Todas las entradas de Karina Claudio

Karina Claudio (San Juan, 1984). Bachiller en Artes, Departamento de Estudios Interdisciplinarios (2007) de la Universidad de Puerto Rico. Actual estudiante de Maestría en el Departamento de Performance Studies, NYU. Becaria del Hispanic Arts Foundation (2007). Sigue siendo poeta, artista de performance y embelequera. Ahora reside en Brooklyn, un poco menos nómada.

Vaca loca

Determinante:
Aguanta la manzana de adán,
Atorada en el pescueso
No más henchidura para sus gusanos:
que si agujeros
a media noche
que si pucheros
de romería
Por encuanto,
renunciamos
al hacha del carnicero.
No más cavidades
de encefalopatía:
que si tinas de baño
para el vómito
que si pañales
congestionados
de orín de cría
Por encuanto,
renunciamos
a la enfermería cotidiana
de los levantes de jauría.
No más braguetas
a la intemperie:
que si llamadas medianeras
con aliento aguardentino
que si angustias de cocina
derramadas de estroginia
Por encuanto,
renunciamos
a uniones
de pantorrilla.
Por encuanto,
lomo tendido
en el picadero
que me esculpió filete,
Fibreo:
Se acabaron
las bocanadas
que me sostenían
hueco.
Se acabaron
las yagas
que me infectaron
sifilítica.
Ya no más vaca loca.
Ya no más presa cuerverina.

Te regalo palillos de diente…

Melancolía es igual a un sepulcro donde guardo pequeños huesos afilados para sacarte pedazos de cuero de entre los dientes. Caníbal es la esfinge de tu nombre aguardando el aguarrás en el esófago. Todo lo que quieres es tragarme. Un buche de sal con la precisa indulgencia, marinada en el atasaje de tus manos. Es una delicia el rostizarse, a veces, cuando el carbón deriva de tus labios y se posa en mis mejillas. Es una delicia, coño, saber que una se muele especia en tan pocos gemidos… quel aguacero de lágrimas esparce mi polvoreo… quel fuego lento adhiere mi granulado deslumbre… Yo no te acuso de cavarme más bulímicas úlceras en las esquinas de los intestinos, pero creo que tiene mucho de acídico el remanso de tu victimario adagio, la melodía crujiente de tus besos maderados. Mira diabla, el fuego no se coció en tu nombre para componer canciones de salsa. El fuego es en realidad un martirio de tu boca… la impasible espera de creerte agua.

Terrorista

Qué mierda que me tomó varios vinos, varias cervezas y un monto de cigarrillos realizar que a veces es mejor la humedad al unísono que compartida con ratas de ciudad implicadas en atentados terroristas en contra del romance:

Sabes, nena, el abismo puede tener forjado un túnel para encuevarme, pero no te permito que vengas a sesgarle canales a deshoras. Ya no más estropajos, ya no más migajas de paloma. Acá me quedo embrujando el humo. Acá me quedo habitando su curvaje. Con todas las coyunturas faltas de aceite. Con todas las costuras rotas de equipaje. Con planta de pie stiletto y consolador en mano, se me hace cabrón decirte: me da mucha pena, pero te lo perdiste.

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Escada

Pa abuelita, desde este lado

Más que nada las escaleras, esas maneras inútiles de llegar a los terminales que supuran algún otro pretexto que no sea el cadáver… cuerpo-epidermis-casa-recipiente… más que nada moldes para alentar las alas, alar las palabras, las canciones, los recuerdos; hacer del polvo alguna cosa concreta que se salpique, no de llanto, nunca salina. Más que nada la intuición de olvidar la carne, enterrar la carne, saturar los ojos de la espera eufónica: esos ecos que remiten a voces que se acumulan en los oídos cuando se le cantan nanas y se acunan. Esos recuerdos de las faldas, las únicas túnicas que se hacen cama, cuando ya no quedan huecos para refugiarse. Más que nada re-frasear los nombres, claudicar las esquinas que remitan aquellos olores del polvo; desde el polvo decir que no existen adjetivos, que más que nada el verbo y alguno que otro latido es lo que nos mantiene carne…

(annus)vertere

“¿y qué haremos con tanta ceniza?”

Retazos de ti en los ceniceros
como hablando desde el humo…
Tiñendo mis dedos
tratando de agarrar las hilachas
que quedaron
después de la canibalia,
el juego de versos,
aquellas lágrimas…
Se sustentan de las lagañas
algunas imágenes
de nuestros encaracolados espejos
devotos a devorarse entre sí
(con reparos)
y es que nos costó eclipses
y algunos relevos ajenos de rabia
el retornar al espacio del olvido
ilesas

sin habernos rasguñado la coraza
del cortejo poético
que nos seguía, lúgubre,
en todos los pasos…
Es que nos costó coser labios,
enterrar declaraciones,
sublevar retornos
pa’ no tropezar con las mismas hilachas,
estiradas de pupila a pupila,
revelándonos…