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	<title>Derivas &#187; Isabel Batteria</title>
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		<title>El arte me absolverá</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2008 19:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Pulp]]></category>

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		<description><![CDATA[Me gustaba escribir de pequeña. Ya de adulta, me dio por cultivar el arte de manera más formal, pero cuando uno es adulto, las preocupaciones son otras que cuando uno es niño, menos banales, o quizás más banales, al final no se sabe. Los temas cambian. Una de las cosas que se me atravesaba todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/killer.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-617" title="killer" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/killer.jpg" alt="" width="227" height="360" /></a>Me gustaba escribir de pequeña. Ya de adulta, me dio por cultivar el arte de manera más formal, pero cuando uno es adulto, las preocupaciones son otras que cuando uno es niño, menos banales, o quizás más banales, al final no se sabe. Los temas cambian. Una de las cosas que se me atravesaba todo el tiempo era los temas. Cuando se me ocurría un tema, me reguindaba de él con tanta fuerza que, a veces, se rompía. Me daba tanta ansiedad encontrar un tema en cada cosa que se me cruzaba en el camino que, quizás, por eso, nada era bueno.</p>
<p>Salir a la calle no era un paliativo eficaz. Yo quería escribir cuentos y sólo se me ocurrían cosas que no eran apropiadas para el género. En fin, la obsesión que me carcomía la conciencia, la paciencia y otras ciencias era la falta de temas con los cuales construir una historia decente. Traté de realizar actividades inusuales. Viajé cuando pude con lo que pude. Las cosas sencillas —y que podrían llamarse hermosas— de la vida no me excitaban. Cada nueva experiencia me dejaba más vacía.</p>
<p>Los pocos cuentos que había logrado sacar habían sido producto de una inspiración que no volvía. Un día en que me encontraba bajo los efectos de cierta sustancia psicotrópica, utilizada, claro está, con la esperanza de obtener una gota de creatividad, me di cuenta de que no pasaba nada. No sentía que mi cuerpo o mi forma de pensar cambiara en lo absoluto. Eso era el colmo: que cualquiera se fumara un papelito relleno de albahaca y tuviera grandes revelaciones y epifanías, mientras que yo, que era, hasta la fecha, una buena persona que reciclaba y le abría las puertas a la gente, no podía ni siquiera intoxicar mi mente con fines lucrativos como cualquier hijo de vecino.</p>
<p>Visto el caso y comprobado el hecho, concluí que necesitaba alejarme de lo hermoso cuando pasé una semana entera en faena literaria, después de haber visitado un striptease. Fuimos a un antro asqueroso, con un mural horrible de tetas y culos, donde las mujeres, en su mayoría extranjeras, se lo quitaban todo y maromeaban como serpientes en el Árbol de la Ciencia. Esa semana compilé varios cuentos medio colorados. Pero mi placer mayor no había sido sexual, aunque equivalente: había escrito.</p>
<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/031111-artcolonyperverts.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-619" title="031111-artcolonyperverts" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/07/031111-artcolonyperverts.jpg" alt="" width="313" height="500" /></a>El fin de semana siguiente, volví al antro. Fui sola. Me aburrí a la media hora. Salí. Unos parroquianos me tomaron por una puta (sola, por aquellos lares y bares) y me ofrecieron trabajo. No sé por qué acepté. O sí, pero ese es otro tema. Lo cierto es que me fui con uno de ellos. Los detalles son fáciles de imaginar: la ejecución fue bastante tradicional, pero la experiencia me regaló un libro de relatos eróticos, ese que ustedes conocen, el que me valió el epíteto “La Anais Nin del Siglo XXI”. Los editores se volvieron locos; la crítica se volvió loca. Sorprendió su amplia difusión; la gente no se avergonzaba de leerlo en los trenes y autobuses. Se imprimieron cuatro ediciones en menos de un año, y se tradujo a idiomas en los que el libro estaba tanto permitido como prohibido.</p>
<p>Durante ese tiempo, la casa editorial me hizo un itinerario y un contrato. Viajé por algunas ciudades, dormí en varios hoteles, firmé unos cuantos libros. Mi vida se sumió en una rutina de turista desganado, nada estimulante. Conocí a personas que insistían en contarme sus propias aventuras eróticas, con la esperanza de verlas publicadas, pero la gente no entiende que a ningún escritor le interesan las historias de los demás. Pasaron un par de años, y se me presentó la ansiedad más temida —más aun que la que me invadía antes, la de querer escribir y no tener temas—: ser, por fin, una escritora famosa y no encontrar de qué hablar.</p>
