Todas las entradas de Maribel Ortiz

Un poema para compartir contigo lector@


Siempre llega mi mano más tarde
que otra mano que se mezcla a la mía y forman una mano.
Cuando voy a sentarme advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante de entrar en una casa,
descubro que ya estaba antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Oliverio Girondo

(Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891)

Cultivando el arte de conversar mientras nos peinamos en dos minutos y ventidós segundos

¿Es de suponer que usted señor entenderá lo que yo le diga sólo por el acto de que usted existe o porque compartimos un código lingüístico o porque somos el Uno? El gato Tao y la perra Gala ¿viven ignorando su existencia? ¿Cree que un cangrejo pueda filosofar? No, porque no existe me ha dicho. ¿Cree usted en el átomo? Sí, aunque no lo ha visto me vuelve a decir. Un cangrejo filósofo es preferible a la bomba atómica. Pero no me mire así. Conozco bien ese gesto. He visto ese rostro en el de mi ex mujer, mi ex jefe, incluso mi ex amante. Me he abastecido de ex presiones. Gracias por la lumbre. ¿Fuma usted o le sólo gusta acompañarse de cerillos? Fumar es una acción mimética y su reacción es la enfermedad. El padecimiento depende del actor y no del cigarrillo y aunque no fume pre-existe la posibilidad de enfermarse. Quedó usted muy guapo, hace bien en acudir a su cita. Hasta luego.

Había una vez un país partido y tricoloreado…

Hace una semana (y ahora que tengo una obligada licencia sin sueldo, claro) ando entramando la historia de lo que caprichosamente quiero convertir en novela negra. Los personajes me tienen en un vértigo mental, una especie de noria apocalíptica que da la misma vuelta en mi cabeza y me espeta el paisaje de siempre. Y es que believe it or not, toda la musa para esta opera prima la saco de mi país, el escenario idóneo de corrupción, manipulación de hechos y oronda desfachatez política para engordar el texto. Y ahora los dejo porque me levantaré a las cuatro a.m. (aunque abren a las ocho a.m.) a hacer la fila para el chequecito de desempleo en ADT.

Hacer una pausa, es imperativo…

Hacer una pausa, es imperativo. Dos hileras de libros a diestra y siniestra aguardan con la parsimonia del polvo a ser leídos. Manoseado de páginas, a muy pocos, perra prisa, el reloj es un precipicio por el que me lanzo en diarios suicidios, para qué. Dante, si vieras que el infierno ahora es otro. Kundera lo sabe, y evoco La lentitud con resultado funesto. No me atrevo a escribir, entonces sueño despacito con poemas para no tener pesadillas. La hilera de libros, amontonados, silentes, la pantomima de sus sombras, el reloj para las seis y ahí están sentenciados a otro tiempo Updike, Dai Sijie, Arundhati, Mrozek, Makine, Marai. Es inútil escribir cuando tengo tanto para leer. Hacer una pausa, es imperativo…