de Español de la Sra. Paler en un período de 45 minutos. Decía algo así como: &#8216;El amor de mi madre es como una flor / que se posa en mi corazón. / Ella me mima y me abraza / y nunca, nunca me rechaza&#8230;&#8217;. Por él pelée una vez con mi mejor amiguita de entonces, Lotty, porque ese año gané el Certamen Literario en la Academia San Ignacio y ella se empeñaba en decir que la palabra &#8216;congoja&#8217;, que estaba más hacia el final del poema, yo &#8216;la había buscado en el diccionario para ponerla&#8217;. En realidad, no lo había hecho. Pero, de todos modos, no importa, porque ese poema ya se perdió. Una vez vi una copia en la biblioteca de la Academia, o eso creo.</p>
<p>Me parece que después de ese incidente no retomaría la palabra hasta la Escuela Intermedia, cuando por encargo de cierta profesora (que todos llamábamos Chubaca) le escribí un poema a tres mujeres deportistas: Angelita Lind, Rebekah Colberg y Gigi Fernández. De ese escrito no me recuerdo mucho. Lo hubiera olvidado por completo si no hubiera sido porque Chubaca me llamó hace un tiempo para darme la noticia de que publicaría el poema que escribí en noveno grado en una segunda edición del libro de las deportistas. Después de semejante impresión, no sé, pensé cambiarme el nombre de ahora, o mudarme del país&#8230; Lo que me da es pena de que antes de que pudiera publicar algo bajo esta identidad de escritora recién aprendida, otro de mis yo vandalizara el intento.<br />
<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span><span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span><br />
Ya dije que siempre me he rodeado de palabras, al menos eso creía. <span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>Pero, últimamen<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>te me rodean moscas a mí. Ha sido mi destino<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>que corra la fatídica suerte de mamá, de quien ya hablé, a quien también ellas persiguen.</p>
<div style="text-align: center;"><span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span></div>
<p>Ella afirma, aunque sé que duda, que debió pasar mu<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>chísimo tiempo antes de que se diera cuenta. Como está casi ciega, no veía<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>el incesante correr de<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>las moscas, su oscilar en el espacio. Tampoco<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>escuchaba nada. Me dijo que esas moscas son impermeables al tiempo pasado y que, aunque no las podía ver cuando se miraba en el espejo, las<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>sentía<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>seguirla<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>a dondequiera<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>que<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>iba. Trató de enseñarmelas sin éxito un montón de veces. Desistió, creo, cuando vio que, por más que me concentrara, yo no las veía. Hasta pienso que se alegraba de este hecho, para que yo no tuviera que cargar con ellas en la memoria para arriba y para abajo. Decía, que le recordaban a cosas feas. Debieron pasar casi más de dos lustros para que yo encontrara las mías.</p>
<p>Yo, como ella, tampoco advertí revoloteo alguno hasta el día que me quedé sola en la glorieta tratando de escribir algo que ahora no puedo precisar. En<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>ton<span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>ces, las vi centellear justo en frente de mi. Habrían sido cinco o seis, a lo mucho. Nadaban en el humor de ambos ojos, <span style="font-weight: bold;font-size:78%;">&lt;*&gt;</span>acompañándome en ese momento que las palabras me habían abandonado. Una vez alguien me dijo que eran pedazos de retina sedimentados en el ojo. Pero no le creí. Las moscas son escamas de olvido que flotan en el caldo de la memoria.</p>
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		<title>Puertas</title>
		<link>http://www.derivas.net/puertas/</link>
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		<pubDate>Fri, 28 Oct 2005 06:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[
Desperté viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada.


