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Pedro Rodiz (San Lorenzo, 1970) es teatrista. Ama la escritura, pero lo que le apasiona es el teatro. Su maestría en Redacción para los Medios fue una excusa para mejorar su escritura. Lo que más desea es poder montar sus obras en un escenario, en cualquier espacio.

La actuación comercial

Todo aquel que tenga algún tipo de contacto con el teatro queda marcado para siempre. La actividad teatral es como una medusa: todo aquel que mire de frente a su cabellera seductora, queda petrificado. A veces pienso que el actor es como una especie de Rey Midas, y todo lo que toca, lo convierte en oro.

Hace algunos años, cuando era un estudiante rebelde del Departamento de Drama, tuve la oportunidad de participar de una experiencia estremecedora. En el Teatro Universitario, cuando aún tenía sillas, se presentó La Gaviota, de Antón Chejov. Invitaron a un director alemán y en elenco participaron extraordinarios actores tales como Idalia Pérez Garay, José Félix Gómez, Axel Anderson y Cordelia González, entre otros. Permitieron que los estudiantes asistieran al ensayo general. El concepto de la puesta en escena fue con el público sentado en el escenario, muy cerca de los actores, y la platea estaba de fondo, insinuándose como escenografía. El lugar donde me senté era incómodo, estaba repleto de estudiantes. Tan pronto comenzó la obra me olvidé de la molestia y me sumergí en la trama. Aún me estremezco al recordar a Cordelia González en el personaje principal. Ella vibraba, emanaba una energía, un brillo, un aura, no sé cómo nombrarlo, que me atrapó. No pude dejar de mirarla.

En ese instante entendí lo que los griegos denominaron como la catarsis, un estado casi orgásmico, un éxtasis, entre el artista y el espectador. No encuentro las palabras para expresarlo, porque fue irracional. Sólo un poeta podría describir lo vivido. Es un encuentro único. Cuando eso se suscita, el teatro deja de ser oficio y se convierte en arte. O como diría Constantin Stanislavski: “el arte de la representación exige perfección, para seguir siendo un arte”.

Las circunstancias económicas, la poca asistencia a los teatros, las muchas alternativas de entretenimiento, el alto costo de la producciones, entre otros problemas, ha motivado a los productores a recurrir a muchas estrategias para recuperar la inversión. Lamentablemente, algunos mercaderes del teatro en Puerto Rico, indiscriminadamente confunden los conceptos de la libertad de expresión, espectáculo, oficio y entretenimiento, y lo mercadean como arte. Subestiman al público de esa forma. La prensa, por su parte, sin mencionar la poca cobertura que ofrece, malinterpreta constantemente, confunde “farándula” con “arte”, “figurín de televisión” con “actor”. Es como decir que un trapito sucio se puede usar como mantel. El que una persona pueda tocar varias teclas de un piano y sacar una melodía, ¿lo convierten en un músico? El que un individuo haga figuritas de animales en barro, ¿lo convierte en un escultor?

Una o varias personas se pueden reunir y presentar una puesta en escena en cualquier lugar de la Isla, y en ella, decir y hacer lo que quieran. Eso es un derecho adquirido con nuestra constitución. ¿Pero los convierte en actores?

¿Qué hace a una persona, un artista? ¿Un actor nace o se hace? Es indudable que existen seres nacidos para actuar, pero sin una educación formal en teatro no les sirve de mucho o de nada, ya que no logran manifestar sus habilidades a plenitud. Pero no todos los actores se forman en una escuela o departamento. Algunos por fuerza de hacer y representar; con disciplina y deseos, se convierten en actores respetados.

Ciertos productores de teatro, ante la crisis teatral por la que atraviesa el País, utilizan a personas que no son actores, que no tienen ningún tipo de preparación histriónica, pero sí algún tipo de notoriedad o presencia en los medios, para atraer público a las salas. ¿Existe algún problema con eso? Sí, es sumamente ofensivo, porque no aporta nada y degrada la profesión. Eso produce un efecto de luces de bengalas, inmediatamente se despliega una gran cantidad de luz que se evapora luego de unos instantes. Cuando alguien tiene un dolor de muelas no va a donde un electricista. Va al dentista.