<p>De nuevo, nada era suficiente. El dios de la pluma no recibía mis inmolaciones con el mismo agrado de la primera vez.</p>
<p>Quise tratar la putería una segunda vez. Pero quiso ese dios terco que la situación se me saliera de las manos. De verdad que esos menesteres mejor se les dejan a las profesionales. Al tipo le gustaban los fluidos corporales y casi me mata. Yo tuve que matarlo primero. Tuve que hacerlo pedazos para que cupiera en dos bolsas plásticas. Me tomó varios días limpiar el cuarto de motel.</p>
<p>De ahí salió mi primera novela. Fue tan exitosa que esta vez viajé más lejos. La gente me preguntaba en qué me había inspirado, y yo contestaba sandeces genéricas como “en la vida diaria” o “en este mundo tan despiadado” o “en las noticias de la tele”.</p>
<p>Para mi tercer libro, exigido en el contrato con la editorial que ya había firmado, maté un perro. No escribí ni una triste letra. Los efectos eran revertidos: si antes escribía mal y no tenía temas porque no tenía estímulos, ahora sin estímulos no escribía ni siquiera de manera mediocre. Mi mano se paralizaba, mi mente se emblanquecía. Nadie sabe lo que es tener la mente verdaderamente en blanco: ver una pared, a veces de ladrillos, detrás de la cual sabes que está lo que tienes que escribir, pero no la puedes derribar. Es una pared; qué se le va a hacer. Nada podía hacer yo, al menos. Nada. Sólo existía la impotencia.</p>
<p>Qué remedio, tuve que matar a una persona. Y no me tomen a mal; yo no disfrutaba del acto. Pero de lo que sí disfrutaba con un placer sexual y adrenalínico era ver terminado un libro, haber escrito algo que alguien, si bien perteneciente a un nicho de lectores muy particular, disfrutaba sin miramientos. La psicología lo llama codependencia: hacer feliz a los demás a costa de la felicidad propia. Pero no es eso; ella no lo entiende. Todos los artistas sí me entenderán. El arte me absolverá.</p>
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		<title>Hambre</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Aug 2006 23:30:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Se cierra la boca alrededor de un nada. Se encoge, se juntan las paredes mojadas. Un pico inconsciente se forma en los labios, un fruncido atado en el medio. La lengua flota. Un segundo, agua sobre el frenillo. Otro segundo, agua acaricia la lengua. Otro segundo, la lengua se ahoga. Traga. Se llena en otros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se cierra la boca alrededor de un nada. Se encoge, se juntan las paredes mojadas. Un pico inconsciente se forma en los labios, un fruncido atado en el medio. La lengua flota. Un segundo, agua sobre el frenillo. Otro segundo, agua acaricia la lengua. Otro segundo, la lengua se ahoga. Traga. Se llena en otros tres segundos la cueva húmeda, sus ríos subterráneos se desbordan. Una y otra vez.</p>
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		<title>Ídem</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2006 10:08:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de una búsqueda larga, casi infructuosa, de ir por donde yo decía y no decía, de meternos por la calle que era, regresar, pensando que no era, meternos por la que no era, regresar al darnos cuenta del error, jurar mil veces que era por aquí, recorrer un laberinto de esculturas elaboradas y mansiones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de una búsqueda larga, casi infructuosa, de ir por donde yo decía y no decía, de meternos por la calle que era, regresar, pensando que no era, meternos por la que no era, regresar al darnos cuenta del error, jurar mil veces que era por aquí, recorrer un laberinto de esculturas elaboradas y mansiones familiares póstumas, la vimos. Entonces la encontramos como quien encuentra el pasaporte perdido una hora antes del vuelo; no podría volver si tuviera que hacerlo.</p>
<p>Había una botella de vino vacía dentro de un hueco destinado para sembrar flores, unas colillas de cigarro, cartas tardías, chapas de cerveza. Ostentaba su propia escultura. Era un duplex, dos apartamentos de paredes compartidas, un exilio matrimonial al cuarto de al lado. El mejor alivio al cáncer.</p>
<p>–¿Quieres sacarte una foto?</p>
<p>–Hello, no.</p>