El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
Que beben mi sangre

Alejandra Pizarnik
I
Te mueves como queloide de la oscuridad. Comienzan a desentumecerse los miembros sobre la cama. El guía te invitaba a abandonar el cuerpo. Pruebas la espesa saliva mercurial. No, no. Quedarse así. No poder. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/uploaded_images/door3-720799.JPG"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://www.derivas.net/uploaded_images/door3-718623.JPG" border="0" alt="" /></a></p>
<div class="epigrafe"><em>Desperté viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada.</em></div>
<div class="epigrafe"><em><br />
</em></div>
<div class="epigrafe"><em>El aire me castiga el ser</em></div>
<div class="epigrafe"><em>Detrás del aire hay monstruos</em></div>
<div class="epigrafe"><em>Que beben mi sangre</em></div>
<div class="epigrafe">
<p><span class="smallcaps">Alejandra Pizarnik</span></div>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>Te mueves como queloide de la oscuridad. Comienzan a desentumecerse los miembros sobre la cama. El guía te invitaba a abandonar el cuerpo. Pruebas la espesa saliva mercurial. No, no. Quedarse así. No poder. Dolor intermitente del nervio óptico, justo detrás de las órbitas. Había intentado hacer contacto contigo, nuevamente. Lo intuyes. Viajar en sueños: cada vez más frecuentes, hibernales, si no hubiera sido por el monstruo de perra sata que tienes. Se empeñaba en rasgar la entrada del dormitorio para que la dejaras tenderse en la pequeña alfombra al pie de la cama. Tratando de ignorarla, buscando regresar a ese umbral de sueño perdido, pasó de las rasgaduras a acometer contra la puerta. Hora: 3:03 de la madrugada nada más. Maldita sea. No queda más remedio que levantarse y dejarla entrar. Un poco a tientas en la oscuridad, adivinas el frasco de Seconal (las rojas) y sales en busca de un poco de agua.</p>
<p>Dejando atrás tu reclusión, haces el largo recorrido de la habitación a la cocina. Vas apagando luces, hay que ahorrar energía, el televisor de la estancia familiar, dos abanicos de techo, hasta llegar a la nevera. Está abierta. Ni agua fría, coño. Vasos. Vasos. Friegas uno que flota en el agua grasosa del fregadero. Con la mano izquierda, cierras la alacena, casi vacía. Esta mierda se le está volviendo costumbre. Nota mental: que hagan compra. Apagas también la luz de la cocina. En esa oscuridad, en ese silencio que crees absoluto, percibes sonidos hueros desde la habitación ajena. Seguro habrá llegado ahora, desgraciada. Me va a oír.</p>
<p>Acaricias la perilla de esa otra puerta. Es muy tarde para sermones. Te tragas la furia. Tal vez mañana. Huyes. Hora: 3:14. Sopesas con la mano libre la cantidad de rojitas que te debes meter para retomar el viaje astral de hace unos minutos. Es mejor dormir. Al otro lado, acechan quimeras.</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>Recostado contra la plataforma de la cama, brilla el único espejo de la habitación. La pared guayaba de donde colgaba, ahora desvestida, descubre una desconchadura áspera y un clavo que la traspasa. Sobre el piso frío de baldosas, una balanza digital descansa. Suspendido por una escasa cadena, el farol rosado de la esquina se deforma en el cuerpo de una sombra perversa. A mano siniestra, la imagen de la pintora de cejas apretadas inclina una mirada vidriosa. Nunca sabremos con certeza qué significa esa mirada. Algunos dicen que es de tristeza. Quizás sea compasión. Si vieran lo que Ella ve ahora, dirían que reprueba y se disgusta.</p>
<p>La habitación es un campo de batalla. Sobre la coqueta ambarina sesea una botella de Diet Coke medio vacía. Al lado de unos laxantes, relucen los papeles plateados: más de dos docenas de envolturas de chocolate. El lugar habitual de la vela de mariposa lo ocupan ahora un cuenco blanco de loza y una cuchara, donde se secan residuos de Special K y leche. Y así, se desbordan los restos de comida sobre la cama, el escritorio y el piso: una caja de pizza, un galón de helado derretido, una bolsa vacía de Tostitos, latas de salchichas, varias copas de yogur&#8230;</p>
<p>Siguiendo el camino de las hormigas bobas, al fondo, la puerta del baño se ha quedado entreabierta. Por la abertura fina que la separa del marco se escapan, débiles, un chorro de luz y el llanto atragantado de quien ignora que podamos escucharla. Aplicado el remedio, purgada la culpa, estalla el manantial de la bacineta. Una vez más, se recupera, en su liquidez queda y lenta, de su vacío.</p>
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		<title>Llanto en El Boricua</title>
