Todas las entradas de Nicole Cecilia Delgado

Nicole Cecilia Delgado (1980), poeta, traductora y organizadora cultural, nació en Puerto Rico. Obtuvo una Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad del Estado de Nueva York. Ha publicado tres volúmenes de poesía: inventario secreto de recetas para enrolar las greñas con cilindros de colores (2004), secretos familiares (2006) e intemperie (2007). Actualmente cursa un diplomado en creación literaria de la Sociedad General de Escritores de Mexico y lidera talleres de encuadernación artesanal. Visítela en internet en Rabietario para conocer su trabajo más reciente.

casi cómplices

hubiera estado dispuesta a cualquier cosa después que esa canción comenzara a latirme adentro
ahí, sentados, casi cómplices, dispuesta a besarte una mano, besarte tímidamente el pulgar de la mano derecha
que apenas entonces soltaba el volante
y meterla luego entre mis piernas porque hoy llevaba falda y tenía frío.

hubiera estado dispuesta a decirte que esta tarde hablé de ti con toda la ternura que conozco
decirte te acuerdas el día en que nos conocimos yo estaba tan distraída y tan nerviosa y di un mal paso
y me caí como se cae de un árbol una fruta, alfrente tuyo.
pero te ofrecí el humo dulce que traía en los pulmones, casi cómplices y ya, fuimos amigos.

hoy estaba dispuesta a cualquier cosa porque ya no te sentí tan tenso o abstraído y te hice reír
y fuimos otra vez los dueños de la casa de campaña, casi cómplices
con un secreto sin lengua merodeando las entrañas irreconocibles de nuestro gesto más involuntario
(gesto único que ninguno de los dos). nada de nada.

aquí, ahora, con el lápiz en la mano y dándote la espalda
sumida en el perfecto silencio que nos acerca por las noches
hubiera estado dispuesta a cualquier cosa. porque ahí

en esa cápsula del tiempo que somos tú y yo juntos las luces brillan más todos los días
la calle es una isla con puertas azules y dormidas y el sueño se nos tuerce de mañana.
mañana. voy a despertar temprano y a dejar el agua derramarse porque ayer
porque nosotros. porque el tiempo juega con mi pelo y todo cambia. yo ya no sé.

y no importa quedarnos callados –recostar la cabeza– estar tranquilos. aquí. tú. conmigo.
haciendo las paces –acercándonos sin previo aviso– queriéndonos a ese nivel que nos descubre
simples, inevitables, muertos de risa
hablando del empedrado de las calles que escogimos al azar para ir más lento.

yo, con mi prisa importada del más allá y tú, parsimonioso como siempre, esquivo.
casi cómplices, de nuevo, casi cómplices, obedeciendo al ritmo ritual de nuestro medio:
el viaje, la rueda, un pan dulce mojado en chocolate caliente
las grietas de una banqueta que ha cedido al poder de la raíz.

y la escritura, amarrándonos a la ansiedad por contar algo
a cada uno de los dedos de tu mano tocando fondo entre mis piernas.
hubiera podido. estuve a punto.

yo te dije

yo te dije

mala mía que estoy arrebatá

y el lenguaje se deshizo por completo

un silencio me agarró por la garganta
y ahí estuve

invisible insatisfecha
violenta violentada

soñando con poemas que no iba a escribir nunca
libando todavía los corajes de aquel cuento
que me quitó las ganas

y no supe mentirle a nadie
y tuve ansias por llorar
y la tristeza era metáfora
de toda dificultad

buscaba hacerme la vida complicada

mientras, alrededor mío
todos repetían
las mismas líneas practicadas

hace frío, hace calor
me gustan tus zapatos
qué collar más lindo

mas no era suficiente

yo quería
un universo policromo
entre silencios y monólogos,
las soledades deseadas
del pensamiento

yo tenía
sed de otras palabras

espontáneas
llenas de lluvia
rondadas de moscas
atadas, atacadas
enfermas de silencio

pero sentí yo también
deseos de violencia

eres un cabrón
hijoeputa
eres un cabrón

te dije

mala mía que estoy arrebatá

entonces
el lenguaje era una pared
después un muro

y yo me estrellaba
contra él