Todas las entradas de Ariadna Godreau

Ariadna Godreau (San Juan, 1985). Es cofundadora de Conciencia Artistas Puertorriqueños (KAPearte). Ha colaborado con Letras Salvajes, Taller Literario e Identidad. Fue parte del Segundo Encuentro de Nueva Poesía en Nueva York en octubre de 2005. Actualmente trabaja en su primer libro, Lo botánico de tu ausencia, esperando a que decida completar su metamorfosis para sacarlo a la luz.

Abajo…

el testimonio de tus pájaros
colapsa, absuelto del vuelo,
de esa obligación absurda,
de despegar los pies del suelo,
en caso de vuelo

si acá abajo no hace frío

el eco de tus ataduras
confunde, este viento de manos
este temporal de ave hueca
como proyectil de vidrio,
destrozo de alas

si sólo es frío en la noche

el temor en tus cantos,
esparcidos, cáncer aerodinámico
anidado en el espacio infinito
de un pecho transitorio, tú
el otro cielo nómada

si a veces la noche sube

Pa’ los huesos

acaso los pianistas envejecen
con prisa, tragan inicio de teclas
bajo protesta, redactan esquelas
pa’ sus huesos. gritan dedos. Retuercen

acaso muerden marfil, lo padecen
nunca lo arropan de piel, las telas
pesan en las notas. ellos esperan
frío pa’ rasguñarlo. Anochecen

Componen conciertos, ya sin aliento
frotan cráneos paralelos-huecos
breve canción, caracol, un zapato

Ya blancos, musiquean a destiempo
-que no basta reorganizar los huesos
si ses uno contra cuarentaicuatro-

Arañas en huelga

el amable titiritero
malabarea frías
líneas invisibles
sobre hombros de vidrio,
los títeres tiritan
aentredientes
crujido de techo-telón,
caja piramidal
cuelga peligrosa
en trapecios de lujo,
silencio aspirado,
mutis en carpa vacía
densifica el vértigo,
desconfianza de circo
se coagula lenta,
un último acróbata desnuda
conspiración sincronizada
huele a temblor de huesos
huele a taquicardia mecánica
huele a cáncer en la red

De este lado

Sabes vida,
perdona este fetiche pesimista
importunarte hablando de perfil
a esos manchazos anaranjados,tus atardeceres incompletos
de mi mano, que no te alcanza.
hoy podría jurarte
que el mar siempre es más gris
de este lado,
que esas ciudades de coral
son muelas, repitiendo el sabor
amargo de mil derrames petroleros.
un poco más de gris
enmarcado en paredes sucias
Tenemos a medias
este balcón para dos cuerpos
y un par de pupilas suicidas,
un punto de fuga-mirador para murallas
desdobladas bajo el peso de titanes,
decapitados cíclopes verdes,
que nos lanzan llamaradas
como fallidas puñaladas certeras
sin tocarnos
sin vértigos hemorrágicos
sin provocar retornos lastimosos

al seno de la última madre
o esa última caricia
o ese último beso
Rodillas heridas encierran mi frente
burlando armonía universal
ataponando el espacio para próximas evas
y es que hubo otro tiempo
falto de tus diez dedos
o tu amplia espalda
o tu obsesión de pianos grandes
como isla desiertas en la nada
en que existía
este mismo horizonte
otro tiempo y el mar gris
entonces mi poesía disfrazada de sirena
o faro extraviado
atraía a Penélopes vestidas de infidelidades
recurrentes, ejércitos de Ariadnas las desnudaban
pa’ tragar los hilos
y enjaularlas, laberintos de origami…
Tu silencio
El mar gris.
Tu silencio gris.
Contemplamos impasibles
como el sol viola de manera salvaje
la tranquilidad oceánica, sin lograr teñirla

de rojos-púrpuras
Nos vamos haciendo más plásticos
a fuerza de tragar rosquillas de humo
y ozono partido
habitamos el crimen
como el cáncer de huida: inevitable
Sigo escribiendo el testimonio
de tus pájaros cuando atacan el cuerpo
líquido de la casi noche
por eso de asegurar que estuvimos
sostenidos en el vilo del balcón
apenas trazados en la tinta
o la sangre abierta
Haría falta circundar tu rostro
del otro lado del balcón
invitar a aquella pareja de niños fieles
a dibujarnos en la orilla
un poco más tardíos
o huecos, como han de ser
los relojes de arena
que nunca han visto el mar

y se lo imaginan, cada segundo
menos gris

Esto de parirse…

Se me ocurre
que un cuerpo
es un conjuro de caricias
intermitentes
El paso, fugitivo, al otro
un tráfico de trencitos subterráneos
entre cuerpos-islas
Lo próximo
despues de un manoseo a escondidas
el bien recibido
el evitado con prisa
todo mío,
en uno solo,
Un cuerpo.

Luego yo,
cada vez más lejos,
sorprendida a la mala
jugando entre caderas
demasiado grandes para mis manos
buscando,
más allá del húmedo retozo
del orgasmo apresurado
Juego,
pero a las escondidas
entre estas piernas que son refugio
lo más parecido al calor de mamá
lo dulcemente tibio

Busco
ahora, sin los ojos
a puños cerrados
con la piel a punto de resolverse
el vientre estalla,
se encuentran los dientes
en quejidos temblorosos
y ya no se habla de amor
ni de estar al otro lado
Acá somos nosotras
el cuerpo, exánime
entonces yo, más cerca
besando sus rodillas heridas,
arropándome bajo la carne,
en el pliegue de sus senos,
entre sus muslos abiertos,
planeando huídas para dos
acunadas en un par de brazos