Todas las entradas de Miguel Marqués

Miguel Marqués nació en Sevilla en 1978 y creció en Almería. Estudió traducción e interpretación en la Universidad de Granada y ha vivido y trabajado en varios países de Europa y América. Actualmente vive en Madrid y es traductor freelance.

Educación para el ocio

Hoy voy a matar algo. Cualquier cosa.
Ya estoy harta de que me ignoren y hoy
voy a jugar a ser Dios. Es un día normal,
una especie de gris con tedio se remueve en las calles.

Aplasto una mosca contra la ventana con el pulgar.
Eso lo hacíamos en la escuela. Shakespeare. Estaba en
otro idioma y ahora la mosca está en otro idioma.
Echo una vaharada de talento en el cristal y escribo en él mi nombre.

Soy un genio. Podría llegar a ser lo que quisiera con la mitad
de oportunidades. Pero hoy voy a cambiar el mundo.
El mundo de alguna cosa. El gato me evita. El gato
sabe que soy un genio y se ha escondido.

Tiro el pez al váter. Tiro de la cadena.
Y veo que es bueno. El periquito está aterrorizado.
Una vez cada dos semanas, ando un par de kilómetros hasta el centro
para firmar. No aprecian mi autógrafo.

No queda nada que matar. Pongo la radio
y le digo al hombre que está hablando con una estrella.
Me corta. Cojo el cuchillo del pan y salgo fuera.
Las aceras de repente chispean. Toco tu brazo.

 

Traducción de Miguel Marqués

Ventanas altas

Cuando veo a un chico y una chica
y sé que él se la folla y que ella
toma la píldora o usa diafragma,
sé que esto es el Paraíso

que todos los viejos soñaron vivir.
Responsabilidad y gesto dejados de lado
como una máquina de labranza vieja,
y todos, jóvenes, resbalando por el largo tobogán

a la felicidad, sin fin; me pregunto si
alguien me miraría hace cuarenta años
pensando: «Eso será la vida;
no más Dios ni sudar en la oscuridad

temiendo el infierno y así, o tener
que callar lo que piensas del cura. Él, y con él
su gente, bajarán por el largo tobogán
como putos pájaros en libertad». E inmediatamente,

más que palabras, nace la idea de unas ventanas altas:
el vidrio capaz de contener todo el sol,
y más allá, el aire azul profundo,
que no muestra nada, y no está en ningún lugar y es infinito.


Traducción de Miguel Marqués


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Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que es ése el paraíso

que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites ladera abajo,

hacia la felicidad. Me pregunto si
cuarenta años atrás, mirándome, alguien
habrá pensado:
Eso es vida;
nada de Dios, ni de sudar de noche

pensando en el infierno, ni de ocultar
lo que opinas del pastor. Ese y su
amigos se deslizarán, maldita sea,
libres como pájaros.
Y de inmediato,

más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

 

 

Traducción de Marcelo Cohen