<p>Saqué mi cámara de todos modos; él también. Tomé una, cuatro fotos. Él sacó una y se apartó. Yo quería sentarme, charlar, hacer una visita sin café.</p>
<p>–¿No quieres quedarte?</p>
<p>–¿Para qué? Ya la vimos. Va a llover.</p>
<p>Él se mantenía algo apartado, miraba al cielo, a las nubes incipientes. Vacilé, fingí el silencio del respeto. Estaba lloviznando lluvia fría. Él anunció que quería irse. Tomadas las fotos, no pude justificar más mi asiento de primera fila. Decir “me quedaría”, decir “quiero quedarme” hubiera sido morboso, lo reconozco. Arrastramos nuestros estómagos vacíos por el frío. No hablamos mucho en el camino.</p>
<p style="text-align: center"><strong>Manzana</strong></p>
<p>Después de repasar los recuerdos infructuosamente, entramos a la oficina y preguntamos la localización. No sabíamos el número, pero lo encontraron por el nombre y el año. Fuimos en carro; no hubiéramos podido recorrer la distancia de otra manera. Era una planicie que se extendía más allá de la vista; podría jurar que el horizonte se encorvaba como el mar cuando cede a la redondez de la Tierra. No había ninguna estructura que se destacara verticalmente. Era de las últimas en una sección reciente que se veía desolada a la intemperie.</p>
<p>Era una loseta prudente sobre la hierba. Había un florerillo con flores semifrescas. Un nombre y unas fechas, no más. El logo de los Yankees de Nueva York en una esquina. Un espacio tan pequeño que la única forma de caber es de pie. Un lugar y entorno algo patéticos. Al menos, un alivio al cáncer.</p>
<p>–Do you mind if I take a picture?</p>
<p>Sus ojos recorrieron la trayectoria de una mariposa invisible, como diciendo “qué caso”.</p>
<p>–That’s what Grandma does.</p>
<p>–But do you think it’s that gross? You know, I can’t come everytime…</p>
<p>–Do whatever you have to do.</p>
<p>Tomé una foto rápida. Guardé la cámara. Él se mantenía apartado, mirando a los alrededores. Supe que se sentía algo inadecuado, compartiendo el momento conmigo, compartiendo la impaciencia con una casi desconocida, improvisando el hermanazgo. Fingí el silencio del respeto. A falta de algo más que hacer, le anuncié que podíamos irnos después de unos minutos grávidos. Le agradecí el viaje. No hablamos mucho en el camino de vuelta.</p>
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		<title>Lo que espera y lo que no espera</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2006 19:46:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando me asomo a la ventana del séptimo piso en que vive mi abuela, me fijo en la avenida Baldorioty de Castro y veo los carros que la transitan. En la víspera de año nuevo, van a una velocidad inusual, única de la noche de víspera de año nuevo, una velocidad urgente, de que algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando me asomo a la ventana del séptimo piso en que vive mi abuela, me fijo en la avenida Baldorioty de Castro y veo los carros que la transitan. En la víspera de año nuevo, van a una velocidad inusual, única de la noche de víspera de año nuevo, una velocidad urgente, de que algo los espera o están locos por ir al baño. Siempre me pregunto quién va hacia dónde en esos momentos en los que debería estar en otra parte que no es la Baldorioty. Quiero imaginar, o llego a imaginar, que tienen prisa por llegar donde sus abuelos, con quienes esperaban contar hacia atrás, pero ahora sólo les queda verlos acostarse a dormir después de la trasnochada. Uno siempre llega tarde a donde los abuelos; uno sabe que ellos siempre esperan.Hoy me asomo a la ventana del séptimo piso en que vive mi abuela, y me fijo en que ya nadie tiene prisa.</p>
<p>—Mira, un muchacho compuso un vals famosísimo cuando tenía diecisiete años, el <em>Vals de las Olas</em>, ese de tra la-la la-la, tra la-la la la-la la la-la. Se llamaba Juventino Rosas.</p>
<p>—¿Jodentino quién?</p>
<p>—Rosas. Él venía en un barco y se murió en el camino, y lo enterraron en Cuba.</p>
<p>—¿Dónde?</p>
<p>—Me imagino que en La Habana; antes los barcos hacían escala en La Habana porque era un puerto importante. Pero imagínate, se murió tan joven. Si nunca hubiera escrito ese vals, no habría podido ser tan famoso.</p>
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		<title>Libros libres en 2006</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2005 18:09:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Liberarán libros en 2006 tras años de prisión injusta.La ciudadanía se ha dado cuenta de lo horrible que es acumular objetos, y para 2006 se ha fijado liberar sus libros para que otras personas los disfruten.
