Libros libres en 2006

Liberarán libros en 2006 tras años de prisión injusta.

La ciudadanía se ha dado cuenta de lo horrible que es acumular objetos, y para 2006 se ha fijado liberar sus libros para que otras personas los disfruten.

No sólo los seres humanos se atan a sus pertenencias; ellas también a nosotros. Existe una solución para deshacerse de uno de los objetos más fetichizados que, aunque puede sonar romántica, es intrigante y ayuda a eliminar el polvo y los hongos, propagar la cultura gratis (la cual nunca debería costar nada) y hacer espacio para abrazar al minimalismo.

En Bookcrossing, cada libro que se libera se puede rastrear, de modo que se sabe quién lo lee, qué piensa de él y a qué países ha llegado (porque los libros liberados tienen la dicha de viajar). Se sugiere a los dueños de muchos libros que lleven una bolsa de libros a su próxima reunión familiar o entre amigos, al trabajo.

Y esto es noticia fresca: Bookcrossing tiene un espejo latinoamericano, Los Libros Libres. Aunque el portal gringo de Bookscrossing tiene las mismas funciones (y cuando uno se registra en el latinoamericano, lo hace a la vez en el gringo), Los Libros Libres notificará, en el futuro, si algún libro ha sido liberado en su área. Por ahora, esta función la ofrece el portal gringo. Pero Los Libros Libres tiene la ventaja de que es en español (incluso las etiquetas que uno le pega a los libros para que los demás sepan su condición libre) y, visualmente, es más elaborada (aunque el gringo es un poco más fácil de usar; pero con costumbre uno aprende a usarlo todo).

Si se animan, no sólo podrán intercambiar libros alrededor del mundo, sino que los residentes de Puerto Rico (donde la práctica aún no es muy común) tendremos bookcrossers con quienes traficar.

arácnida

te desarmo aquí en tu celda
sin saber
se te caen los hombros
y goteas luna en mi tristeza
y chorreas rabia desde tus ojospor los arácnidos dedos
se te entra el polvo
mientras te fumas la suerte
mientras exhalas desahogo
te suspiras
te dispersas
te pierdes

me tejes una sonrisa
para sufragar tu ausencia
pero recuerda
que fuiste
que eres
que serás
la cara que viste
mi sortilegio roto
la que sabe a veneno dulce
la que se disuelve en mis poros

Mundas Vult Decipi

Lo único que me queda de él son las imágenes de sus cuadros y creer que finalmente se fue a Nueva York. Era alto, casi dos pies más que yo. Tenía el pelo negro, lacio, largo. Su piel era blanca; él quería que se viera gris, para mí era rosada. Sus ojos, negros, sabían leer más de lo que yo podía hablar. Me enamoré de sus cuadros, de su valentía, de sus hombres decapitados, de sus crucificados.

Una tarde de junio le pedí que me enseñara. Caminamos desde el colegio hasta las cuatro paredes que encerraban todos sus atriles, sus crucifijos rotos, un camastro en una esquina, pintura y ropa por todos sitios. Me dio un canvas blanco, vacío, mío. Tomó mis manos y las guió sobre la tela áspera. Mi mano quedaba escondida dentro de la pirámide que formaba la suya y sus dedos preparaban cada hilo antes de que llegara a mi piel. Mientras me soltaba –todavía la yema de mis dedos seguía pegada a aquella tabula rasa– me susurró al oído, por primera vez, las palabras que seguirían conmigo siempre: Mundas vult decipi.

Los rayos del sol se empujaban entre la sucia tela metálica que cubría las ventanas de cristal. La mezcla de polvo y pintura que bailaba en el aire se hacía cada vez más densa. Respirar me costaba. Me quedé paralizada frente a una tela blanca. Uno a uno, mi mente formó aquellos hombres que de siempre me habitaban, arrancó poco a poco cada una de las cabezas, clavó uno a uno cada clavo. Nacieron rítmicamente entre el eco de mis pensamientos. La tela seguía blanca, frente a mí.

El me miraba de lejos. No dijo nada. Encendió un cigarrillo y se quitó la camisa. Mis hombres decapitados colgaban cabeza abajo, chorreado agua de colores. Mis manos seguían inmóviles. Mis ojos clavados en el blanco. Mis piernas temblaban. En aquel momento no supe si era por mi falta de valentía, por la incapacidad de llevar a mis hombres y dejarlos en aquel papel que me hablaba, o si era porque él había terminado su cigarrillo y se acercaba ahora hacia mí.

Sentí su respiración despeinarme suavemente. Sus manos recorrieron mis brazos, soltaron paleta y pincel, escondieron las mías. Todavía no es el momento, chiquita –me dijo, lenta y suavemente, susurrando cada palabra sobre mi cuello. Cerró mis ojos con sus dedos, como rompiendo los nudos que me amarraban a aquel cuadro vacío. Algún día podrás soltar cualquiera de tus mentiras y te librarás del engaño.

Aquella tarde, decapité, crucifiqué y me cubrí de la melena de mi gigante. Ahora él no está. Ahora otro canvas me espera, día a día, noche a noche. Todavía los decapitados duermen en los baúles donde los deposité aquella tarde. Tal vez esa ha sido mi mentira; tal vez fue él quién me libró de mi engaño.

Nota aclaratoria

Diciembre tiene huecos tenaces por donde alas de pájaros atraviesan y caen en reversa sobre suelos de nieve mezquina. Si se camina en compás de caída, podría decirse que el tiempo se aletarga, y las alas parecen descender como espectros de estrellas fugaces. Entonces, las lluvias de alas se convierten en la norma de estos días a escondidas, mudando la piel en cuevas de suburbios maltrechos. Podría decirse también con exacta precisión que sería posible construir transportes públicos de alas recolectadas selectivamente… Las funcionales… Las de la sangre seca… Esas que se estrangulan en sangre coagulada… Erguidas con retazos de vuelos entrecortados… Llegará un momento en el cual deje de ser cielo azul, más bien cielo alado. Y todos los meses serán diciembre. Con su letargo. Y paulatinamente daremos fin a la fantasía de creernos criaturas de días y horas. Cuando el cielo sea alado. Y nos agarremos de él con la dentadura bien trancada… A la hora de los mordiscos.

reunion

paulatinamente atento contra los demonios que se cuelan entre mis dedos, se que me faltan deseos de rasguñar las edades de mis impulsos, pero a veces los desatinos de argumento son destellos de episodios incautos… nunca sabia…se decia que antes del aire existia un suspiro que decia canciones fuera… mas afuera del sonido del jadeo… paulatinamente contra los centigrados sin acentos, contra los espectros de uñas que se bifurcan… porque siempre se bifurca alguna cancion de cuna que se acelera repetitiva entre poros de reptil incauto… siempre somos reptiles incautos… siempre somos de perfil de papel mache… sin acentos… porque no se como ejercerlos en un pais de reglas esquecidas… en un pais de cuestionados… mirando… siempre mirando un paso al frente de la duda… como la guitarra pataleando la cuestion de la luna y su reflejo, porque aqui ya no quedan espejos…