151 recinto oeste (11)

Este dejó de ser el aposento de un galán el momento en que la sorprendí barriendo mis greñas del piso del baño. Ahora los primeros minutos del día se me van recogiendo montoncitos de pelos entre las sábanas.

Yo he venido a odiar la renuencia con que ella se peina simplemente porque tengo entradas, porque pronto mi pelo todo cabrá cómodamente en un monedero y ella tiene como siete en colores diferentes.

Un buen amante puede o no dejar evidencia en el lecho, pero una capa de pelo suelto en la cama es únicamente indicativa de mi decaimiento.

Yo por regla termino cambiando las sábanas y ella sólo sonríe por no mediar palabras.

2 pensamientos sobre “151 recinto oeste (11)”

  1. las metemorfosis graduales son como esas torturas chinas de la gota cayendo en la frente. quizá es hasta más llevadero despertarse siendo un insecto raro, como samsa. o evocando un poema de kattia chico, despertarse y tener al insector raro al lado, en vez de verlo como se transfroma poco a poco. sin embargo, ante la perdida del cabello, no hay deshumanización , sino lo contrario. perder el pelo es hacerse viejo y por tanto mientras más nos acerquemos a la muerte más humanos somos.

  2. suena bien así dicho, mara
    pero de chiquita me daban miedo los calvos

    guillermo, es muy tierno tu personaje, un aparte significativo a la representación discursiva de la violencia en otros escritos tuyos que he leído

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