Las obras de arte se aprecian por su alto valor artístico. Cuántas veces no hemos visto encabezados de periódicos que dicen: “La merenguera hace su debut en la actuación”, “La modelo y actriz”, “El rapero convertido en actor”. Éstos son utilizados como ganchos publicitarios para atraer gente a las salas. Y lo peor del caso es que cobran cuatro veces más de lo que cobran actores que llevan años tratando de crear un nombre o un reconocimiento, no por vanidad, sino para ampliar sus oportunidades de trabajo. Algunas veces, el único mérito que llevan éstos personajes de la farándula es que se casaron con una persona conocida o peor aún, que se ha agrandado las tetas. Con eso llenan portadas de revistas. Es un culto a lo banal. En otras palabras, el mensaje que se envía es, que cualquier imbécil puede hace teatro. ¿Y esto es así? ¿Cualquier idiota puede pararse en un escenario y transformarse en actor?

Si los del ballet buscan bailarines adiestrados, si los de la ópera buscan cantantes profesionales, pues, en el teatro deben estar los actores. Para lo demás existe la televisión. Esto no quiere decir que si se va a montar una obra que requiere de una destreza en particular y no se consigue a un actor preparado para realizarla, no se puede recurrir a un exponente de otras disciplinas, como por ejemplo a un gimnasta, un cantante profesional (no comercial) o un bailarín, por mencionar algunos ejemplos. El problema es cuando, pudiendo realizar el trabajo un actor, contratan a alguien de la farándula que no tiene ni los méritos, ni la preparación, ni mucho menos el talento, para realizarlo. Eso es lo ofensivo.

Parece que piensan que para actuar lo único que se necesita es cierto grado de naturalidad. Dicho de otra forma, para hacer televisión, se necesita que el individuo se comporte como lo hace en la vida real. Y con eso no hay ningún problema. Muchos son exitosos en ese medio. Pero una cosa es la televisión y otra, el teatro. Ellos en su medio ambiente y nosotros en el nuestro.

Pero no todo es tragedia, algunos figurines se acercan al teatro con respeto, como debe ser, y reconociendo sus limitaciones, buscan la ayuda necesaria para compensar la inexperiencia o la falta de talento.

Para actuar se necesita la naturalidad, el decir con verdad. Pero no es lo único. También es necesario investigar, tener talento, habilidad, experiencia, intuición, malicia, técnica, conocimiento, disciplina, preparación; saber explorar, escuchar y ser un buen observador. En fin, ser un artista, que no es otra cosa que ser un creador.

Constantin Stanislavski dijo más:

No puede haber arte sin virtuosismo, sin práctica, sin técnica, y mientras mayor sea el talento, más se necesita de aquéllos. Los aficionados rechazan la técnica, no por convicciones concientes, sino por pereza licenciosa… En realidad, entre actores profesionales, hay muchos que nunca han cambiado su actitud de aficionados hacia la actuación.

Así que para convertirse en actor se requiere adiestramiento y preparación académica. Con naturalidad solamente no se puede trabajar las obras de Sófocles, Lope de Vega, William Shakespeare, Moliere, Henry Ibsen, Bertolt Brecht, Arthur Miller, sólo por mencionar algunos. Para actuar en alguna obra de cada uno de estos autores, se requiere una preparación y un acercamiento distinto al personaje. En las corrientes contemporáneas los acercamientos son cada vez más rigurosos. Y esto no lo puede hacer cualquiera. ¿Y qué me dicen del teatro oriental? Esos actores pueden estar muchos años preparándose antes de hacer su primera representación.