No sólo los seres humanos se atan a sus pertenencias; ellas también a nosotros. Existe una solución para deshacerse de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Liberarán libros en 2006 tras años de prisión injusta.La ciudadanía se ha dado cuenta de lo horrible que es acumular objetos, y para 2006 se ha fijado liberar sus libros para que otras personas los disfruten.</p>
<p>No sólo los seres humanos se atan a sus pertenencias; ellas también a nosotros. Existe una solución para deshacerse de uno de los objetos más fetichizados que, aunque puede sonar romántica, es intrigante y ayuda a eliminar el polvo y los hongos, propagar la cultura gratis (la cual nunca debería costar nada) y hacer espacio para abrazar al minimalismo.</p>
<p>En <a href="http://bookcrossing.com/">Bookcrossing</a>, cada libro que se libera se puede rastrear, de modo que se sabe quién lo lee, qué piensa de él y a qué países ha llegado (porque los libros liberados tienen la dicha de viajar). Se sugiere a los dueños de muchos libros que lleven una bolsa de libros a su próxima reunión familiar o entre amigos, al trabajo.</p>
<p>Y esto es noticia fresca: Bookcrossing tiene un espejo latinoamericano, <a href="http://www.loslibroslibres.com/">Los Libros Libres</a>. Aunque el portal gringo de Bookscrossing tiene las mismas funciones (y cuando uno se registra en el latinoamericano, lo hace a la vez en el gringo), Los Libros Libres notificará, en el futuro, si algún libro ha sido liberado en su área. Por ahora, esta función la ofrece el portal gringo. Pero Los Libros Libres tiene la ventaja de que es en español (incluso las etiquetas que uno le pega a los libros para que los demás sepan su condición libre) y, visualmente, es más elaborada (aunque el gringo es un poco más fácil de usar; pero con costumbre uno aprende a usarlo todo).</p>
<p>Si se animan, no sólo podrán intercambiar libros alrededor del mundo, sino que los residentes de Puerto Rico (donde la práctica aún no es muy común) tendremos bookcrossers con quienes traficar.</p>
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		<title>Entre Taft y Diez de Andino: Primero Mayra y ahora el chino</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2005 23:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomaba el sol involuntariamente, mientras esperaba la guagua. Mi posición de tres cuartos en la acera me impidió ver al chino (otro chino me explicó una vez cómo diferenciar a los chinos de los japoneses; los de otros países son mucho más distinguibles, la mayor confusión es entre chinos y japoneses) que me sorprendió cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tomaba el sol involuntariamente, mientras esperaba la guagua. Mi posición de tres cuartos en la acera me impidió ver al chino (otro chino me explicó una vez cómo diferenciar a los chinos de los japoneses; los de otros países son mucho más distinguibles, la mayor confusión es entre chinos y japoneses) que me sorprendió cuando se hizo evidente a mi lado, a menos de un pie de distancia. Me asusté un poquito, di uno de esos brinquitos poco conspicuos, miré rápidamente el nicho de la billetera en mi cartera. Luego al chino, cuya nariz estaba justo en mi nivel visual. Me iba a decir algo. Su voz era igual de imponente que sus cinco pies de estatura; parecía la de un personaje cómico.</p>
<p>&#8211;Buenas. ¿Usted quiere tener relaciones conmigo?&#8211; <em>Hmm. Bueno, déjame pensarlo… A ver…</em></p>
<p>&#8211;No.</p>
<p>Le contesté como si me hubiera dicho: “¿Usted tiene cambio para un dólar?”, y no le dediqué otro segundo de mirada. El chino vaciló unos segundos. Movió la boca como diciendo “bueno”, pero no dijo nada. Hizo como para seguir caminando pero se volteó, ya sea con esperanzas de que yo cambiara de opinión, o para verme bien la cara y agarrarme a la salida. Se fue arrastrando las chancletas en pasitos cortos como un pingüino.</p>
