(annus)vertere

“¿y qué haremos con tanta ceniza?”

Retazos de ti en los ceniceros
como hablando desde el humo…
Tiñendo mis dedos
tratando de agarrar las hilachas
que quedaron
después de la canibalia,
el juego de versos,
aquellas lágrimas…
Se sustentan de las lagañas
algunas imágenes
de nuestros encaracolados espejos
devotos a devorarse entre sí
(con reparos)
y es que nos costó eclipses
y algunos relevos ajenos de rabia
el retornar al espacio del olvido
ilesas

sin habernos rasguñado la coraza
del cortejo poético
que nos seguía, lúgubre,
en todos los pasos…
Es que nos costó coser labios,
enterrar declaraciones,
sublevar retornos
pa’ no tropezar con las mismas hilachas,
estiradas de pupila a pupila,
revelándonos…

(           ):

no era mi intención posarte ese cadáver en los ojos

más bien, pretendía que su magnificación de lupa

sirviera como punto de partida

para un disertación premeditada

de mis órganos vitales

Perdona el atrevimiento

aconteció que me escondí

detrás de la palabra antropofagia

y me tragué tus mejillas

para extraviarlas en la tinta

Ahora solo me quedan en círculos

las curvas de la letra O

que me recuerdan a tu cintura

cuando desenlazas

caminares elípticos en público

Ciertamente, aprendí a contradecirme cuando digo que

nunca quise decirte nada de esto

Perdóname, pero creo que tu piel

ya es mi testigo;

que te has convertido en mi coraza más explícita,

que no te me condensas en jadeos,

que casi te acumulo entre rendijas…

Pero aprendí que aprehenderte no es cuestión de acumulo

Aprendí en realidad

que en contenidas abundancias

y en resumidas cuentas

te me acercas

y me cercas

(aunque sea a media luz y con tachones)

Por eso esta obsesión de tintarte…