Stanislavski, que también reflexionó sobre esto, planteó:

Se necesita un gran artista para transmitir grandes sentimientos y pasiones… un actor de gran poder y técnica”. Sin esto último, un actor es incapaz de comunicar las esperanzas y tribulaciones universales de un hombre. La falta de comprensión y educación resulta en arte de aficionados. Sin un dominio completo y profundo de su arte, un actor no puede transmitir al espectador, ni la idea, ni el tema, ni el contenido viviente de una obra. Un actor crece mientras trabaja. Durante un período de años de estudio, aprende a seguir un camino adecuado para sí y una vez aprende a ejecutar su trabajo adecuadamente, se convierte en un maestro de su arte.

No pretendo con esto decir que sólo los actores pueden hacer teatro. Eso sería una falacia. Está la libertad y la necesidad de expresión. Oponerse a esto sería censura. Pero comparto lo expresado por C. Stanislavski: para que el teatro trascienda, debe representarse con las personas preparadas para ello.

Es alarmante la cantidad de obras que se presentan con poco o ningún valor artístico: livianas, de vodevil, huecas, que entretienen pero no aportan al enriquecimiento cultural del País. Y las buenas producciones, las trascendentales, las necesarias para el engrandecimiento de los pueblos, van en descenso.

Algún incauto tratará de convencernos de que el teatro que crítico es bueno y de provecho, pero quienes hemos visto y participado de la excelencia sabemos la verdad. Por eso alzo mi voz de alerta: porque no solamente el público se desanima, sino que los artistas involucrados en las artes de la representación, como los actores, directores, dramaturgos y demás profesionales y artistas que componen el quehacer teatral, se desorientan.

En tiempos de crisis no se puede dejar de hacer teatro de calidad. Eso sí, hay que hacer ajustes, pero nunca dejar de hacer arte. Ésa es nuestra razón de ser. No todo puede ser consideraciones económicas. ¿A quién le pertenece el teatro? ¿A los productores nada más?

Por eso es que las nuevas corrientes teatrales, las que disfrutan otros países, llegan a cuenta gota. Nos parecen extrañas, ajenas. No hemos notado que el problema es nuestro, que hemos permitido que nuestro teatro se estanque.

Por eso recuerdo con nostalgia aquel montaje de La Gaviota, cuando me enamoré, con un amor de adolescente, de aquellos personajes, de aquella gaviota que aún revolotea en mis adentros.

Con las sotanas alzadas

Hasta hace poco tiempo los sacerdotes inspiraban confianza y respeto. Solían tener la imagen de seres iluminados “Son gente de Dios”, diría algún creyente. Se asocia el sacerdocio con lo bueno, lo puro y lo santo. Los curas hacen un voto de obediencia, de pobreza y de castidad que deben mantener hasta el final de sus días.

Imagine una escena, que bien podría ser la suya o la de algún vecino, en la que usted le pregunta a una madre por el hijo:

— Está en la iglesia, con el padre Herodes.

—Que busque de Dios —le dices—. Para que busque la cura en la calle, que encuentre al cura en la iglesia.

—Ese padre es de lo más bueno, a cada rato lo viene a buscar para una reunión o algo… Tú te imaginas que me salga sacerdote…

Y mientras la madre se imagina a su hijo, en la Capilla Sixtina, acostado en forma de cruz, en el momento que lo juramentan como obispo, el curita lo tiene en cuatro comiéndole el… cerebro al muchacho.

La gente confía en que sus hijos se entreguen a las manos del Señor, no a las manos del señor de la iglesia. A estos ministros ya ni siquiera les aplica el refrán de predicar la moral en calzoncillos porque hasta la sotana se han bajado. ¿Con qué moral van a condenar al pederasta?

Sería irresponsable acusar a todos los sacerdotes que se sacrifican en el nombre de Dios, para el bien de los demás. Para esos va la admiración de todos. Pero para esos otros, los mercaderes de la fe, los que se han aprovechado de su privilegiada posición para saciar sus más bajos instintos, se les debe aplicar todo el rigor de la ley.

Resulta sorprendente que después de tanto tiempo estos casos han salido a la luz pública. Es mucho más aterrador descubrir que los obispos estaban al tanto de estas fechorías y se habían cruzado de brazos. ¿En quién vamos a confiar?