<p>A dos metros de mí, una señora mayor hacía lo propio, recostada de la pared. Él la miró brevemente, juraría que le iba a pedir su aguinaldo triple equis, pero aparentemente lo pensó dos veces. Casi hubiera querido que se lo preguntara; me daba pena que discriminara contra la vieja. Pero siguió adelante. Le murmuró algo a una mujer joven que se le cruzó, pero ella no le entendió. Desapareció en la esquina de la Diez de Andino.</p>
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		<title>Calle Antonsanti</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2005 21:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[A Mara
Ayer descubrí que mi entorno cambia más allá de mis cuatro paredes. No sólo falta un tiesto en el frente de mi antigua casa y la luz que se asoma de la ventana tiene otro color; faltan casas, faltan edificios enteros. De un día a otro han desaparecido estructuras centenarias. ¿Dónde está Aladino? ¿Cuánto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="dedicacion">A Mara</div>
<p>Ayer descubrí que mi entorno cambia más allá de mis cuatro paredes. No sólo falta un tiesto en el frente de mi antigua casa y la luz que se asoma de la ventana tiene otro color; faltan casas, faltan edificios enteros. De un día a otro han desaparecido estructuras centenarias. ¿Dónde está Aladino? ¿Cuánto vale su cabeza?</p>
<p>Hay una o dos casas, luego nada, luego otra casa, luego un gran nada. Las pequeñas que quedan en pie parecen estatuas militantes que se resisten al derrumbe. ¿Qué les habrá dado el privilegio de sobrevivir? El aire está impregnado de la humedad que se le pega a las paredes y, aun fragmentadas hasta el polvo, se niega a soltarlas. Eso es amor.</p>
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		<title>Mayra y Lucián enfrentan a La Mujer Que Mira</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2005 00:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy, Mayra camina por la calle Loíza a las 9:30 de la mañana. Frente a ella, empuja su carga sin peso. Su carga viva. La exhibe con la frente elevada, con el busto en el cielo. La acera le pertenece; la posee, parsimoniosa, como si nada la esperara. Una mujer espera la guagua, recostada de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, Mayra camina por la calle Loíza a las 9:30 de la mañana. Frente a ella, empuja su carga sin peso. Su carga viva. La exhibe con la frente elevada, con el busto en el cielo. La acera le pertenece; la posee, parsimoniosa, como si nada la esperara. Una mujer espera la guagua, recostada de la pared. La mujer ve venir a Mayra; la mira muy fijo. Mayra no repara en ella; mira al sol, mira a Marte, mira más allá de la galaxia. La mujer la ve a la cara cuando Mayra le pasa por el frente. Su cabeza se va volteando en la dirección que toma Mayra, y su vista baja. Le mira las caderas, le mira las nalgas abundantes que se mueven al ritmo de su ritmo, que no tienen vergüenza y se ensanchan con cada paso. Su boca adquiere un rictus medicinal. Deja de mirarla. Se persigna invisiblemente, mientras se plancha con las manos el frente de su falda larga de mahón.</p>
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		<title>Caídas</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2005 20:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Los clavos no resisten la gravedad. La lámpara se les resbala. La velocidad de la caída le da vértigo. Los pedazos rebotan contra el piso y muerden la piel vecina.
