Artículo sobre la Revolución Cubana

Por lo general no me solidarizo con la cubanía que se organiza en el exilio para vivir en munditos cerrados y escuchar emisoras radiales que transmiten llamados para odiar al comunismo y alzarse en armas para invadir a Cuba. He vivido toda la vida dentro de ese mundito y nunca he entendido por qué los cubanos de afuera viven allá todavía, añorando una vida que dejaron hace más de treinta años y que nunca volverá, descuidando el futuro por los recuerdos. Su mala experiencia resulta en prejuicios arraigados y estúpidos que no hay madre que se los quite, como que socialismo, humanismo, cualquier expresión en contra del capitalismo, el odio a EE.UU. o escuchar a Silvio Rodríguez (ni se diga abrazar) es comunismo.

Sin embargo, y aunque no me gustan las opiniones absolutas e inflexibles, soy sensible al sufrimiento de las víctimas de una dictadura y reconozco que el gobierno cubano es una. Ésa es mi propia opinión inflexible, porque es innegable. Si no fuera una dictadura, ¿cómo se explica que el presidente ha sido el mismo por 46 años y que no ha habido elecciones para remediarlo? ¿Cómo se explica que la disidencia sea castigada? ¿Cómo pueden condenar los simpatizantes de la Revolución Cubana a Pinochet, pero no a Castro? ¿Quizás porque no saben? ¿O porque no lo creen? ¿Pensarán que son historias inventadas por los exiliados vengativos para desacreditar a la Revolución? O los que lo saben y lo creen, ¿pensarán que es merecido, que la disidencia justifica ser perseguido porque no hay derecho de interferir con una gran y egregia obra?

Aunque soy capaz de ver las dos caras de una moneda, sí sé de la persecución y maltrato de los disidentes porque en mi familia hay historias. Y también sé que, a pesar de todo lo que se ha dicho y escrito sobre ella, por alguna razón desconocida, la persecución en Cuba a veces se ve como una leyenda negra mientras los abusos de otros regímenes se consideran hechos. Quizás se deba a que el gobierno persecutor aún sigue arriba. Quizás es porque la Revolución Cubana se ha idealizado demasiado.

Cuando empecé a leer este artículo, escrito por el tío de una amiga de mi mamá, dije: “Más de esta mierda”. Pero está bien escrito y expone sin tapujos esos aspectos de la Revolución que son negativos y que son quizás los únicos que me conmueven. No simpatizo con que los cubanos que no viven en Cuba se dediquen a tumbar el gobierno del que escaparon y no entiendan que eso es problema de los que se han quedado, y se llenen la boca hablando mierda de un sistema que ya no los controla. Más vale el esfuerzo de quien se queda allí, luchando día a día contra la escasez y el conformismo, gústele o no le guste. No me importa que los cubanos vivan en un mal gobierno, porque todos padecemos ese mal. Pero que el gobierno abuse del que ejerce su derecho fundamental de la libre expresión, ya eso es otra cosa. Pregúntenme qué pienso del Patriot Act, tan criticado por la izquierda, y les pintaré a Bush tomándose una Hatuey con Castro.

En fin, aunque entiendo la protesta, usualmente no promuevo esa histeria derechista-cubanista de aferrarse al pasado, pero igual quería dar a conocer el artículo.

5 pensamientos sobre “Artículo sobre la Revolución Cubana”

  1. Qué difícil es hablar de Cuba. Aunque fingamos imparcialidad. Aunque escuchemos por una oreja a Celia Cruz, y por la otra (la izquierda, claro está)cantemos con Silvio. Aunque no la hayamos visitado, o por el contrario, hayamos caminado sus calles y escuchado las historias de los que se chupan el limón. Yo fui a Cuba, y pensé que entendería mejor ciertas cosas. Pero no. Ahora más que nunca pienso que es muy difícil hablar de Cuba.

  2. Soy cubana. Salimos de Cuba porque no podíamos ni hablar. Y ahora qué, acaso debemos permanecer callados o pedir excusas porque nos negamos a vivir en una dictadura? La respuesta es NO. Aunque tengamos que cargar con el peso de nuestra Historia,también es nuestra. Los de allá siguen sufriendo la dictadura y la precariedad. Los de la diáspora, también sufrimos porque vivimos lejos de nuestra patria, de nuestros seres queridos, y sufrimos, además, la incomprensión y la xenofobia por haber logrado salir del país. Cuba sigue siendo nuestra preocupación y tenemos el deber de denunciar lo que está sucediendo en la isla. Si calláramos, estaríamos aceptando la represión, inclusive a larga distancia.

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