Por mucho tiempo la Iglesia Católica había permanecido al margen de las leyes del Estado. Nadie se hubiese imaginado que dentro de esa milenaria y prestigiosa institución se estuviera fraguando este tipo de delito. Pero la Iglesia saldrá airosa de esta situación. Históricamente, lo ha hecho. Tiene la capacidad de mantenerse en el poder por mil años más.

Que no se confíen los de las iglesias protestantes, en ellas puede estar pasando esto o cosas peores. Es que hay algunos seres humanos que tienden a ceder a sus más ocultos instintos, y los religiosos no están exentos de ello.

Por lo pronto, confiamos en que esta situación ponga en alerta a la ciudadanía. Pidámosle al Creador, que cuando uno de sus ministros nos pida que nos pongamos de rodillas, sea sólo para darnos una bendición.

Razones para seguir fumando

Este artículo es solamente para fumadores. Si no fumas, deja de leer. Pero te advierto que es necesario leerlo con un cigarrillo en la mano. Préndelo. Si estás en un lugar abierto, métete en uno cerrado. Si puedes cerrar las ventanas, mejor. Viola la ley, ¡qué importa! Inhala. Siente el humo. Aguántalo dentro. Mientras más resistas, mejor. Es necesario poblar de brea, lo más rápido posible, los pulmones. ¿No sientes el cianuro? Sí, brea, negra, como la de la calle, ¡qué rico! Tenemos derecho a matarnos lentamente. ¿A quién le importa? Ahora exhala. Date otro pase de humo, avanza, es necesario que te sientas un poco mareado.No puedes hacer trampa, debes acabarlo lo antes posible para que prendas otro. Si tienes hijos, mételos contigo en ese espacio cerrado. Es bueno que aprendan desde chiquitos. Pero no les des un cigarrillo nuevo, dales a probar del tuyo. Que se consigan su propio dinero para cigarrillos, tú necesitas el dinero para comprar los tuyos. Si pudieses conseguir una mujer embarazada para echarle el humo en la cara, eso sí sería estupendo. ¡Que se acostumbre esa criatura al placer de fumar! Si el bebé nace prematuro, y enfermo, mejor; el gobierno le proporcionará más dinero, y así tendrá lo necesario para seguir tus pasos. Eso es ser un modelo.

Si comienzas a sentir taquicardia, mejor. Eso quiere decir que está funcionando. No vayas al médico. Dinero pagado, es dinero que no tendrás disponible para la cajetilla. El médico es rico, tú no. Así que te fumas otro. Ese dolorcito de pecho, con un eructo se te quita.

Sigue fumando. Tú tienes derecho. No hagas caso a quienes dicen que te vas a morir. Todos nos vamos a morir algún día. El mundo está sobre poblado. Es necesario ayudar a bajar el número de la humanidad, y ésa es tu razón de ser en la vida: fumar para eliminar personas. Eres un ángel de Dios, el segundo jinete del Apocalipsis. Ese acto desinteresado de aniquilar la humanidad es un don divino.

Cada vez que compras una cajetilla de cigarrillos, contribuyes con los dueños de las grandes tabacaleras. Ellos tienen que mantener sus estilos de vida. ¿Quién eres tú para atentar contra sus intereses? Acaba de una vez con ese cigarrillo que tienes en la boca, ¿no ves que es hora de fumar te otro?

La vida es corta, aprovecha. Si te sientes un poco asfixiado, es tiempo de meterte otro en la boca. No te tardes; somos muchos los que te esperamos en el cementerio. Aprovecha para despedirte de los tuyos y asegurarte de que sigan tus pasos, para que disfrutemos todos en familia. Mientras más fumadores haya, mejor.