		<link>http://www.derivas.net/llanto-en-el-boricua/</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2005 07:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[
Que el día del Grito de Lares estuviéramos en El Boricua era un cliché. Ni me había pasado por la mente ese detalle cuando mi amiga me invitó a darme unos tragos con ella, su papá, y su abuelo, antiguo dueño de ese falso bastión bebedor del independentismo puertorriqueño. No por sentirse boricuas es que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/uploaded_images/pr-lares-745497.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://www.derivas.net/uploaded_images/pr-lares-744186.gif" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Que el día del Grito de Lares estuviéramos en El Boricua era un cliché. Ni me había pasado por la mente ese detalle cuando mi amiga me invitó a darme unos tragos con ella, su papá, y su abuelo, antiguo dueño de ese falso bastión bebedor del independentismo puertorriqueño. No por sentirse boricuas es que los independentistas inundaban el chinchorro los jueves y los viernes por la noche, sino porque la bebida era barata.</p>
<p>Ese viernes sobraba local para tan poco parroquiano. “Adió, cará, y dónde está la gente aquí”, dijo mi amiga. La cosa era tal que hasta conseguimos parking VIP: un milagro. Parece que la noticia se sabía y nosotras éramos las únicas que no estábamos enteradas. La gente murmuraba, miraba a la distancia y se quedaba como lela. Las conversaciones animadas que traen la nota alcohólica se iban apagando y daban paso a un sorber lento de cerveza local. Casi como cuando se fuma. Siempre he pensado que todo fumador debe ser también filósofo, porque para fumar es necesario verse estoico, evocar problemas mayúsculos irresolubles, tal vez hasta existenciales, y mirar desvanecerse el humo de la misma manera que lo hacían las conversaciones de estos bebedores. No pude soportar el ambiente y me fui a mear. No había fila para el baño, eso me sorprendió. Pero me sorprendió más que hubiera papel.</p>
<p>Cuando regresé mi amiga y su papá ya se confundían en la escena de personajes meditabundos. No sé qué miraban en ese piso emplegostado. Meneaban la cabeza y casi podría jurar que ni se dieron cuenta de que había regresado. No me quedó más remedio que esperar a que salieran del trance, que duró casi un minuto de silencio. Ahora que lo pienso, no sé tampoco si fue a propósito. Lo que sé es que fue así de insoportable. Cuando por fin uno habló, el papá, se limitó a decir: “Lo mataron&#8230;”. Y yo, perdida. “Si esto hubiera ocurrido en los tiempos de papi, hubiera sido diferente”. ¿Quién? ¿De qué hablaban? Abrí los ojos enormes, con mi mejor cara de sorpresa-angustia-confusión. Debió haber dado resultado. En seguida me clavó los ojos colorados, y me dijo el nombre del muerto. No sé qué cara puse, pero traté de parecer solemne e imitar la misma cara que tenían todos. No habría aguantado mucho en silencio si no hubiera sido porque llegó ella.</p>
<p>La vi bajarse del carro con otros dos tipos. Uno de ellos debía ser su pareja, pero no pude precisar de inmediato cuál: así de pegados estaban los dos. Era alta y flaca como una jiribilla, pero eso no fue lo que me llamó más la atención. Fueron su pelo, y sus labios. Tenía un recorte corto como de peluca, hasta me pareció que tenía el pelo rosita. Y los labios eran enormes, demasiado para una mujer tan flaca, pintados de un rojo rígido, mate. No sé si fue el alcohol, pero se me ocurrió que los tres juntos eran una especie de <em>Mod Squad</em> machetero. Qué cosas piensa uno, ¿no? Los seguí mirando sin recato. Caminaron hacia la ventanita expreso. La mujer sacó cuatro pesos. Discutió un poco con la bartender y con los tipos. Comenzó a llorar. Los dos tipos la agarraban para que no se desplomara. Pataleaba. Por fin lo hizo, desconsolada, en una silla verde de plástico al lado de la mía. ¿Se habría enterado del muerto ahora ella también? Blandía los cuatro pesos, se los estrujaba en la cara y balbuceaba. Supe que esos cuatro pesos hubieran sido cuatro bebidas (¿por qué cuatro, si sólo habían tres personas?), a no ser porque el día del Grito de Lares, el día del muerto, a las 9:23 de la noche, no quedaban más Medallas en El Boricua.</p>
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		<title>Leve arte poética</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Sep 2005 17:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[A Manuel Clavell, aliado de la pesadez,
y a Margarita Pintado, amiga de la ingravidez
abíanse reunido los mejores poetas del reino para cantar alabanzas al oso, rey de las criaturas del bosque, en las fiestas de su cumpleaños. Aquel cuyo poema fuera del mejor agrado del rey sería honrado como su consejero personal en el palacio.