•
Las aspas se desprenden. Descontroladas, tratan de elevar el vuelo, pero las paredes las agarran. Rebotan de pared a pared, mientras se acercan al suelo. Visitan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los clavos no resisten la gravedad. La lámpara se les resbala. La velocidad de la caída le da vértigo. Los pedazos rebotan contra el piso y muerden la piel vecina.</p>
<p align="center">•</p>
<p>Las aspas se desprenden. Descontroladas, tratan de elevar el vuelo, pero las paredes las agarran. Rebotan de pared a pared, mientras se acercan al suelo. Visitan involuntariamente a la pierna y al brazo; los marcan, los sangran, les inyectan polvo por la piel abierta.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Rubem Fonseca le responde a Yolanda Arroyo* con fragmentos de su novela</title>
		<link>http://www.derivas.net/rubem-fonseca-le-responde-a-yolanda-arroyo-con-fragmentos-de-su-novela/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Sep 2005 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Batteria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog colectivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Del libro Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano:
“–¿Por qué escribes, por qué te convertiste en un escritor?
–Le hicieron esa pregunta a Philip Roth, y él contestó que tendría que pasar el resto de su vida respondiéndola. Pregúntame otra cosa.”
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“Dr. Mandrake, ya se ha dicho que se escribe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Del libro <em>Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano</em>:</strong></p>
<p>“–¿Por qué escribes, por qué te convertiste en un escritor?<br />
–Le hicieron esa pregunta a Philip Roth, y él contestó que tendría que pasar el resto de su vida respondiéndola. Pregúntame otra cosa.”</p>
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<p>“Dr. Mandrake, ya se ha dicho que se escribe para conquistar fama, poder, pero, como anotó Sartre, tales cosas pueden lograrse más fácilmente por otros medios. Dicen también que el escritor busca liberarse de algo; o quiere escapar de la realidad, o entender el mundo, o comprender la naturaleza humana. La lista de los posibles motivos es muy extensa.</p>
<p>En 1985, el periódico francés <em>Libération</em> preguntó a cuatrocientos escritores de ochenta países diferentes: <em> Pourquoi écrivez-vous?</em> Salman Rushdie dijo que escribía porque amaba mentir; eso fue antes de <em>Satanic Verses</em>. La razón que llevó a Naipaul a escribir fue el deseo de ser famoso, y, por ende, libre. El premio Nobel nigeriano Wole Soyinka explicó que su lado masoquista lo impulsaba a escribir. Carlos Fuentes escribe porque es una de las pocas cosas que sabe hacer. La respuesta de Philip Roth ya la conoces. Joseph Brodsky afirma que todas las vocaciones literarias comienzan con una aspiración a la santidad. Algunos de los encuestados optaron por no tomar en serio la pregunta de <em>Libération</em>. Manuel Vázquez Montalbán dice que empezó a escribir ‘porque quería ser alto, rico y famoso’. Lawrence Durrell, ‘porque quería vengarse’; y agregó: ‘una pregunta idiota merece una respuesta idiota’. Cuando tenía cuarenta años, en 1965, Anthony Burgess escuchó un diagnóstico médico, según el cual moriría dentro de un año a causa de un tumor inoperable en el cerebro; Burgess decidió dedicar a la escritura los doce meses de vida que le quedaban. Y escribió seis libros en ese período, y muchas más en los años siguientes. Tal vez ésa sea la mayor motivación para que alguien se convierta en escritor, para que un artista se empeñe en crear: el conocimiento que tiene el hombre de su propia finitud, la certeza de que va a morir (Vide Nietzche). Pero lo cierto es que no importa cuál es el tipo de motivación, consciente o inconsciente, así se lo expresé a Amanda, que dice que quiere hacerse escritora, y agregué, lo importante es que sea muy fuerte el deseo de serlo. ¿Pero basta con eso? Reinaldo tenía unas ganas locas de ser escritor, y sin embargo sus dos libros son una mierda. Todos esos proyectos de escritores, tan fecundos como  mediocres, se caracterizan por ser obstinados hasta el extremo. La motivación es necesaria, pero el aspirante necesita tener otras virtudes; si tengo tiempo te escribiré otra carta, con copia para Amanda, diciéndote cuáles son.”</p>
<div class="nota-al-calce">* <a href="http://www.derivas.net/2005/08/opiniones-sobre-el-arte-de-escribir.html"><span style="font-size:85%;">Opiniones sobre el arte de escribir</span></a></div>
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