Madonna

Estoy sumido en una paradoja —o en dos, para ser más exacto—. La primera es Madonna; no la Virgen, la madre de Dios. De ésa no voy a hablar, el Señor me libre. Voy a hablar de la otra, la cantante, la reina del pop, quien puede ser o no ser virgen. No podemos mencionar a su hija para invalidar su virginidad porque María, la virgen madre de Dios, también tuvo un hijo y siguió siendo virgen, o eso nos han dicho, predicado e inculcado en nuestra formación cristiana. Por tanto, si de ser virgen se trata, el tener hijos no sirve como evidencia para dejar de serlo.

A la Madonna, la cantante, la conocemos por “Like a Virgin”. Su verdadero nombre no lo usa. Pero ¿realmente importa su nombre? Ella es un producto de la cultura norteamericana, así como La Madonna, la otra, la madre de Dios, es un producto de la Iglesia Católica. Pero ¿qué estoy diciendo? Estoy pecando contra la Iglesia. Bueno, ya no soy católico, por consiguiente ya no debe ser pecado, al menos para mí, cuestionar lo incuestionable. Yo puedo comer carne los viernes de cuaresma sin sentirme culpable. El sentido de culpa es para los católicos; que ellos sigan sus reglas, así es como Dios lo ordena. ¿O es la Iglesia? “Lo que aten aquí en la tierra será atado allá en el cielo”. Frase muy conveniente para justificar lo injustificable. Ahora estoy confundido. ¿Es Dios o es la Iglesia la que determina el pecado? Por eso intereso descubrir el veritas del asunto. Volvamos a la Madonna, la cantante. Ella le dedicó un disco al Papa. El Papa no la patrocina pero sí es ferviente admirador de la otra, la que no canta (o por menos no tenemos constancia de ello). La Virgen madre vivió en el medio oriente cuando el Imperio Romano lo gobernaba. La Madonna de ahora no vive allí, pero el Imperio Romano de nuestros tiempos, el de los Estados Unidos, quiere adueñarse de esas tierras milenarias.

Las “Madonnas” son iconos en sí mismas. Es más, las Iglesias están revestidas de las imágenes de María y, en las nuevas iglesias, las emisoras televisivas como MTV, que son los templos de la nueva iconografía contemporánea, donde los espectadores-feligreses-consumidores veneran con una devoción casi religiosa, presentan imágenes de Madonna a toda hora. Bueno, de ella ya no tanto porque, a través de un beso (no como el de Judas en la mejilla a Jesús, el hijo de la Virgen, sino de lengua) invistió a Britney Spears como la heredera y nueva pontífice de la iconografía mundial. La tercera Madonna también se declaró virgen hasta que un novio despechado la desmintió, o mejor dicho, la desvirgó.

Pero volvamos a la Madonna material, la que le canta a este valle de lágrimas, y su relación con la Madonna que ascendió al cielo. Cada una representa una ideología sostenible en sí misma. La Virgen María simboliza la pureza, la portadora de la buena nueva y la mujer valiente, la que intercede por los demás. Madonna representa la rebeldía, la mensajera (del bien o del mal, depende de quién lo analice), y la mujer valiente que intercede por otros. ¿Cómo? ¿Que ella también intercede por otros? Ya veremos.

Admito no ser particularmente fanático de Madonna. Pero salió una noticia que llamó de inmediato mi atención. La publicaron como sigue:

La reina del pop Madonna podrá ser escuchada en las radioemisoras Iraquíes gracias a su oposición a la guerra, después de estar prohibida durante 10 años por el gobierno de Saddam Hussein, según publica el diario Daily News.

El partido Baath, que lidera el gobierno de Bagdad, decidió esta semana levantar la prohibición contra Madonna después del lanzamiento de su nuevo sencillo y vídeo titulados “American Life” y su oposición a un conflicto armado en la región.

La música de la cantante había sido prohibida en la radio debido a su tema “Like a Virgin”, el cual, según las autoridades iraquíes, ofendía a las mujeres.

Esta semana, el diario oficialista iraquí Al Thawara alabó a Madonna por su sencillo “American Life” y su vídeo, el cual muestra su oposición a un ataque contra Irak, y por expresar siempre su punto de vista (El Nuevo Día, 4 de octubre de 2003).