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="dedicacion"><em>A Manuel Clavell, aliado de la pesadez,<br />
y a Margarita Pintado, amiga de la ingravidez</em></div>
<p><img class="size-full wp-image-1014 alignleft" title="letra h" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2005/09/letra-h1.gif" alt="letra h" width="106" height="106" />abíanse reunido los mejores poetas del reino para cantar alabanzas al oso, rey de las criaturas del bosque, en las fiestas de su cumpleaños. Aquel cuyo poema fuera del mejor agrado del rey sería honrado como su consejero personal en el palacio.</p>
<p>El primero en loar fue la ardilla, quien hizo tan extensa glosa que su canto duró dos días con sus noches. Una vez terminó, los animales del bosque se habían quedado dormidos.</p>
<p>Le siguió el búho. Aunque su poema fue corto, tenía tantas palabras de significado desconocido que terminó por abrumar a los presentes, y ni el rey mismo comprendió nada.</p>
<p>Cantó luego la cigarra. Poco importó la belleza de sus palabras, pues tal era la estridencia de su voz que dejó sordos a cuantos la oyeron.</p>
<p>Finalmente, le tocó el turno al ciervo. Inclinado ante el monarca, con voz aflautada, cantó: —&#8221;Bien estimado señor mío, tu siervo soy&#8221;.</p>
<p>Esto conmovió al rey de muy buen talante, quien halló genuinas y muy bellas sus palabras. El ciervo, habiendo resultado victorioso en la contienda, no tan sólo se hizo ayudante del rey en el palacio, sino que se desposó con su única hija.</p>
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		<title>Séculos e abraços</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Sep 2005 13:02:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raquel Albarrán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Agradeço Queiroz o interminável destempo
que é o parêntese de seu verbo
&#8230;(Caríssimo tu, pelo novo ano que ainda começa diariamente enquanto me deito nos teus olhos, pela rúa desandada ao meu interior, que também é o teu, pelos séculos que percorrem num abraço nosso&#8230; És tu medida de tempo certa para mim.)&#8230;

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/uploaded_images/abrazo-775065.bmp" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://www.derivas.net/uploaded_images/abrazo-773090.bmp" border="0" alt="" /></a></p>
<div style="text-align: right;"><span style="font-style: italic;font-size:85%;">Agradeço Queiroz o interminável destempo<br />
que é o parêntese de seu verbo</span></div>
<p><span style="font-size:100%;">&#8230;(Caríssimo tu, pelo novo ano que ainda </span><span style="font-weight: bold;font-size:100%;">começa</span><span style="font-size:100%;"> diariamente enquanto me deito nos teus olhos, pela rúa desandada ao </span><span style="font-weight: bold;font-size:100%;">meu</span><span style="font-size:100%;"> interior, que também é o </span><span style="font-weight: bold;font-size:100%;">teu</span><span style="font-size:100%;">, pelos séculos que percorrem num </span><span style="font-weight: bold;font-size:100%;">abraço</span><span style="font-size:100%;"> nosso&#8230; És tu medida de tempo certa para mim.)&#8230;<br />
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