Todas las entradas de Bárbara Forestier

Bárbara Forestier (San Juan, 1978) nació un día 10 a las 10 del mes 10. Desde pequeña sabía que iba a ser artista. Obtuvo un bachillerato en Artes Dramáticas en la UPR. Su hijo de cinco años es su conciencia y el único ser coherente de la casa. Actualmente, se encuentra haciendo una maestría en Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón y es Coordinadora de Derechos de Autor de la Editorial Santillana de Puerto Rico. No le gustan las mascotas, disfruta de los espacios abiertos, le encantan las fresas con chocolate, odia los centros comerciales y sus pasiones son el teatro y la escritura.

Tiempo

Hay veces en la vida en las que nos detenemos a pensar si lo que estamos haciendo está bien y si es lo que realmente queremos hacer. Hace alrededor de una semana me encontré con una mujer joven, de 27 años. El asunto es que ella decía conocerme; yo no estaba segura. Nos sentamos a hablar y me di cuenta de que en efecto así era.Hablamos de todo. Ella tiene un hijo hermoso de 5 años. Ha estudiado todo lo que ha querido, tiene el trabajo que siempre quiso tener y mil proyectos en camino. Sin embargo, no es feliz. Me pregunté una y otra vez cómo era posible que no fuera feliz, si tiene todo lo que siempre quiso. Tanto estuve hasta que le pregunté. Ella me miró, reflexionó por unos segundos y contestó: “Es verdad que he ido donde he querido, estudié todo lo que quise y tengo el trabajo que siempre soñé, pero en el camino he sacrificado lo que realmente le da valor a lo que hago; estoy vacía. Me he entretenido tanto haciendo cosas, que no me di cuenta de que consumía el tiempo de mi hijo en el proceso.”

Me tomó un tiempo, pero al fin lo comprendí. Volví a mirarme en el espejo; esta vez, después de mucho, podía reconocerme. Espero estar a tiempo.

Entre los brazos del Amante Turco

El pasado jueves, como parte de los regalos de cumpleaños que me dio la editorial, recibí la visita de Esmeralda Santiago. Fue una experiencia bien agradable. Tuve la oportunidad de compartir con ella, no tan sólo impresiones sobre su nuevo libro, El amante turco, que de hecho es el nuevo bebé de nuestra editorial; también pude hablar sobre procesos de escritura. Le pregunté a Esmeralda sobre su ritual de creación. Muy emocionada habló de cómo hace unas fichas cronológicas, en donde primero decide de qué fecha a qué fecha va a escribir, luego anota en cada fecha todos los recuerdos que tiene de cada una y es así como organiza toda la información que luego será editada. Al pedirle una sola palabra con la que describiría su libro, me dijo muy orgullosa evolución, porque precisamente fue eso lo que le sucedió a ella en la historia que narra en su novela. En fin, tuve la oportunidad de conocer a una Esmeralda maravillosa, que nunca dejó de sonreír, dispuesta a contestar todas mis preguntas. El mejor de los regalos que he recibido.

If I Could Turn Back Time

Hay momentos en los que quisiera darle backspace a las experiencias vividas, pero no es posible. Tantas cosas que ya no vuelven. Qué bueno, por algunas de ellas. Sin embargo, hay muchas otras que quisiera rescatar y darle repeat una y otra y otra vez. El caso es que no hay un regreso, aunque, por micro momentos, algún mínimo suceso, como el sabor de un chicle o tu canción ochentosa favorita, te devuelvan ese recuerdo que en algún momento dejaste olvidado en el Recycle Bin de tu cerebro.

Hace unos cuantos días estaba con una amiga en Hard Rock Café. Sí, lo sé… pero a mi edad, ese sitio está in. Nada, el caso es que fuimos a ver un tributo a The Doors, que, por cierto, estuvo bien bueno. Antes de que la banda comenzara con su repertorio, en los monitores cercanos a la barra del segundo piso mostraban vídeos de las canciones ochentosas que se oían por todo el local. Yo estaba emocionada, como cuando te llevan a conocer a Mickey a los cinco años. Ahí estaba yo, ignorando completamente a mi amiga, lela en la pantalla que presentó a Joan Jett, Poison, Guns n’ Roses… You name it. Mas no fueron esos vídeos tan importantes para mí como el último que presentaron antes de que la banda hiciera lo suyo. De repente, una melodía familiar. No lo podía creer, ahí estaba Alice Cooper cantando “Poison”, con sus pantalones tubeados, el pelo con un teasing extravagante, y ni hablar del acostumbrado liner negro. Me llevó a la sala de mi casa. Mi hermano de unos quince años y melena, tirado sin camisa en el sofá, mientras yo, diez años menor e igual de ensimismada que en la barra, estaba frente al televisor, en panties y con el usual algarete-look en el pelo, bailando como las locas, imitando a aquel tipo del vídeo. Cuando se acabó, regresé a la barra; ni el bartender podía entender lo emocionada que estaba. Aquellos eran tiempos, al menos para mí. Veíamos vídeos y escuchábamos música casi todo el día. No existía para mí ningún problema; dormía tranquila, y, sobre todo, era feliz. Ese día en Hard Rock fui feliz por unos minutos. Si estuviera en mis manos ir atrás y conservarlo, créanme, lo haría. Por otro lado, la vida continúa, el tiempo pasa y seguramente me esperan momentos felices por descubrir, para que en algún otro momento de mi vida algún mínimo suceso como el sabor de un chicle o mi canción ochentosa favorita me los traigan de vuelta.

Real World

Recientemente hablaba con una amiga sobre lo difícil que es integrarse y sobrevivir en el mundo real. Ese lugar al que llegamos tan pronto adquirimos un bachillerato y le decimos adiós a la vida de estudiante 24/7. El día de la graduación, mientras te hacen entrega del diploma, lo único que puedes pensar hacer es pensar qué es lo que vas a hacer con tu vida, con lo caro que está todo. El hecho es que tienes que conseguir un trabajo con el cual puedas mantenerte y pagarte la maestría -porque a todas éstas, con un bachillerato lo mejor que puedes adquirir es un puesto de gerente en alguno de los fast foods del país.

Imaginen entonces las opciones de un egresado del Departamento de Drama. Puedes ser payaso en fiestas de cumpleaños, Santa Claus en las fiestas de Navidad y en los centros comerciales o puedes irte a hacer casting para convertirte en la cara más vista en los canales locales de 6:00pm a 8:00pm. Sin embargo, en caso de que te quieras convertir en una persona súper famosa a nivel mundial y explorar otros caminos, te puedes ir a trabajar a Miami, vestido de Mickey Mouse, pasearte por Disney como un buen… pensándolo bien no lo digo, y morirte del calor.

Sin duda alguna, lo que sigue luego de haber concluido el bachillerato es trabajar full time y hacer una maestría de noche. Y eso fue lo que hice. Ahora trabajo de 8:30am a 5:30pm en una oficina sin ventanas, en donde te enteras que está lloviendo porque el aire se pone extremadamente frío. No me quejo, tengo un buen empleo, no todos tenemos la dicha de trabajar en un buen lugar, con muy buenos compañeros y haciendo algo que, en cierta forma, tiene que ver con lo que estudiaste. Es sólo que en ocasiones quisiera no tener una hora de almuerzo. Me muero por sentarme a oír una clase, pasearme por los pasillos de la universidad y ver cómo pasa el día y cambia el clima desde ese rincón en el pasillo de drama donde mi nombre se ha tatuado por los años vividos allí. No es fácil la transición, pero vale la pena. Hay que crecer, tomar las riendas de tu vida y explorar nuevos horizontes.