¿Que Madonna está en contra de la guerra? ¿Que los iraquíes quieren difundir su música?

Analicemos esto punto por punto. Madonna es la representación de la cultura pop estadounidense. En todos los sentidos, no pertenece en la cultura árabe o musulmana. Inclusive, su estilo de vida rebelde va en contraste con las enseñazas del Corán. De pronto Madonna, a quien en nada le beneficia abogar por el pueblo iraquí, se muestra molesta por la decisión de George W. Bush. La ironía del caso es que nombra el disco “American Life”. Ella, que ha disfrutado de ese estilo de vida, ahora lo critica. ¿Pierde Madonna su esencia por asumir esta postura? Indudablemente no. ¿Estará ella a favor de Saddan Hussein? Tampoco. ¿Adquiere la dimensión de la Virgen María por esto? Ni soñando. Pero ella visualizó a Irak como un “archipiélago de fracaso en un océano de éxitos”, como dice Ralph Peters en su libro Fighting for the future: Will America Triumph? (1999, Stackpole Books), y a los Estados Unidos como los deseosos de bañarse en el océano de petróleo de los iraquíes.

Por otro lado, si Madonna no pasa a ser para los iraquíes un modelo feminista digno de imitar, ¿por qué ese repentina aceptación? Quizás les pareció interesante volcar en contra de los Estados Unidos a un producto creado por su propia cultura. Sin embargo, ¿han cambiado las creencias que rigen al pueblo iraquí? Madonna no ha dejado de ser lo que es, simplemente ha asumido una postura, contraria a la del Pentágono, igual que otros del santoral farandulero estadounidense.

Así que está mujer, que cuando vino a Puerto Rico se pasó la bandera por donde se legitima o no la virginidad, de la noche a la mañana es aclamada por quienes antes la censuraron, y quienes tanto la aclamaron ahora la censuran.

A partir de este suceso no sabemos más de Madonna que antes. Vuelve a surgir la rebelde de siempre. Ahora hay una causa. Lo que no sabemos es si esa causa es una excusa para vender más discos.

Mientras, la Virgen María es una de las fuentes de dinero de la Iglesia Católica, por razones diferentes de las de Madonna. Desde los inicios de la veneración a la Virgen, se le creó una imagen de quién y cómo fue. Y cuando digo “imagen”, lo digo en el más amplio sentido de la palabra: imagen como construcción de su realidad e imagen como escultura. De ambas la Iglesia ha sabido capitalizar, económicamente hablando. Si bien es cierto que María suele ser el consuelo de muchos, también lo es su variada iconografía. Su mercancía incluye figuras, estampas y rosarios. Son imágenes coloridas de todos los tamaños y formas, de papel, de madera, de cerámica y de plástico, hechos en China o en Taiwán (países no católicos, pero que sí disfrutan de la música pirateada o comprada de Madonna). Le han cambiado el nombre o el “look” para hacerla accesible a todas las culturas. Ella es la Virgen de Fátima, la de Guadalupe, la Providencia, la del Pozo, en fin, si sigo no acabo. ¿Alguien tiene alguna idea de cuánto dinero se ha sacado en las ventas de las figuras e imágenes de la Virgen? Nadie lo sabe. Me parece que la imagen creada por la jerarquía católica no le hace justicia a la clase de mujer que fue. Ella arriesgó su reputación y su vida por traer al mundo al hijo de Dios, cuando el Espíritu Santo la preñó.

Esto de salir embarazada por el Espíritu Santo parece mitología griega. Suena a cuando Zeus se disfrazaba de lluvia o de toro para seducir a una ninfa. Pero fuera de esa imagen misteriosa de Inmaculada iniciada por la Iglesia Católica, está la joven valiente que retó a la autoridad de su tiempo. Poco importa si permaneció o no permaneció virgen después de tener a Jesús: ella vale por lo que hizo.

Presentadas estas dos paradojas de nuestros tiempos estoy en el mismo punto de partida. A las dos las envuelve un manto de misterio y de encanto. Incluso cuando son diametralmente opuestas.